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Martes 02 agosto, 2022

Wínckler, el peor

Ex Fiscal General, lejos de la familia, lejos de los amigos
•Convivirá con los grandes capos de la república amorosa
•Rebatinga por el poder en reclusorios con el cogobierno
•Show con Rogelio Franco y Tito Delfín. Ninguno con Wínckler


Luis Velázquez/Foto de Yerania Rolón

Rogelio Franco Castán. El delito de ultraje cometido en Tuxpan y encarcelado en el penal de Amatlán.
José Manuel del Río Virgen. Acusado del crimen intelectual de un político, confinado en el penal de Pacho Viejo.
Pasiano Rueda, preso político por ganar elecciones a MORENA en Jesús Carranza, asignado al penal de Tuxpan.

  • Wínckler. El infierno de Almoloya

Tito Delfín, presunto delito cometido en Tierra Blanca, internado en el penal de Pacho Viejo.
Y Jorge Wínckler Ortiz, ex Fiscal General, acusado de secuestro y desaparición forzada, del penal de Pacho Viejo al penal de Almoloya de Juárez.
El infierno de Almoloya.
Allí donde purgan condenas Rafael Caro Quintero, Servando Gómez, alias “La Tuta”, de los Caballeros Templarios, y El Mochomo, el líder de los Guerreros Unidos.
Y, claro, Zhenli Ye Gon, aquel de la mansión con billete millonario tendido en el piso en la Ciudad de México.
Y “El Marro”, José Antonio Yépez.
Como si Wínckler fuera uno de los peores narcotraficantes de la república amorosa y en donde los jefes de jefes, los capos de capos, viven sus días y noches.
Según el gobierno de Veracruz, enviado a Almoloya que porque su vida peligra en Pacho Viejo donde están internados políticos y policías enviados al reclusorio de Coatepec por Wínckler en los dos años del bienio azul.
Primero, Wínckler enviado a la cárcel de otra entidad federativa.
Segundo, lejos de la familia.
Tercero, lejos de los amigos.
Cuarto, el temible penal de Almoloya, equivalente al penal de Lecumberri en el siglo pasado cuando la Guerra Sucia y los líderes estudiantiles del Movimiento del 68.
Y cinco, si temen por la vida de Wínckler en Pacho Viejo, habría de preguntarse sobre la política de seguridad en el reclusorio.
Será Wínckler un abogado, un político, un ser humano, engreído, petulante, soberbio, hábil para eludir la justicia durante casi tres años.
Pero mil años, dos mil años, tres mil años luz de distancia que su vida pueda peligrar en Pacho Viejo para enviarlo a Almoloya, allí donde por cierto se fugara Joaquín Guzmán Loera, El chapo, condenado a sentencia perpetua en Estados Unidos.
De entrada, una agresión a los elementales derechos humanos.
Demasiada saña.
Un ajuste de cuentas excedido, digamos, quizá, quizá, quizá, con alevosía, ventaja y premeditación.
Miguel Ángel Yunes Linares como gobernador, nunca envió a la cárcel de Almoloya a un duartista.
Tampoco a los sesenta policías detenidos acusados de desaparición forzada.
Incluso, tanto Arturo Bermúdez Zurita, secretario de Seguridad Pública de Javier Duarte, y Luis Ángel Bravo Contreras, Fiscal General de Duarte, también fueron acusados de desaparición forzada y únicamente llegaron a Pacho Viejo.
Y en el caso de Javier Duarte, el gobierno de Guatemala lo detuvo a petición del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto y como de por medio hay delitos federales, entonces, internado en el Reclusorio Norte de la Ciudad de México.
Tampoco Patricio Chirinos Calero envió a Almoloya a Dante Alfonso Delgado Rannauro, Porfirio Serrano Amador y Gerardo Poo Ulibarri.
Con todo, incluso, que en el caso de Dante se trataba de una orden del presidente Ernesto Zedillo Ponce de León.
Yunes Linares como secretario General de Gobierno paseó en varios penales a César del Ángel, el mítico y legendario dirigente del Movimiento de los 400 Pueblos, pero nunca quiso enviarlo a Almoloya, digamos.
Tampoco Dante Delgado envió a Almoloya y/o a un penal de otra entidad federativa a David Varona Fuentes, el director de Tránsito con don Fernando Gutiérrez Barrios.
Lo dejó en Pacho Viejo, cuando bien pudo hacerse peor escándalo con Almoloya como destino penitenciario.
Javier Duarte envió a la diputada federal, Marijose Gamboa Torales, al penal de Tuxpan.
Indicativo y significativo, sin embargo, que el abogado de Wínckler aprobara su estancia penitenciaria en Almoloya que por seguridad.

