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Jueves 29 julio, 2021

Agoniza dinosaurio priista

Las peores derrotas partidistas
•Caballada flaca, flaquísima, para el 2024
•El partido rojo, más partido que nunca
•Cadáveres quedados en el camino y olvidados


Luis Velázquez/Foto: Yerania Rolón

El PRI está noqueado. Y más, mucho más, el PRI Veracruz.
Cada vez, hundiéndose en el fondo del precipicio electoral como el 6 de junio, por ejemplo.
Lo peor:
De cara a la elección del candidato a gobernador en el año 2024, su caballada, lo decía Rubén Figueroa Figueroa en el siglo pasado, está flaca.

  • Marlon Ramírez. El sepulturero...

Demasiado flaca.
Casi casi, puros huesos.
Ninguna figura avasallante reciclada en las urnas.
Y en el caso del diputado federal electo, José Yunes Zorrilla, con una honestidad "a prueba de bomba", y de ser, o aceptar la nominación, de entrada estaría perdido, sería un kamikaze político, pues sería candidato de un partido en la lona.
El descrédito total y absoluto.
El rechazo de la población electoral y los ciudadanos de a pie en las urnas.
De veinte candidaturas a diputados federales, caray, el tricolor únicamente ganó una. Con Pepe Yunes, distrito de Coatepec.
Y de treinta candidatura a diputados locales, ni una sola.
Se precisa; ni una sola.
Y si en todo caso, el tricolor quedó con par de curules pluris fue por chiripa.
Y lo indicativo y significativo, arrastrando los peores vicios de la cultura y la filosofía priista como el dedazo.
Peor aún: el autodedazo.
Autodedazo del presidente del CDE, Marlon Ramírez, para imponerse como pluri.
Y autodedazo de Anilú Ingram Vallines para de igual manera imponerse a sí misma como pluri.
Y si hay tribus rojas manejando la posibilidad de que Juan Manuel Diez, presidente municipal electo de Orizaba, alcalde que será por segunda ocasión, sea candidato a la gubernatura, por delante le quedarían dos años y cacho para posicionarse... ante, digamos, una secretaria de Energía, Rocío Nahle García, ultra contra súper amarrada y posicionada como la favorita de Amlo para la silla embrujada del palacio.
Más ahora cuando el tricolor enfrenta una más de las fracturas internas y como escribiera Morris West en la novela "El arlequín", los grandes imperios y emporios se destruyen desde adentro.
Todos los males priistas (dedazo, autodedazo, urnas embarazadas, compra de votos, corrupción, pillaje, desvío de recursos públicos, empresas fantasmas, soberbia, petulancia, mesianismo, impunidad, etcétera) hundieron al partidazo en el fondo del precipicio, en el rincón más arrinconado del infierno, a tal grado que hasta los mismos militantes encumbrados vislumbran el fin del partido.
De dieciséis candidatura a gobernador el 6 de junio, ni una sola ganó el tricolor.
Después de la derrota fulminante, caray, y con tantos vientos huracanados en contra, el apocalipsis, el día del juicio final, sin llegar, claro, a la resurrección de los muertos.

