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Expediente 2022
Sábado 28 mayo, 2022

Despistolizar Veracruz

El lunes 23 de mayo, en El Espinal, pueblo de entrada a la sierra de Papantla, una mujer de 26 años de edad fue asesinada a quemarropa.
El tiroteo fue en el bar “El Dorado”. Un parroquiano depositó una moneda en la rockola del bar “El Dorado” y apretó la tecla con la canción “Amada amante” y que, como todos saben, se baila “en la plenitud del pinche poder” sexual.

Luis Velázquez

Entonces, el parroquiano se acercó a la mesera Valeria Valentina y le pidió bailar con él.
El parroquiano insistió y Valeria, con buen modo, le explicó que era mesera.
Pero el parroquiano, con la cerveza y el alcohol fermentando en su cuerpo, las neuronas, el corazón y el sexo, insistió.
Y ante la tercera negativa de Valeria, sacó la pistola y la mató “con alevosía, ventaja, premeditación, saña y barbarie”.
Luego, salió del antro caminando, sorteando la calle por la ebriedad a cuestas y llegó al parque de El Espinal.
En el parque, casi casi Gabino Barreda, casi casi Juan Charrasqueado, casi casi “El acarraca”, sacó la pistola y disparó al aire, echando gritos patrios como si fuera, digamos, Siervo de la Nación en la noche septembrina.
Luego se perdió en el salvaje día de El Espinal.
Por eso es que, entre otras cositas, Fernando López Arias, gobernador de Veracruz de los años 1962 a 1968, ex Procurador de Justicia de la República con su amigo, Adolfo López Mateos, lanzó en aquel sexenio una permanente y sistemática campaña de despistolización de norte a sur y de este a oeste de Veracruz.
Para entonces, como ahora, todo mundo con recursos tenía pistola.
Y la pistola, además, digamos con optimismo, para defenderse, para expresar su fervor patrio cuando estaban envalentonados.
Entonces, y en acuerdo con el secretario General de Gobierno y el director de Seguridad Pública (ahora secretaría) aplicaron intensas y volcánicas campañitas de pueblo en pueblo para cambiar las pistolas por su equivalente, incluso, hasta un tractor para una comunidad, un pueblo, una ranchería.
Y todas aquellas pistolas fueron incineradas, quemadas, cremadas, en los hornos de la fábrica TAMSA, Tubos de Acero de México.
Y, bueno, en términos generales, fue una estrategia para disminuir, achicar, la violencia, tiempo cuando, claro, por ningún lado existían carteles ni cartelitos, pistoleros ni sicarios, malosos ni malandros.

“UN TIPO DE ARMAS TOMAR”

Valeria Valentina, la mesera de 26 años, fue asesinada en un bar de El Espinal por un hombre empistolado.
Era, digamos, un hombre solitario, pendenciero, machito entre los machitos, dueños del mundo que se creía y cree con su pistola.
Y como, además, “es un tipo de armas tomar”, hizo y deshizo cuando andaba en la borrachera.
Se volvió un asesino.
Y como hipótesis universal bien pudiera derivarse que un montón de machitos en Veracruz también están y andan armados.
Y con la pistola al cincho de seguro estarán en la lista negra de los presuntos feminicidas, aun cuando muchas mujeres han sido asesinadas con machetes y morunas y cuchillos cebolleros y a madrazo limpio.
Y por eso mismo, y como Veracruz está convertido en el primer lugar nacional de feminicidios…
Y como el hecho de que AMLO, el presidente, comparece al señor Cuitláhuac García con don Adolfo Ruiz Cortines únicamente sirve para declararle héroe de la patria del Edén…
Entonces, la secretaría de Seguridad Pública y la Fiscalía General están obligadas a cumplir la tarea.
Se ignora hasta qué punto una campaña de despistolización tipo Fernando López Arias (un gran gobernador bragado, firme, inalterable, sistemático y constante) pudiera surtir efecto, entre otras cositas, para abatir el oleaje feminicida en el Estado jarocho.
Pero, bueno, se plantea como una posibilidad porque de veras, de veras, de veraz, el asesinato de mujeres sigue multiplicando el dolor y el sufrimiento en decenas, cientos, miles de familias.
Además, de los hijos huérfanos y las parejas viudas.

POLICÍA BAJO SOSPECHA

Por lo pronto resulta inverosímil, insólito, que el homicida de Valeria Valentina la haya asesinado en el bar.
Y luego se fuera caminando en la calle.
Y llegara al parque del pueblo.
Y disparara al aire.
Y huyera…sin que la policía municipal advirtiera, fuera informada, patrullara el pueblo y actuara de manera pronta, rápida y expedita.
Más porque a partir del asesinato de Valeria Valentina, el dueño del bar debió avisar a la policía.
Más todavía si el parroquiano disparó al aire libre en el parque.
De entrada, significa que la vigilancia policiaca en la cabecera municipal de El Espinal de poco a nada sirve, y/o en todo resulta inexistente.
Y, por tanto, razón de sobra, con peso y de peso para aplicar la ley por omisión y negligencia a la policía de El Espinal.
Solamente así, cuando los malosos vean y sientan la aplicación de la ley con firmeza Veracruz será quizá, quizá, quizá, más y mejor habitable. Y respirable.


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