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Escenarios
Jueves 16 junio, 2022

La muerte de mamá

•Unió a los 9 hijos
•Todos desperdigados

UNO. La muerte une a los hijos

El cadáver de la madre estaba en el féretro de madera sencilla. Alrededor, los nueve hijos de la señora. Cuatro mujeres y cinco hombres.
Metido en la fosa, el albañil daba el último retoque a la tumba.

Luis Velázquez

A los lados en el panteón municipal, los parientes, los amigos, los compadres, los vecinos, los conocidos, vestidas las mujeres de negro, flores en la mano, esperaban el último adiós a la señora L., fallecida en un accidente automovilístico.
La muerte había logrado un milagro: reunir por vez primera y en muchos años a los nueve hijos, cada uno viviendo con sus familias en ciudad lejana.

DOS. Todos aquí juntos

Entonces, el albañil anunció que la fosa estaba lista para bajar el féretro.
Los nueve hijos se juntaron más, como si levantaran un muro para que nadie penetrase y/o se acercarse.
Y los nueve se entrelazaron con los brazos y las manos en las espaldas de cada uno. Ni siquiera el viento de la tarde sin sol podría entrar a la muralla humana aquella.
La hija mayor, la señora T. dijo, mirando a todos:
--Mamá, aquí estamos tus nueve hijos. Y queremos decirte que tu muerte ha logrado una gran victoria. Todos aquí juntos.

TRES. Todos nos ayudaremos

El hijo mayor, el segundo de los nueves, tomó la palabra. Fue parco. Y categórico:
--Mamá, te pedimos perdón por la lejanía que vivimos contigo. Pero ahora, los nueve hemos jurado estar cerca. Y ayudarnos en todo y con todo.
El tercer hijo hizo el primer anuncio:
--Mamá, unos se quedarán aquí en el pueblo para el novenario. Otros, regresaremos a casa para trabajar. Pero en el novenario otra vez todos aquí. Y todos juntos, desde ahora.

CUATRO. Los hermanos se perdonaron

Luego, de uno en uno los seis hijos restantes fueron repitiendo el mismo juramento. Todos juntos, decían.
Y se abrazaban más. Y hasta se dieron un beso en la mejilla.
Los otros dolientes quedaron deslumbrados, atónitos, perplejos ante los nueve hermanos quienes redescubrían la vida a partir de la muerte de la madre.
Una mujer intentó un aplauso. Una o dos la siguieron. Los demás, el silencio. El vacío.

CINCO. Ritual religioso

Los nueve hermanos terminaron de hablar y seguían abrazados. La hermana mayor inició el padre nuestro y la siguieron. Después, la Ave María y la siguieron.
Después, el silencio de los hermanos mirando el rostro de su señora madre a través de la ventanilla del féretro.
Y en la tarde sin sol, tibia, apenas insinuando la noche, el silencio se multiplicó, incluso todos con la cabeza inclinada sobre el pecho.
Entonces, se acercaron los albañiles, tomaron el féretro y lo fueron descendiendo en la tumba.
Los hermanos fueron los primeros en lanzar un puño de tierra como lo registra el manual religioso. Dos hermanas tiraron los pétalos de una rosa roja.
Los amigos desfilaron con su puñito de tierra.

SEIS. Un buen karma

Antes de desperdigarse, los hermanos intercambiaron teléfonos y direcciones en las ciudades donde vivían y trabajaban.
Vivían en el otro extremo de la república amorosa, pero juraban hablarse y apoyarse, juramento sagrado ante el féretro de la madre.
Juraron reunirse en el novenario. Incluso, anticipar unos días de sus períodos vacacionales para estar juntos y ordenar lo desordenado en el largo y extenso túnel de la lejanía que hasta entonces habitaban.
En el panteón, la hermana se fue despidiendo de abrazo y beso con cada uno de los ocho hermanos. A todos repetía la misma frase: “Ahora sí, juntos, hermanito. Ahora sí, juntos, hermanita”.


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