REBATINGA POR EL PODER EN LOS RECLUSORIOS
Hay montón de películas de la vida en las cárceles y en donde, por lo general, delatan la existencia de dos, tres, cuatro grupos de presos en la rebatinga por el poder.
El poder, por ejemplo, que incluye desde el manejo de droga, alcohol y mujeres hasta la tiendita de abarrotes y el restaurante.
Además, el ajuste de cuentas entre los grupos de internos y en donde cobran buenos emolumentos por asesinar a los adversarios y enemigos.
Es más, describiendo en el filme cinematográfico la alianza del director del penal con el crimen organizado y común.
Más, cuando de pronto cobró fuerza el auge del co-gobierno en los reclusorios, donde la autoridad penitenciaria compartía, o comparte todavía, el poder con los malosos internados.
Únicamente así, digamos, pudiera entenderse que la vida de un preso, y más, de un preso relevante, un preso con biografía política, un preso tipo Jorge Wínckler, estuviera en peligro.

DE LA GLORIA AL INFIERNO
Wínckler (sus antepasados son rusos y eran cirqueros según cuenta Antón Chéjov) está acusado de secuestro y desaparición forzada, “un delito de lesa humanidad que nunca prescribe”.
La desaparición forzada se deriva de la alianza de políticos, funcionarios públicos, jefes policiacos, policías y carteles y cartelitos, anexos y conexos, para secuestrar, desaparecer, asesinar y sepultar los cadáveres en fosas clandestinas.
Nunca en la república amorosa ni en el tiempo priista y panista, anexos y conexos, un político, un jefe policiaco, han sido condenados por la desaparición forzada, por más y más que en el país rebasan los 130 (ciento treinta) mil desaparecidos, cinco mil de los cuales, aprox., únicamente en el Estado de Veracruz.
Y, bueno, con los treinta funcionarios duartistas y los sesenta policías confinados en el penal de Pacho Viejo por Wínckler en el bienio azul, y aun cuando muchos han alcanzado su libertad que por falta de pruebas según dijo la 4T, ahora con Wínckler la historia se reproduce.
Primero, el mismo destino al que llevó a los duartistas.
Segundo, el mismo delito por el que está acusado o cabildean para acusar a Javier Duarte y que es la desaparición forzada.
Duro y terrible para la familia (la esposa, los hijos, los padres, los hermanos) y quienes en todos los casos son los que más sufren.
De la gloria al infierno.
Del paraíso terrenal al peor de los mundos.
Más duro, incluso, por la cuestión económica cuando el jefe de familia vive encarcelado sin generar ingresos.
Las secuelas del ejercicio del poder.
Yo soy la ley.
Yo soy el poder.
“Aquí mando yo”.
“¡Mátalos en caliente y luego averiguamos!”.
“Estás conmigo o estás contra mí”.

PRESEA PARA LA FISCAL GENERAL
Hecho indicativo y significativo: El día cuando Rogelio Franco Castán, secretario General de Gobierno con Miguel Ángel Yunes Linares, y diputado federal y presidente del CDE del PRD que fuera, cayó preso, hubo marchas y plantones y desplegados en Veracruz.
Y aun cuando ni siquiera era panista, panistas que participaron en aquella sublevación social y popular denominando a Franco Castán “preso político”.
Y el día cuando el panista Tito Delfín cayó preso acusado de fraude en el Ayuntamiento de Tierra Blanca, también protestas.
Más, mucho más aspavientos se registraron con Franco Castán y Tito Delfín… y ninguno, por cierto, con la captura de Wínckler.
Más, cuando claro quedó en el palenque público que luego del desaguisado con José Manuel del Río Virgen, liberado por orden de un juez, la Fiscal General quedó evidenciada y necesitaba, ya, ya, ya, otra presea en el penal de Pacho Viejo, aun cuando el Ejército fue quien detuvo a Wínckler en Puerto Escondido (que escondido allá estaba), en Oaxaca.
Y fue, claro, Jorge Wínckler, casi tres años como prófugo de la justicia, “a salto de mata”, pero al mismo tiempo, vaya paradoja, burlando la persecución de la Fiscalía General de Veracruz.
En Almoloya, el primer político preso fue Mario Villanueva, el góber fifí de Quintana Roo.
El último, Wínckler.


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