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Expediente 2021
Sábado 23 octubre, 2021

República amorosa de ancianos

De nuevo, la alerta de la secretaría de Salud federal, SS. La república amorosa, el país, México, será, es casi ya, una nación de ancianos. Incluso, los adultos mayores superan a los menores de 5 años.
Pero, y por desgracia, primero, la mayoría sin una pensión y sin seguridad social.
Y segundo, los ancianos viviendo en las regiones indígenas y campesinas, en el peor abandono.
Nunca allá, por más cacayacas sociales y mediáticas, llega el apoyo oficial.

Luis Velázquez

Y mucho se duda de los programas sociales.
Y es que son tantas los pendientes, urgencias y premuras de los seniles en las ciudades urbanas y suburbanas, que la SS resulta insuficiente.
Por ahora, 14.5 millones de personas de la sexta, séptima, octava y novena década. Pero la tendencia es inevitable y avasallante. En unos años, serán mucho más. Y se volverá un asunto de seguridad nacional, pues cada vez aumenta, y en rara y extraña circunstancia, la población longeva.
En las cabeceras municipales, los seniles con seguridad social tienen o pueden tener acceso a las medicinas caras, entre otros males, para la presión arterial alta y baja, el cáncer, el Alzheimer, el mal de Parkinson y la próstata.
Pero en las regiones rurales, la población envejecida queda al garete y a la buena de Dios… un Dios que, por cierto, tiene demasiados, excesivos pendientes en el mundo para ocuparse de los abuelitos indígenas y campesinos.
Más, cuando de por sí, los derechohabientes mayores del Seguro Social e ISSSTE se quejan y duelen de la insuficiente capacidad médica y con frecuencia, ni modo, la familia ha de comprarles, si puede, las medicinas, por lo general, caras, muy caras.
Una cajita con treinta pastillas de Norvaz, para el corazón, 800 pesos.
Una cajita de Proscar, con 30 pastillitas, para la próstata, mil 600 pesos.
En contraparte, la pensión generalizada es de tres mil pesos mensuales.

ANCIANOS SIN PENSIÓN

La secretaría de Salud lanza advertencia cardiaca. Hacia finales de esta década, o sea, el año 2030, el número de adultos mayores será insólito y los pendientes económicos, sociales y médicos se agravarán.
Y las instituciones de salud serán rebasadas.
Y como por lo general, cada vez tienden a desaparecer las pensiones sustituidas por las Afores, que al retiro de un empleado le otorgan el dinerito que pudo ahorrar, y sanseacabó, entonces, la exposición social se recrudece en todos los órdenes.
De por sí, el grueso de los ancianos indígenas y campesinos carecen de pensión. Y toda la carga económica y social es para los hijos.
Y si los hijos tienen empleo y/o un changarrito y las cosas van bien, bendito Dios.
Pero si los vientos son torrenciales y en contra, entonces, caray, que Dios los cuide.
Entonces, la población senil en la peor desprotección social de la historia.
Más, cuando en la vejez, con todo y que es bella, la vida es en contra.
Antes, jóvenes, en la madurez, la vida se iba en los antros y los bares y hasta en los table-dance.
Y en la vejez, la vida se queda en el consultorio médico, las farmacias, el quirófano y en la iglesia pidiendo perdón por tantos pecados mortales y veniales cometidos.
Por eso, la tarea superior del Estado, el Estado de Derecho, es ayudar a bien morir. Y morir con dignidad, salvo, claro, los casos de los ancianos decidiendo por la Eutanasia, pues viejos y enfermos se vuelven una carga muy pesada para los hijos y por lo general únicamente esperan el momento de irse al otro lado del charco.

LA CALIDAD DE VIDA

Desde hace par de sexenios, los expertos alertaron sobre México un país de ancianos.
Entonces, se centraron, primero, en la disminución en la natalidad, y segundo, el aumento en la esperanza de vida.
Incluso, alertaron de una tendencia mundial.
Pero…, bueno, una cosita es que la población esté viviendo o pueda vivir más años, y otra, mil años luz de distancia, la calidad de vida de cada anciano, de los ancianos en cada pueblo, en cada región, en cada entidad federativa.
Más, cuando los mismos cuerpos médicos encienden los focos rojos precisando que más longevidad en ningún momento significa buena salud.
Y sin embargo, la SS pareciera “atrapada y sin salida” en sí mismo, porque bastaría revisar con lupa el estado de salud de los ancianos indígenas y campesinos, y sin duda, suburbanos y urbanos.
Más aún: una simple paseadita en los hospitales del ISSSTE y Seguro Social son suficientes para vislumbrar la realidad adversa y avasallante para los seniles.
Incluso, y cuando cada año el Instituto de Pensiones de Veracruz convoca a la supervivencia, el montón de ancianos en silla de ruedas, arrastrando andadera, en bastón y hasta con un tanque de oxígeno cargado por un familiar, van desfilando para dejar constancia de que siguen vivos y les continúen enviando la pensión.
Ya ni se diga un paseíto en las regiones indígenas para conocer el estado de salud de todos ellos.
“La población anciana se multiplicará por cuatro en los próximos cincuenta años” dice el Informe Mundial sobre Envejecimiento y la salud de la Organización Mundial de la Salud, OMS.
Lo malo es que la autoridad “se cura (o parece curarse”) en salud sin las medidas correctivas para cuando el Día “D” llegue, haga escala y se detenga y aposente en los ancianos.


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