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Expediente 2022
Jueves 05 mayo, 2022

Huele a Impunidad

El martes 3 de mayo en la escalinata de la Catedral de Xalapa, de cara al Palacio del Gobierno de la 4T, los familiares de 37 (treinta y siete) periodistas, fotógrafos y camarógrafos asesinados del sexenio de Miguel Alemán Velasco a Cuitláhuac García Jiménez se sublevaron a la creciente ola, imparable, inderrotable, de impunidad en el Estado jarocho.

Luis Velázquez

Desde el primer asesinato en el tiempo de Alemán Velasco, la mayoría, quizá todos, de los asesinatos “duermen el sueño de los justos” como dice el proverbio popular… tan sabio.
En la mayor parte de los casos, cero investigación. Carpetas de investigación en “el archivo de la historia”.
Quizá, en pocos, excepcionales, uno que otro homicida físico detenido. Pero los otros, ni sus luces. Desde asesinos físicos hasta intelectuales, pues ni modo en todos los casos únicamente existieran homicidas ejecutores.
Nunca en la historia local una manifestación de los familiares de los trabajadores de la información ejecutados.
Esta, la primera.
Impresionante, indicativa, porque por vez primera todos los familiares juntos. Significa que entre todos se fueron poniendo de acuerdo para inconformarse, rebelarse, expresarse.
Quizá en la 4T exclamarán confundidos la rara y extraña conjunción. Pero, bueno, los seres humanos, dice el viejito del pueblo, son como las mulas cuando hartas, fastidiadas, de los latigazos del patroncito, se paran a la orilla del precipicio, se zangolotean hasta tirar la carga al vacío, y se enmulan.
Ni un paso para delante ni otro para recular porque así es su forma original, auténtica, de protestar.
Más, con el tiradero de cadáveres de norte a sur y de este a oeste.
Veracruz, campeón nacional en secuestros, desapariciones, feminicidios y extorsiones.
Y Veracruz, oliendo a pólvora y sangre. Pero mucho peor aún, oliendo a impunidad.

MAL FARIO, PEOR KARMA

Mal, muy mal, atrozmente mal ha ido a los trabajadores de la información en Veracruz, igual, digamos, igualito que en otras latitudes geográficas.
De entrada, fue Veracruz “el peor rincón del gremio reporteril en el mundo” en el casi sexenio (le faltaron cuarenta días) de Javier Duarte, el preso número uno del Reclusorio Norte de la Ciudad de México.
Y desde entonces, el mal fario y el peor karma se han multiplicado como una profecía con saña y barbarie.
Reporteros secuestrados en sus casas, desaparecidos y asesinados.
Trabajadores de la información obligados a cavar su propia sepultura y luego el tiro de gracia en medio de las risotadas de los malandros.
Periodistas asesinados y arrojados sus cadáveres en la vía pública.
Reporteros plagiados en sus domicilios particulares y decapitados y tirados en la calle.
Periodistas ejecutados en sus casas y en la madrugada y en la hora más pesada de la noche y con más de doscientos disparos en una masacre sin precedente.
Fotógrafos secuestrados, desaparecidos, ejecutados, cercenados y sus cachitos arrojados en bolsas negras y tiradas en un canal de aguas negras.
Todos, como si fueran los asesinos más desalmados y ruines y miserables en la historia de la humanidad.
Saña y barbarie. Alevosía, ventaja y premeditación.
De Miguel Alemán a la fecha, un total de cinco gobernadores y los crímenes empalmándose de sexenio en sexenio, cada mandatario con su estadística de la muerte.
Además, con desdén y menosprecio, más que a los periodistas y el periodismo, a la vida humana.
Por eso, la multitud de veladoras y cartulinas y pancartas con las fotos de los reporteros y fotógrafos sacrificados en la escalinata de la Catedral de Xalapa el martes 3 de mayo.
Bien escribió Albert Camus, cronista, director de un periódico llamado Combat en el tiempo de la resistencia francesa a Adolf Hitler y escritor, Premio Nobel de Literatura:
“¡Qué difícil es vivir!”.
Las letras, las palabras, la letra impresa, más peligrosas que una R-15.

TODOS CLAMAN JUSTICIA

Los familiares de las mujeres ejecutadas claman justicia.
Los taxistas desfilan el día del obrero cargando un ataúd y gritoneando “Nos están matando”.
Los parientes de tantos cadáveres de hombres tirados en la vía pública exigen justicia.
Los Colectivos, integrados con padres con hijos desaparecidos, siguen removiendo la tierra buscando a los suyos y exigiendo justicia, simple y llanamente, justicia.
Los transportistas denuncian que en las carreteras de Veracruz están matando a sus operadores únicamente para robarles unos cuantos centavitos.
Los vecinos de colonias populares de la ciudad jarocha detienen, madrean, semidesnudan y amarran de manos y pies a un poste de luz a los rateros y ladrones en una manifestación básica pidiendo vivir sin sobresaltos en el día con día.
Los familiares de los niños y ancianos asesinados demandan justicia.
Los parientes de los políticos, líderes partidistas y sindicales, presidentes municipales y síndicos y regidores que han perdido la vida en el tsunami de violencia irracional tienen la vela prendida en sus casas esperando, ¡vaya fortaleza moral! justicia.
Justicia, justicia, justicia, es la demanda popular más grande en el Estado de Veracruz en el tiempo de la 4T.
Con todo y que el góber sigue vitoreando a su Fiscal General, como si su palabra fuera suficiente para desdibujar el legítimo reclamo de procuración de justicia.


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