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Martes 03 mayo, 2022

Adiós, adiosito, al cubre bocas, la sana distancia y el gel

Dos años de tragedia sanitaria que ha dejado unos veinte mil muertos en Veracruz
•Entre coronavirus y recesión, matar la pandemia para ver si resucita economía estatal
•Nuevas formas de amistad y convivencia humana y hasta de cultura religiosa
•Rebrote canijo en Nueva York; en Ciudad de México perrito transmitió COVID a una familia


Luis Velázquez

Adiós, adiosito adiositito, al COVID en Veracruz.
Desde el inicio de esta semana, la secretaría de Salud oficializó el fin del COVID en Veracruz, con todo y que en la última semana en el país murieron doscientas personas por el coronavirus.

  • Ramos Alor. Acorazado por los brujos de Los Tuxtlas/Foto tomada de internet

Y con todo que en Nueva York pasaron del nivel bajo al nivel medio en un rebrote más de la pandemia.
Y con todo y que la semana pasada un perrito mordió a una familia y les trasmitió el COVID en la Ciudad de México.
Aquí, el titular de Salud, Roberto Ramos Alor, blindado por las hierbas y el incienso de los brujos de Catemaco, declaró que el COVID ya se fue.
En los espacios exteriores, y dada, ajá, la ventilación natural, las personas podrán circular sin cubrebocas, sin la sana distancia y sin el gel... para darse, digamos, "besitos y abrazos".
Y en los espacios interiores, únicamente el Bozal puesto...digamos, por si las dudas.
Durante dos años, en el Estado jarocho, igual que en el resto del mundo, vivimos en el rincón más arrinconado del infierno.
Incluso, cuando sabíamos del montón de muertos, la mitad de la población y la otra mitad creyó que el COVID se quedaría aquí, como el Sida, por ejemplo, para el resto de la vida.
Los ciudadanos de a pie nos mirábamos muchos años con el cubrebocas. Y hasta que cada quien fuera muriendo por muerte natural.
Hubo familias aniquiladas y desaparecidas por el COVID.
Señores de la séptima década que únicamente salieron al banco a cobrar la pensión y regresaron a casa contagiados y hasta fallecieron.
Familias donde murieran la madre y el padre y un hijo.
Familias que durante dos años nunca, jamás, salieron a la calle ni se asomaron a la ventana.
Primero, morían las personas de la sexta, séptima y octava década.
Luego la gente madura.
Y de pronto, ¡zas!, hasta los niños empezaron a morir.
Hubo municipios donde los Ayuntamientos necesitaron ampliar el panteón porque los muertos ya no cabían.
Con todo y que de acuerdo con la autoridad debían ser cremados para evitar contagios.
Un simple mosquito nacido en la provincia de Wuhan, en China, se fue extendiendo y multiplicando en los cinco continentes y el COVID, caray, llegó a todos los espacios del planeta.
Quizá, quizá, quizá, y con todas las vicisitudes, el COVID como pandemia es, ha sido y será la única experiencia vertiginosa que esta generación ha vivido y sufrido y padecido.
Nunca en los dos últimos años se leyó tanto la novela de Albert Camus intitulada "La peste" donde cuenta la historia de un pueblo consumido por una pandemia.
Pandemias que suelen aparecer cada cien años.
La pesadilla, entonces, y por decreto del rock star, Hugo López Gatell, ha desaparecido en el espacio sideral.
Los sobrevivientes podremos festinar que la libramos, ajá.
Hora, pues, de unas "chelas" para decir salud.
¡Hosanna, hosanna!
Y todos al antro que el fin de semana nos espera...

NADIE DESPIDIÓ A SUS MUERTOS
Trajo el COVID nuevas formas de amistad y de convivencia humana. Incluso, modificó la ancestral cultura religiosa de sepultar a los muertos.
Primero, habituarse a vivir encarcelado en casa y durante dos años.
Segundo, si un familiar era contagiado, más encerrado que nunca en su propia casa, aislado en una habitación durante quince días, en tanto la comidita le era servida y dejada a un ladito de la puerta con un avisito previo, ya un mensaje en el celular, un toquido suave y dulzón en la puerta.
Tercero, si un familiar moría en el hospital o en casa, la orden superior de la cremación inmediata.
Cuarto, en la funeraria únicamente entregaron las cenizas en urna.
Cinco, nada de velar en casa o en la funeraria al muertito.
Nada de misa presente.
Nada de sepultarlo en el panteón municipal con un montón de familiares, amigos, vecinos y conocidos en procesión guadalupana.
Incluso, y lo más duro entre lo más duro, sin despedirse del enfermo fatídico.
Por vez primera en la república amorosa, luego de cien años, recordamos que la vida está prestada dice el viejito del barrio.
De acuerdo con el dato oficial, el COVID dejó en Veracruz más de veinte mil muertos y que, claro, lógico, obvio, serán muchos más, pues ene número, número incalculable de familias, nunca reportaron a los suyos en la secretaría de Salud.

DE UN ESTADO PANDÉMICO A UN ESTADO ENDÉMICO
Pero...¡cuidado!, ¡ojo, mucho ojo!, especialistas en salud advierten que de un Estado Pandémico en que estuvimos con el COVID... mudaremos a un Estado Endémico.
Y "los riegos de una nueva mutación del coronavirus".
Y lo anterior, "no significa que la endemia sea un problema pequeño, pues la enfermedad seguirá presente y cobrando vidas" (Proceso 2374, "Un virus que llegó para quedarse", Rodrigo Vera).
Allá, entonces, cada autoridad sanitaria y cada presidente y cada gobernador con su triunfalismo epidemiológico.
¡Ay, mi rock star, Hugo López Gatell, te queremos, Hugo, te queremos!

ELEGIR ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE Y CON RIESGOS...
Está claro, dice el doctor en Economía del barrio, que el gobierno eligió entre el COVID y la recesión, es decir, entre la vida y la muerte.
Y con riesgos.
Y como el tronadero de empresas, industrias, fábricas, negocios, comercios y changarros en el siniestro y truculento tiempo encendido de la recesión originó que miles bajaran el telón y despidieran a miles y miles de trabajadores, entonces...
Y ante la errática política económica para alentar la creación y recreación de empleos...
Y de empleos pagados con justicia laboral...
Y con las prestaciones económicas, médicas y sociales establecidas en la sacrosanta Ley Federal del Trabajo...
Y más, mucho más en los estados de la república amorosa incapaces de recuperar los empleos perdidos, entre ellos Veracruz, la secretaría de Salud federal y estatal, por añadidura, tomaron sabia decisión.
Decir adiós, adiosito, adiositito... al coronavirus.
La mitad del país y la otra mitad, tan ansiosa que estaba, volviendo a la normalidad.
"La vida loca" cantaría Ricky Martin.
El COVID, "al diablo y a la chingada" como dijo AMLO, el presidente, de las instituciones, en su tiempo de bragado luchador social...


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