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12 junio, 2022

La mirada de la Fiscal General

Una mirada cansada, sin brillo, sin esplendor ni resplandor
•Una expresión tensa sin ilusiones en los ojos, sin emoción social
•Contraparte de los ojos del pescador Santiago, de Hemingway
•Disminuida y achicada la procuradora de justicia en Veracruz


Luis Velázquez/Foto de Yerania Rolón

El vocero de la Fiscal General lanzó campaña mediática con una foto radiante de la licenciada Verónica Hernández y con el epígrafe de que tiene agallas.
Pero en una foto de Yerania Rolón tomada el día cuando anunció la detención del asesino serial de Viridiana Moreno, originaria de Tlaltetela y secuestrada y desaparecida en Cardel, hay, parece existir, otra Fiscal.

  • La Fiscal General. Hoy

Por ejemplo: La mirada cansada. Desgastada. Sin brillo ni esplendor ni resplandor.
Una expresión tensa.
Sin ilusiones en los ojos.
Sin emoción social.
Como disminuida y achicada.
Incluso, en un tono amargo, si se considera el conjunto del rostro humano.
Una mirada sin una alegría en la pupila.
Como si la vida hubiese escapado en los últimos tres años al frente de la procuración de justicia.
Como si ninguna razón superior, pretexto, motivo, la moviera.
¡Ay aquella mirada incendiaria cuando vestida de Gatúbela (blusa y pantalón negro, ajustado) apareció en un evento público y que nunca, jamás, se ha vestido así para otro evento.
¡Ay, aquella mirada fulgurante cuando llegara al palacio de la justicia y exclamara como anuncio impetuoso y huracanado: "Aquí mando yo!".
Es la mirada el mundo subterráneo que sin duda habría vivido y padecido en un Veracruz oliendo a sangre y pólvora y con un tiradero de cadáveres por todos lados y en el primer lugar nacional de feminicidios.
Un mundo, claro, sórdido, siniestro y truculento y que habría dejado huellas en su mirada, en su rostro, en su piel, en sus días y noches.
La mirada es lo que más, mucho más llama la atención.
Centra y concentra el objetivo social.
Se expresa.
Parece una mirada clavada en la oscuridad a diferencia de la mirada de Santiago, el pescador de Ernest Hemingway, en "El viejo y el mar", todo en su cuerpo era viejo, menos sus ojos llenos de vida,
Los ojos de la Fiscal General ya no parecen iluminar.
Incluso, son, parecen tristes.
Como si estuviera mirando a sangre fría a un hombre condenado a morir en el patíbulo.
El lector mira y vuelve a mirar, observar, referir, escudriñar la mirada de la Fiscal General y se pregunta el color del alma en una mirada sin brillo, opaca, oscura, sin sol.
Un cielo con nubes oscuras y negras.
Un día sin sol.
Una tarde sin brisa marina.
Claro, el alma, dicen los expertos, es color tornasol y cambia como cambia el agua, la luz, el amanecer, el mar, el estado de ánimo, la vida.
Y en el caso es una mirada de un ser, incluso, depresivo.
Una vida sin destino.
Un mundo interior convulsionado y en río revuelto, luego de que un huracán derribara árboles y troncos y arrastrados por la corriente del río impetuoso.
Mirada brumosa.
Impenetrable.

LA HUELLA DE LA POLÍTICA
La política gasta y desgasta. Rejuvenece y envejece. Da vida y genera desolación, soledad, aislamiento, exilio, destierro y entierro.
Puede un político encumbrarse y llegar a la cima. A lo más alto del poder.
Y al mismo tiempo, vaya paradoja, a la orilla de una cima siempre, de manera invariable, está el abismo.
Por eso, un dicho popular sobre política dice que "te acuestas candidato pero puedes amanecer en la lona".
Otros políticos le llaman RENATA.
"Aquí estoy, dicen, en la RENATA", la Reserva Nacional del Talento.
Es decir, en la banca.
Obsérvese la huella y el destino de un político en el más alto nivel luego, digamos, de perder el poder.
En automático pierde la vida.
Y corre el riesgo de amargarse.
Y terminar odiando.
Claro, hay niveles superiores.
Calígula lo decía así: "Hay días cuando me siento Dios".
Otros políticos, en derrota, lo resumen así: "Ya perdí la emoción social".
Incluso, la biografía de un político suele considerarse una vida paralela con los artistas.
De pronto, ¡zas!, en la cumbre.
Entonces, lo decía Javier Duarte: "Como gobernador me volví sexy".
Lo decía el priista Efrén López Meza, presidente municipal de Veracruz: "Apenas me volví alcalde, las mujeres me sobran".
Lo decía Pericles Namorado Urrutia, procurador de Justicia de Veracruz: "En la Procuraduría me ha manchado las manos de sangre".
Pero también decía "en la plenitud del pinche poder": "Si el festín ha de ser de carne y alcohol... que sean en abundancia".
Cosas de la vida, el poder nunca, jamás, jamás, jamás, se comparte.
Ni con la amante ni tampoco con el amante.


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