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Escenarios
Sábado 11 septiembre, 2021

Historias de la abuela

•Los muertos regresan
•Superman, un invento

UNO. Avivar la imaginación infantil

En el verano, cada tarde, la abuela se sentaba debajo de una ceiba con los nietos a quienes contaba historias y era dichosa y feliz avivando la imaginación infantil.
Por ejemplo, les contaba de la tristeza con la que siempre canta

Luis Velázquez

la paloma mora y que se debía a que la palomita nunca conoció a su madre y que muriera al nacer ella.
Y por eso, el duelo lastimero que canta.
Les contaba que cuando una paloma negra se mete en una casa por lo general anuncia la muerte de un familiar.
Entonces, decía que las puertas y ventanas han de abrirse para que la paloma negra se vaya solita, sin hostigarse, pues de lo contrario, resulta contraproducente, y la muerte llega más pronto.

DOS. Los muertos vuelven

Según la abuela, los muertos siempre regresan en las noches y si son niños muertos hacen travesuras en la casa, y si son adultos, hasta “jalan los pies” a quienes se las quedaron a deber.
Y en contra de ellos, ningún antídoto resulta efectivo y nada más inteligente que encender una veladora y colocarla ante una estampita religiosa para ver si pueden alcanzar la paz.

TRES. La llegada de los Carrancistas

La abuela contaba de su infancia, aquella vivida en el pueblo en medio del sobresalto, el miedo y el terror cuando el galope de caballos en la calle principal anunciaba la llegada de los Carrancistas, los soldados en la Revolución.
Las mujeres eran las más aterrorizadas porque las secuestraban y se las llevaban, en todos los casos, como pareja del soldado en turno y para echar tortillas y preparar la comida en el día con día.
Incluso, las mujeres tenían un escondite en el fondo de la tierra, una especie de sótano a ras del suelo en el patio para guarecerse.
En ocasiones, con suerte la libraban, pero en otras, eran descubiertas y tremendo festín para los jefes.

CUATRO. Si hay cielo hay infierno

La abuela decía: si Dios existe, existe Luzbel. Y si hay cielo hay infierno.
Y por las dudas, nada mejor, contaba a los nietos, que portarse bien.
Sus pláticas debajo de aquella ceiba también servían para enseñarles el catecismo y les hacía examen sobre los Diez Mandamientos.
Han de vivir, afirmaba, con apego a la tabla de Moisés para evitar que su destino después de muertos sea el infierno.
--Superman me salvará, decía un nieto.
Y la abuela terminaba la discusión de manera fulminante:
--Superman es un invento.

CINCO. Escapulario para los niños

Iban los nietos con la abuela porque les regalaba dulces, pero también, solía obsequiar un escapulario a cada uno.
--Lo han de cuidar, decía, porque está bendecido por el Papa.
Decía que los compraba en la iglesia de la cabecera municipal para obsequiar a los niños del pueblo.
Y como ella creía que con escapulario colgando del pecho la vida se carga de bendiciones, todos los nietos la usaban como una reliquia.

SEIS. Un lugar donde ir…

Gracias a la abuela, los nietos poblaron la imaginación de seres reales e irreales, fantasmas, historias intensas y volcánicas, la mayor parte inverosímiles, pero efectivas para crear y recrear otro mundo.
Los nietos lo supieron años después cuando leyeron algunas de las mitologías griegas y “Las Mil y una Noche” y conocieron de El Quijote y su Sancho Panza y aquellas historias fascinantes de caballerías.
Con la abuela, los niños supieron que siempre hay un lugar ideal hacia dónde ir y soñar…


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