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Expediente 2022
Viernes 07 enero, 2022

Jodido naciste. Jodido morirás

El año inicia con el peor desencanto social. Por ejemplo, 6 millones de los 8 millones 150 mil habitantes de Veracruz, en la miseria (el último grado de la dignidad humana), la pobreza, el desempleo y la jodidez.
Medio millón de paisanos haciendo únicamente dos comidas al día, y mal comidas, debido a la precariedad económica arrastrada.

Luis Velázquez

Uno de cada tres jefes de familia lleva el itacate y la torta a casa con el ingresito obtenido en el changarro en la vía pública vendiendo picadas, gordas, garnachas y tacos con cafecito de olla.
Un millón de paisanos en Estados Unidos como migrantes indocumentados, la mayoría.
Veracruz, en el primer lugar nacional en la producción y exportación de trabajadoras sexuales según asegura la investigadora Patricia Ponce, autora del libro “Las guerreras de la noche”.
Cierto, desde la 4T dirán que se trata de una situación catastrófica y una tragedia humanitaria heredada por los antecesores.
Es verdad. Pero al mismo tiempo han transcurrido tres años del sexenio y a la mitad del camino los pobres reproducen la profecía bíblica.
Pobre naciste. Pobre viviste. Y vives. Y pobre morirás.
Y aun cuando en el III informe del gobernador aseguraron que la pobreza había disminuido en un dos por ciento, lo indicativo y significativo sería detallar la lista con nombres y apellidos, ubicación, calles y pueblos, donde el gran milagro social de sacar de la jodidez a tales familias se concitara para escribir la historia del prodigio.
Por todos lados resulta una incógnita. La gran pregunta de los 64 mil pesos. Entre otras, la siguiente:
Veracruz es pródigo en recursos naturales. Casi casi una república. Sin duda, una gran república, pues la tierra jarocha es más grande, por ejemplo, que varios países centroamericanos como, por ejemplo, Guatemala, San Salvador, Honduras y Nicaragua.
Y, sin embargo, está habitado por gente en la precariedad. Insólito, se repite, 6 millones de los 8 millones estén declarados por el INEGI, en la miseria y la pobreza.
Familias completas que sobreviven en el día con día. Un millón de indígenas en las regiones étnicas. Dos millones de campesinos. Tres millones de obreros haciendo milagros y estirando el salario quincenal.
Y al momento, 79 (setenta y nueve) gobernadores han ocupado la silla embrujada, imperial y faraónico del principal palacio de gobierno en Xalapa y la vida de la mayoría poblacional en la jodidez.
¡Vaya paradoja! En cada sexenio, la tribu gobernante que asciende y se corona jura y perjura que dignificará la vida de los pobres y la gente en la miseria.
Y seis años después, están igual o peor.

EL PALIATIVO DE LOS PROGRAMAS SOCIALES

Sea el sistema económico (socialismo, capitalismo, leninismo, marxismo, liberalismo, etcétera). O el sistema social. O el sistema político (la izquierda, el derecho, el centro, los radicales, las ideologías), la desigualdad es el más terrible y espantoso pendiente.
Por ejemplo, doscientas familias son dueñas de más del sesenta por ciento de la riqueza natural y de las empresas, comercios y negocios.
Y por más y más que en cada sexenio federal y estatal, las tribus gobernantes en turno “se cortan las venas” por los pobres (“Por el bien de todos, primero los pobres”, ajá), el tiempo constitucional de unos y otros concluye y la miseria y la pobreza siguen galopando como hermanas gemelas siniestras, sórdidas y sombrías.
Tanto que ahora, como antes, los jodidos se han vuelto discurso central de los políticos para azuzar la esperanza e inflamar los corazones y lograr la participación social, aunque sea reproduciendo la fábula del conejo con la zanahoria a través, entre otras cositas, de los dichosos programas sociales… de todos los tiempos.
Son, claro, un paliativo. Una lucecita en el largo y extenso túnel de la precariedad.
Pero que al mismo tiempo, se trata, digamos, de una limosnita en nombre de Dios para que los pobres sobrevivan, aun cuando en ningún momento son ofertados empleos dignos y estables, firmes, inalterables, pagados con justicia laboral.
Y cuando el sexenio obradorista termine, entonces, a reinventar el país como sucede cada seis años ofertando nuevas zanahorias.
Así, los pobres siguen pobres caminando derecho, derechito, a la miseria.
Y a la miseria que suele llevar a pelear con las ratas y los zopilotes en el basurero municipal por un mendrugo.

HONRÁNDOSE TODOS Y CADA UNO

A la mitad del camino sexenal, y hacia el fin de un año, nada indica que la calidad de vida de la población pueda mejorar, ni siquiera, vaya, con un milagro que los milagros han dejado de existir.
Incluso, y por más y más que la población creyente reza a su Ser Superior pidiendo el milagro, por ejemplo, de un empleo, y un trabajo pagado con justicia laboral y con las prestaciones de ley, Dios, Buda, Mahoma, etcétera, están ocupados en otras faenas más graves y Dios no voltea para acá.
Y, sin embargo, solo resta continuar empujando la carreta y pateando la pelota para cada quien abrirse camino.
Para eso fuimos traídos al mundo. Para luchar y luchar y luchar, sin tregua ni reposo. Honrándonos a nosotros mismos.


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