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Expediente 2022
Miércoles 25 mayo, 2022

Estragos de la vida

Hay un filme cinematográfico polisémico.
Uno, exhibe los estragos de la vida y la vejez.
Dos, exhibe el desdén y el menosprecio de los hombres a sus parejas en un matrimonio.
Tres, exhibe la vida más jodida del mundo dejando los años en una fábrica y sin un destino social, más que esperar la muerte.

Luis Velázquez

Y cuatro, exhibe el destino infausto de los jóvenes a quienes únicamente queda huir de un pueblo de Estados Unidos donde, y por desgracia, la vida se va pudriendo.
En un lado estelar la interpreta Ralph Fiennes como el dueño de una casa de seguros de vida, y en el otro, el jovencísimo actor, Christian Cooke, quien con una chica (Felicity Yones) deciden migrar del pueblo antes, mucho antes, de perderse en la intrascendencia y el anonimato.
Se llama “Los buenos tiempos” y fue filmada en el año 2010 y su gran contenido social está vigente. Y se puede mirar en Netflix.
Simplemente, reproduce la vida en muchos pueblos, más que de Estados Unidos, más que de México, del mundo.
Por ejemplo: La única fuente laboral en el pueblo es una fábrica. Los obreros empiezan a trabajar de jóvenes y cuando ya son viejos los retiran. Y el único medio de distracción es el alcohol.
Y los empleados van dejando la vida durante treinta años todos los días, en las mañanas y las tardes, haciendo lo mismo.
Lo mismo el lunes, el martes, el miércoles, el jueves, el viernes y el sábado, cuando en la tarde descansan. Y el domingo es para escuchar misa y rezar en la iglesia.
La mayoría de los jóvenes se resignan. Ninguno mira lejos. Ninguno levanta la vista para volar a otros pueblos, a otras ciudades, a otras naciones, donde la vida puede significar, signifique, un mejor destino social, profesional y económico.
Entonces, los chicos también le entran a las drogas y el alcohol. Y a la parranda que por lo general, termina en pleitos entre ellos a moquete limpio.

LA VIDA SE VA PUDRIENDO

Un joven, Christian Cooke, decide contratarse en la única compañía de seguros (a cargo de Ralph Fiennes).
Pero observador tenaz y puntilloso, luego luego el chico advierte el mundo que le rodea:
Uno. Andar de casa en casa ofreciendo un seguro de vida y que la mayoría del pueblo rechaza por la jodidez de los salarios en la fábrica.
Dos. Ralph Fiennes y un ayudante son los jefes máximos. El ayudante es novio de su hija. Y los dos son la encarnación del machismo. El destino de la mujer, en casa. La mujer, sin desarrollo social. Y de ñapa, el desdén de los dos a las mujeres, la esposa y la novia.
Tres. Tan echada a perder la vida matrimonial en el pueblo que Ralph Fiennes, el dueño de la empresa de seguros, trata con desprecio y menosprecio a su esposa. Y es el mismo destino que la hija enfrentará.
Por ejemplo, todos los días a una hora determinada ha de servirle el café en la sala donde los hombres se sientan, más que a platicar, cada uno a leer el periódico como si fuera lo más importante del mundo.
Y cuando la esposa le sirve el té nunca, jamás, Ralph Fiennes, ni tampoco su ayudante, le dan las gracias, digamos, como si fuera una obligación laboral.
Van a un baile en el pueblo, y nunca el personaje de Fiennes baila con la esposa. Tampoco el novio con la hija.
En una sala los hombres se reúnen a platicar y discutir y beber y beber.
Y las esposas, sentadas mirando a una que otra bailando.

HUIR DEL PUEBLO

El joven y la chica casadera toman decisión y huyen del pueblo con su morralito con ropa. Y suben al tren que pasa por el pueblo sin saber todavía la ciudad donde se cobijarán.
Lo importante era migrar lo más pronto posible antes, mucho antes, de caer fulminados como la esposa de Lot cuando Sodoma y Gomorra eran consumidas por las llamas en el relato bíblico.
Y en búsqueda de un destino mejor, la chica y el joven se reencuentran y la película termina cuando ellos sentados en el tren de pasajeros se toman de la mano y miran hacia el horizonte, el cielo sin nubes, blanco, límpido, brillante, transparente.


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