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Expediente 2022
Viernes 27 mayo, 2022

Feminicidios, maldición de la 4T

Una preguntita ocupa y preocupa a un montón de señoras casadas, divorciadas y viudas. La siguiente: ¿Por qué tantos feminicidios en el estado de Veracruz? ¿Por qué tanta violencia en contra de las mujeres? ¿Por qué tanto tiradero de cadáveres de mujeres?
Ellas plantearon la interrogante en el tercer aniversario de un grupo de amigas en la zona conurbada de Veracruz-Boca del Río.

Luis Velázquez

Durante tres años han cultivado la amistad a partir la tertulia. El desayunito. La tarde pastelera. El cafecito. La manualidad. Y la zumba.
Además, tienen WhatsApp y desde ahí se circulan noticas del día con día.
Y abrieron un archivo donde guardan las noticias de cada asesinato de una mujer. Cada feminicidio.
Además, están asombradas y perplejas con los datos oficiales de la Comisión Estatal de Búsqueda que todas las semanas publica montón de fotografías y avisos parroquiales de una mujer más (desde niñas hasta señora de la quinta década) secuestradas y desaparecidas.
Más, cuando de forma irónica, casi mofándose, burlándose y pitorreándose, el góber jarocho dijo en el tercer informe de gobierno efectuado en su Tlacotalpan que aquí, en el Estado jarocho, “las mujeres pueden soñar”.
La pregunta vuela entre ellas alrededor de las razones de peso y con peso sobre tantos feminicidios.
Y, claro, las marchas de protesta, plantones, caminatas y declaraciones de los familiares y amigos de las víctimas clamando y reclamando justicia.
Simple y llanamente, justicia.
Por lo pronto, en la lógica del aparato gubernamental hay muchos feminicidios porque el machismo en Veracruz alcanza decibel estelar. El más alto. Encumbrado en las alturas. Inderrotable. Impune, claro.
El machismo derivado de parejas (esposos, amantes, novios, exmaridos, exnovios, etcétera) cobrando venganza por su propia mano, entre otros pretextos, motivados por los celos como, por ejemplo, el marino que en Acayucan mató a puñaladas a su ex mujer porque ya andaba con otro.
Y por más y más que le había solicitado perdón por el maltrato y que volviera con él, nunca se dio.
Y entonces la mató.
Y como pocas, poquísimas excepciones, asesinos físicos son detenidos, procesados y sentenciados, entonces, los homicidas de mujeres “se crecen al castigo” porque saben que matan a las mujeres y nada pasa.
Otros teóricos y prácticos del poder público inculpan a los carteles y cartelitos, sicarios y pistoleros, malosos y malandros, de la recrudecida violencia contra las mujeres.
Además, como una estrategia terrorista mostrando el puño a la autoridad al irse en contra de la población femenina, por lo general, desvalida e indefensa.
El caso es que nunca en la historia del Estado de Veracruz, el feminicidio se había convertido en una pesadilla como ahora con la 4T.
Y, bueno, AMLO se desvivirá en elogios y halagos a su góber jarocho de que es un hombre honesto y cabal y leal y con lealtad ciega, y lo que le consta, dice el presidente.
Y por eso mismo hasta lo comparó con don Adolfo Ruiz Cortines.
“Ta’gueno”.
Pero al mismo tiempo ineficaz e incompetente para garantizar la seguridad en la vida y los bienes, más, mucho más, en la vida, de las mujeres.
Sea el machismo en todas sus formas sociales y sicológicas y siquiátricas.
Sean los celos de los hombres violentos.
Sean las borracheras de los maridos llegando a casa ebrios.
Sean los malosos.
Sean las parejas ocasionales, digamos, en centros de prostitución…, en los últimos tres años y medio Veracruz se posicionó en la república amorosa, aquella de “Amaos los unos a los otros”, como el infierno feminista nacional.

CADA GOBERNADOR TIENE SU WATERLOO

Con Javier Duarte, los reporteros sufrieron y padecieron la peor parte del ejercicio del poder. Veintidós trabajadores de la información asesinados.
Con Jorge Cerdán, los campesinos. Cuarenta mil agraristas ejecutados por los sicarios de “La mano negra”, cuyo jefe máximo era el hacendado Manuel Parra.
Luis Mier y Terán, el góber compadrito de Porfirio Díaz Mori, se encargó de que los jarochos sublevados a la reelección del dictador fueran “asesinados y en caliente” y por la espalda y el tiro de gracia.
Teodoro A. Dehesa, el otro amiguito y compadre de Porfirio Díaz, se encargó de que los obreros textiles de Río Blanco entraran a la historia con la peor experiencia de sus vidas cuando trescientos de ellos fueron reprimidos por los soldados y los cadáveres trepados en los vagones del Ferrocarril Mexicano y trasladados al castillo de San Juan de Ulúa para tirarse al Golfo de México.
Ahora, con el señor Cuitláhuac Ruiz Cortines, el héroe civil y moral de AMLO, el presidente, el peor sexenio para las mujeres en la historia de Veracruz.
Y, bueno, quizá los especialistas y criminólogos y activistas y Colectivos conocerán más razones de peso y con peso para explicarse la onda feminicida en el Estado jarocho.


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