Encanto mágico
**Empleadas domésticas
**Objetos del deseo
EMBARCADERO: Las trabajadoras domésticas siempre han tenido (y tienen) un encanto mágico... Incluso, se vuelven objeto y sujeto del deseo de los patroncitos de la casa... Y de los hijos... Y como son los jefes, el acoso y el hostigamiento suele gravitar en el silencio... Por ejemplo, tres casos indicativos y significativos y en el más alto decibel
El sacerdote José María Morelos y Pavón, el alumno predilecto de Miguel Hidalgo en el seminario, tenía una asistente doméstica de nombre Brígida Belmonte… Y en la relación diaria, Morelos trascendió la línea prohibida y se volvieron amantes…
ROMPEOLAS: De aquella relación procrearon un hijo… Lo bautizaron con el nombre de Juan Nepomuceno Belmonte… Nunca llevó el apellido Morelos… El chico fue enviado a estudiar a Estados Unidos… Y allá le floreció y germinó la idolatría por Maximiliano de Habsburgo y mamá Carlota y hasta cabildeó en México para que fuera admitido como el gran emperador y jefe del Poder Ejecutivo federal… Con todo y la lucha de su padre, José María Morelos, por la independencia y autonomía del país en formación…
ARRECIFES: En Alemania, la mamá de Adolf Hitler fue contratada en la mansión de un empresario judío… Y aquel judío sedujo a la señora… Y de la seducción nació Adolf Hitler y quien nunca llevara el apellido de su padre… Y como el padre nunca lo reconoció, entonces, en Hitler se multiplicó el rencor y el odio en contra de los judíos… Unos historiadores aseguran que el resentimiento duro y rudo de Hitler contra los judíos fue por su padre quien, incluso, despidió a su señora madre de la residencia aquella… En sus cámaras de gases Hitler ordenó el asesinato ahogados de seis millones de judíos, de los cuales un millón eran niños…
ESCOLLERAS: En Rusia nació Carlos Marx… Casó con una mujer burguesa… “Espantosa burguesa” la describe la escritora Elena Poniatowska en el libro “Octavio Paz, las palabras del árbol”… Marx, dice la Poni, “era bastante monstruoso”… Y como estaba harto de su mujer burguesa inició y sostuvo relaciones con su trabajadora doméstica… Incluso, tuvo un hijo con ella… Y a quien tampoco reconoció… Entonces, Marx se trasladó a París para estudiar y en nombre del amor, ajá, escribía cartas a su esposa, la burguesa, y se despedía del siguiente modo: “Ya que no te puedo besar con los labios te beso con la palabra”…
PLAZOLETA: Desde luego, hay más casos de amoríos entre asistentes domésticas y patroncitos famosos… Como la historia de aquel adolescente hijo de burgueses quien sedujo a la trabajadora con paguitos en efectivo… Si únicamente le tocaba las bubis, quinientos pesos… Si le tocaba las pompis, mil pesos… Si hacían el sexo, dos mil pesos… Y, bueno, ambas partes eran felices así… Además, con toda la discreción del mundo, aun cuando la mamá del chico estaba intrigada con las razones del hijo para pedir cada vez más dinerito… (lv)