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Expediente 2022
Martes 14 junio, 2022

Violencia descarrilada

Nadie tiene razones para asustarse de los estragos de la violencia descarrilada en Veracruz.
En Estados Unidos, por ejemplo, en el siglo pasado, el linchamiento de la gente de color, igual, igualito como en el sexenio de la 4T con el linchamiento de seis secuestradores de maestros en Soledad Atzompa, en plena sierra de Zongolica.
Y el tiradero de cadáveres en el Estado jarocho, igual, igualito, que cuando la guerra de Estados Unidos en Vietnam.

Luis Velázquez

Y los miles de cadáveres flotando en los ríos de Vietnam, igual, igualito como ahora en Veracruz donde en vez de que los pececitos naveguen en los ríos los cadáveres, en su mayoría de personas desconocidas, siguen flotando aguas abajo.
Y de igual manera que en la guerra de Independencia, los cadáveres de campesinos colgando de los árboles por los realistas para intimidar a todos ellos y evitar se unieran al padrecito Miguel Hidalgo, también hoy de norte a sur y de este a oeste de la tierra jarocha, los cadáveres colgando de los árboles y también, claro, de los puentes.
Y si en las haciendas porfiristas de la primera parte del siglo pasado los casatenientes y capataces ejercían el derecho de pernada, ahora, también, igual, igualito, el feroz ataque de los machitos (el machismo en plenitud) asesinando a sus parejas, ya por celos, ya por el estado etílico en que se encuentran, ya por venganza, ya por ajuste de cuentas.
Y si en el siglo pasado, en Veracruz floreció y germinó en el surco la famosa “Sonora Matancera”, hoy se llaman carteles y cartelitos, malosos y malandros, pistoleros y sicarios, capaces, caray, de poner a las corporaciones policiacas “patas arriba”.
Incluso, hasta secuestrando a jefes policiacos de alto nivel y ni se diga a comandantes y policías, muchos, muchísimos, arrodillados ante la delincuencia organizada.
Simplemente, la historia repitiéndose cada año. Unas veces como comedia decía Federico Engels. Otras como tragedia corregía Carlos Marx.
Y como dijera Agustín Acosta Lagunes, “la violencia es inevitable, y ni modo”.

NUEVO PAISAJE EN VERACRUZ

Un escritor y filósofo filoso decía que “nada de lo humano me es ajeno”.
Y, cierto, nada más alucinante en la vida cotidiana, digamos, para quitar el hastío como las cabezas decapitadas abandonadas sobre la mesa de un bar en el norte de Veracruz.
Nada más chingón que un cadáver flotando en los ríos y lagunas como comidita para los pescaditos, tan aburridos que estarán de comer siempre hierbitas.
Nada más fregón que de pronto, ¡zas!, quedar atrapado en medio de un balacera, tiroteo entre buenos y malos, fuego cruzado entre policías y malosos.
Y, claro, sumirse por ahí, o de plano, tirarse al piso, para que las balas pasen zumbando alrededor como mosquitos canijos en noche de insomnio.
Y nada más exultante que agotada la balacera estar vivo y sentirse vivo y respirar tranquilo de que una vez más se libró la batalla estelar más grande y apasionada de la historia.
Es el nuevo paisaje urbano y suburbano, indígena y rural, vivido y experimentado en Veracruz, igual, igualito, que antes, cuando Agustín Lara escribiera la estrofa aquella de “la noche tibia y callada”.
Y cuando Pepe Guízar, viviendo en su casita llena de flores en Boca del Río, a la altura del hotel Mocambo, componía canciones a la brisa del Golfo de México y a las gaviotas tirándose desde el cielo a la profundidad del mar.
Y cuando en Antón Lizardo, los vecinos escuchaban en las tardes y noches las canciones de Chabela Vargas en el sexenio de Miguel Alemán Velasco, quien le regalara su casita a orilla de la playa.
Y si cada decenio (y sexenio) tiene su estilo personal de ejercer el poder y gobernar, entonces, ahora, con la 4T es el tiempo heredado de las balas y los tiroteos y los secuestros y desaparecidos y asesinados y de los feminicidios.
Además, claro, lógico, obvio, el tiempo de “Amaos los unos a los otros” y el tiempo de los besos y abrazos a la delincuencia organizada bajo la ley universal de que también son seres humanos… por más y más que asesinen hasta civiles y niños y jóvenes y mujeres y ancianos.

“NI MODO, AQUÍ NOS TOCÓ VIVIR”

Y si hoy, hoy, hoy en Veracruz, como en el resto de la república amorosa, el país está transformado y la realidad ha cambiado, entonces, cada ciudadano de a pie ha de estar consciente y seguro de que cada sexenio tiene un sello personal.
Y ni modo, como dijera un personaje de Carlos Fuentes Macías en una de sus novelas, “¡Aquí nos tocó vivir y qué le vamos a hacer!”.
La vida ha cambiado.
Para bien o para mal.
Para estar mejor o peor.
Para vivir en paz o en medio de sobresaltos y sorpresas.
Antes, mucho antes, veíamos en las películas mexicanas de blanco y negro el regadero de cadáveres por todos lados.
Ahora, ni hablar, están aquí en los pueblos y ciudades, en las calles y avenidas, en los caminos y las carreteras.
Antes, mucho antes, únicamente en las películas secuestraban y desaparecían personas, sobre todo, mujeres y niñas.
Ahora, aquí, todos los días, cada semana, cada quincena, la Comisión Estatal de Búsqueda publicita las Alertas guinda y marrón, azul y roja, amarilla y naranja, con las fotos de personas raptadas, detenidas en la vía pública y desaparecidas.
Es el Veracruz que por desgracia o para bien nos ha tocado vivir.
Y lo peor, ha de perderse la esperanza porque está claro que la realidad avasalla con la capacidad de las tribus gobernantes de la 4T y la purificación moral.


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