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Expediente 2022
Miércoles 11 mayo, 2022

Panteón Periodístico

El señor Cuitláhuac García Jiménez va por el mismo camino que su antecesor, Javier Duarte.
El tiradero de cadáveres de reporteros. Y de norte a sur y de este a oeste de Veracruz.
El lunes 9 de mayo, dos reporteras más, ejecutadas.
Una, Yessenia Mollinedo, del portal “El Veraz”. Y la otra, Sheila Johanna García, camarógrafa.

Luis Velázquez

Las dos, asesinadas frente a una tienda Oxxo, cuando estaban en su automóvil.
En total, el legado histórico y legendario de la 4T, y por lo pronto, nueve trabajadores de la información ejecutados.
Jorge Celestino Ruiz, María Elena Ferral, Julio Valdivia, Jacinto Romero Flores, Joaquín Espinoza Jiménez, José Luis Gamboa Arenas, Michel Pérez Tadeo, Yesenia Mollinedo y Sheila Johanna García.
Nueve.
Nueve en 3 años y cinco meses y una semana… frente a los veintidós en un sexenio con Javier Duarte.
Frente a los 5 con Miguel Ángel Yunes Linares en un bienio.
Frente a los 5 con Fidel Herrera Beltrán en aquel sexenio.
Y frente a uno solo con Miguel Alemán Velasco.
En total, cuarenta y dos trabajadores de la información asesinados en 23 años y medio.
Y, bueno, y como todavía a Cuitláhuac le faltan dos años con siete meses, la posibilidad numérica puede darse para, mínimo, igualar a Javier Duarte.
Los exgobernadores ya fueron juzgados por la historia como dicen los académicos.
Ahora, la Cuitlamanía carga la pesada cruz camino al Gólgota.
Y poco a poco, pian pianito, el góber de AMLO, el presidente, va integrando su panteón periodístico.
Luego luego del asesinato de las dos mujeres reporteras en Cosoleacaque, el góber, “rápido y furioso” repitió su estribillo: “Habrá justicia”.
“Ta’gueno”.

“LAS MUJERES PUEDEN SOÑAR EN VERACRUZ”

Serán los malandros. Los sicarios y pistoleros. Los malosos y los malandros.
La delincuencia común. Raterillos. Ladrones. Asaltantes.
Serán, digamos, las malas amistades. Pero también, las letras y las palabras escritas en la prensa. El periodismo, pues.
Será el machismo. Serán los enemigos gratuitos. Serán los intrigantes, envidiosos y rencorosos, llenos de odio.
Serán pistoleros pagados por asesinos intelectuales que esconden la cara, digamos, para vengarse y ajustar cuentas.
El caso es que de nueve reporteros ejecutados en el tiempo sexenal de la 4T…, cuatro son mujeres y cinco hombres.
María Elena Ferral. Michel Pérez Tadeo. Yessenia Mollinedo. Y Sheila Johanna García.
Algunas, con hijos. Hijos menores.
“Aquí, en Veracruz, las mujeres pueden soñar” gritoneó el góber en el tercer informe efectuado en Tlacotalpan, su tierra prometida, su utopía, su paraíso terrenal.
Y, claro, las mujeres pueden soñar…pero con pesadillas.
Veracruz, en los primeros lugares nacionales en feminicidios.
Y por añadidura, en impunidad.
Los asesinos de periodistas continúan con la pistola bien aceitada y como saben, están seguros, ciertos, de que “aquí no pasa nada siguen delinquiendo”.
Simplemente, ante la ineficacia y la ineficiencia de la Fiscalía General, “se crecen al castigo”.
Por eso, Veracruz oliendo a pólvora y sangre y con el tiradero de cadáveres.
Lo peor de todo es que pasado un ratito, el góber y/o la Fiscal General (quien pocas veces da la cara y enfrenta la realidad) declaran que el crimen de un reportero se debió a problemas familiares por una herencia.
Y como ellos sienten que la población electoral y los ciudadanos de a pie les creen, ahí muere.

PRUEBAS CONCRETAS Y ESPECÍFICAS

En el otro lado de la cancha, sin embargo, hay quienes recuerdan la biografía de Yessenia Mollinedo, con todo y que se trata de un par de mujeres asesinadas.
Que el periódico digital donde escribía era una fachada. Que en realidad andaba en malos pasos. Que tenía peores amistades. Que los reporteros y los políticos, funcionarios públicos, conocían de su actuar.
Ha de recordarse que con Javier Duarte las elites priistas y unas tribus reporteriles también aseguraban que algunos de los trabajadores de la información ejecutados entonces tenían malas amistades.
Pero al mismo tiempo, vaya paradoja, nunca Duarte y los suyos aportaron pruebas concretas, específicas, lacónicas y macizas.
Que fueron prudentes y mesurados, quizá.
Que prefirieron callar antes que enlodar a los muertos (que muertos están), quizá.
Que se trata de intrigas e infundios, quizá.
Que eran puros díceres, quizá.
Nada entonces mejor, lo ideal, demostrar con hechos la realidad real, por más avasallante, dura y ruda que sea o pudiera ser.
Más, porque de por medio está Veracruz, ya de por sí con su fama negra en el país y el extranjero de que fuimos (y somos quizá) “el peor rincón del mundo para el gremio reporteril”.
Más cuando en este año once reporteros han sido ejecutados en la república amorosa, cuatro de ellos, originarios de Veracruz, 3 mujeres y un hombre.
Nada más saludable que hablar con la verdad, aportando, claro, pruebas irrefutables… en lugar de los simples infundios y díceres.
Una tarea donde también lleva corresponsabilidad, además de la secretaría de Seguridad Pública y la Fiscalía General, la Comisión Estatal de Atención y Protección a Periodistas, CEAPP, incluso, para emitir boletines y declaraciones sustentadas en los hechos reales.
Incluso, la Comisión Estatal de Derechos Humanos.
Y la dirección de Comunicación Social del gobierno del Estado.
Por el bien de Veracruz.
Y el bien de la Verdad.
Y el bien del Periodismo.


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