CADÁVERES QUEDADOS EN EL CAMINO
"Hoy, hoy, hoy", ningún priista de Veracruz tiene las ínfulas para ser candidato a gobernador y creer, alentar, sentir la posibilidad de que pudiera ganar.
Ni con un milagro, vaya, si es que los milagros existieran.
Nadie descartaría que algún día, día lejano, pero algún día, el PRI, quizá, quizá, quizá, pudiera remontar.
Pero mucho se duda.
Politólogos, sociólogos, antropólogos inclusos, como buscando, digamos, "el eslabón perdido", bien pudiera rastrear las pistas de un priista, un solo priista, con tamaños suficientes para derrotar en las urnas, por ejemplo, a Rocío Nahle.
Ninguno, a excepción de Pepe Yunes, ha crecido lo suficiente, pero al mismo tiempo, significa una temeridad, una osadía, una aventura intrépida, lanzarse como candidato rojo a la gubernatura.
El partido está más partido que nunca.
Hecho añicos, pedacitos, cercenado.
Marcelo Montiel Montiel, presidente municipal de Coatzacoalcos en par de ocasiones, diputado local, titular de la Sedesol federal, y quien parecía, de pronto, ¡zas!, en el silencio más calamitoso de la historia.
Ranulfo Márquez, diputado federal, titular de la Sedesol jarocha, presidente del CDE del PRI, dejó pasar la oportunidad sin jugar con inteligencia incandescente al mejor estilo fidelista.
Antonio Benítez Lucho, diputado federal y delegado del IMSS, nunca creció, o pudo crecer, o no lo dejaron crecer.
El incandescente Luis Ángel Bravo Contreras, Fiscal General, se diluyó en su mesianismo y odiando al sucesor.
Érick Lagos y Jorge Carvallo, diputados locales y federales, titulares de la SEGOB y SEDESOL jarocha, "cuadernos de doble raya" de Javier Duarte, extraviados en el desmadre juvenil.
Alberto Silva, alcalde y diputado federal y titular de la Sedesol, y hasta vocero, hundido en su frívolo egocentrismo, como cuando pasó de un cargo público a otro y pidió que lo dejaran de llamar totol o cisne porque ya era pavorreal.
Juan Antonio Nemi Dib, el duartazgo fue su gran debut y peor despedida.
Adolfo Mota, diputado federal, presidente del CDE del PRI, Subsecretario de Educación, derrotado en las urnas el 6 de junio, soñaba con la candidatura a gobernador brincando de la SEV a la rectoría de la Universidad Veracruzana, pero le faltó espacio, tiempo, voluntad y terquedad para empujar la carreta.
Américo Zúñiga Martínez, diputado local y federal, presidente municipal y secretario de Trabajo y Previsión Social, extravió los pasos en el camino.
Ricardo García Guzmán, Contralor, diputado local, alcalde, iba en carrera meteórica y ascendente, pero el PAN lo tentó y se fue del tricolor creyendo que significaba la tierra prometida tan soñada, el mejor paraíso terrenal.
Raúl Ojeda Mestre, tesorero del gobierno de Veracruz, estuvo a punto del cuatrienio con Fernando Gutiérrez Barrios y cuando terminó aquel bienio, se fue de Veracruz de igual manera como antes había aterrizado.
Gonzalo Morgado Huesca, quien todo tenía con trayectoria avasallante, fue rebasado por sus amigos Dante Delgado Rannauro, Fidel Herrera Beltrán y Miguel Angel Yunes Linares, y nunca pudo seguir sus pasos, tan dotado que estaba, con madera suficiente.
Jorge Uscanga Escobar, alcalde, líder priista, subsecretario de Gobierno, diputado local y federal, presidente del CDE del PRI, se fue achicando a sí mismo, sin aprovechar las coyunturas.
Incluso, y entre los muertos, Juan Maldonado Pereda, 4 veces diputado federal, subsecretario de Gobierno, secretario de Educación, estuvo en un tris, pero su disciplina institucional (quizá mal entendida) lo dejó en el camino ante Fidel Herrera.
Cada una de las referencias anteriores manifiestan los tiempos vertiginosos de la política y de la vida y que poco a poco fueron minando a los mejores al grado de que ahora, el tricolor está a mitad del desierto, extraviado, con la brújula perdida, sin reciclarse con nuevas generaciones, sin levantar expectativas ni esperanzas.
Es más, los priistas tocando puertas por todos lados para un empleíto por ahí...

LA AGUJITA EN UN PAJAR
El PRI solo remontaría en Veracruz, digamos, con un incendiario y volcánico, Carlos Alberto Madrazo del siglo XXI.
Un Alfredo Vladimir Bonfil, impetuoso y turbulento.
Un Manuel Carbonell de la Hoz, gran operador político por debajo y arriba de la mesa, haciendo amarres, tejiendo y destejiendo.
Un Miguel Alemán Valdés, sumando "a tirios y troyanos" en el arca.
Un político respetado y respetable de norte a sur y de este a oeste en cada rincón de Veracruz.
Un político con una gran trayectoria de servicio público, honesto, íntegro, sin ninguna mancha putrefacta cargando en la espalda social.
Y al mismo tiempo, volcánico, para encender a la población electoral en un magnetismo fuera de serie.
Pero un hombre o mujer así es tanto "como buscar una agujita en un pajar".
¡Está en chino!

LOS CINCO DEL PATÍBULO
La biografía del PRI puede resumirse con los cinco últimos presidentes del CDE:
Felipe Amadeo Flores Espinoza. Enero 2016 toma de posesión. La primera derrota a gobernador.
Renato Alarcón. Enero 2017. La oscuridad total.
Américo Zúñiga. Enero 2018. La segunda derrota a gobernador.
Lillián Zepahua. Diciembre 2018. Mero formulismo.
Marlon Ramírez. Mayo 2019. El tricolor, en el peor de los mundos.
La primer estrepitosa derrota del PRI fue con Miguel Ángel Yunes Linares. 107 presidencias municipales perdidas en aquel domingo electoral, sexenio de Patricio Chirinos Calero.
Incluso, el PRI, más achicado que nunca con un presidente diminuto, a quien la ambición desmedida por el poder le gana y avasalla y le lleva a la traición, incluso, en contra de sus examigos de toda la vida, compañeros que fueron en las buenas y las malas y a quienes asestó puñaladas traperas, la más famosa, a Raúl Díaz Diez, secretario particular de la senadora Beatriz Paredes Rangel.
Pero también, la puñalada trapera a Reynaldo Gaudencio Escobar Pérez.
La tragedia tricolor bien pudiera ajustarse a una frase bíblica de un personaje literario de Irene Némirovisky en la novela "Los fuegos del otoño":
"En la vida, como en el naufragio, a los que quieren agarrarse a tu barco hay que cortarles las manos", pues de lo contrario, te jalan y te hunden...


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