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Expediente 2021
Martes 20 julio, 2021

Efímera es la vida pública

La vida pública siempre es sexenal. Y si bien va a una tribu partidista demora par de sexenios en el poder. Salvo, claro, Plutarco Elías Calles quien impuso a cuatro presidentes de la república. Emilio Portes Gil, Abelardo L. Rodríguez, Pascual Ortiz Rubio y Lázaro Cárdenas del Río.
Pero de allí pa’lante, la vida se mide por sexenios. Luego de 6 años en el poder, las elites que llegaron se van y nunca vuelven... ni devuelven lo que se llevaron. A veces, fortunas inimaginables.

Luis Velázquez

Entonces, se pierden en la nada. Y la nada, dicen los teólogos, es nada. Por ejemplo, los fidelistas.
Todos ellos, la mayoría jóvenes, aterrizaron con Fidel Herrera Beltrán. Y si acaso, una parte, siguió con Javier Duarte.
Pero por aquí Duarte fue encarcelado en el Reclusorio Norte de la Ciudad de México, los fidelistas y duartistas apestaban.
Así, corredero de políticos para salvar, digamos, el pellejo antes de caer en el penal de Pacho Viejo.
Muchos, la libraron y siguen librando. Otros, reducidos a oscuro y nublado perfil. Otros más, luego de estancia penitenciaria, el más bajo perfil de sus vidas.
Sabrá el chamán y el viejito del pueblo la forma de vivir que tenga cada político, pues así pellizcaran el mayor volumen presupuestal, el dinero se acaba, a menos que lo pongas a trabajar y sudar y, claro, vaya bien.
Bastaría, quizá, una repasadita para demostrar con hechos concretos, específicos y macizos que la vida pública es demasiado efímera y cuando el político lo registra y advierte el sexenio ya terminó y es la hora de irse.

DESTINO DE FIDELISTAS

Fidel Herrera Beltrán. Reducido primero a una silla de ruedas por una embolia y luego internado en un hospital de Estados Unidos por derrames cerebrales. El fin de semana lo mataron una vez más en las redes sociales. Su esposa aclaró paradas. Demasiada perversidad.
Javier Duarte. Viviendo en el Reclusorio Norte de la Ciudad de México y en donde sus amigos dicen que pronto se casaría en un sábado para amanecer domingo.
Érick Lagos. Enfermo de cáncer en el estómago, reducido a la vida en su casa en la Ciudad de México, comprada con sus ahorritos sexenales.
Adolfo Mota. Derrotado en las urnas el 6 de junio para diputado federal, vive entre la Ciudad de México donde tiene residencia y Estados Unidos donde compró otra.
Gabriel Deantes, vendiendo su mansión en el fraccionamiento Las Animas, de Xalapa, conocida como Villa Meona, que tiene once baños, sala de cine y hasta elevador.
Jorge Carvallo Delfín, perdido en “el proceloso mar de la política”, quizá ocupado en los negocios.
Alberto Silva, El cisne, derrotado en las urnas para repetir como presidente municipal, e impugnando porque ganó, dice. Además, ex priista, nominado por el PVEM.
Reynaldo Gaudencio Escobar Pérez. Chambeando en su exitoso despacho jurídico.
Ranulfo Márquez Hernández. Expriista, ahora militante de MORENA como operador electoral.
Antonio Benítez Lucho. Jubilado. Y con oficina de asesoría política.
Héctor Yunes Landa. Perdió la elección como diputado local pluri.
Américo Zúñiga. Derrotado como candidato priista a diputado federal por el morenista Rafael Hernández Villalpando, expresidente municipal de Xalapa, ex rector de la Universidad Veracruzana y ex subsecretario General de Gobierno.
Arturo Bermúdez Zurita. En los negocios, luego de vivir en Pacho Viejo.
Mauricio Audirac. En su despacho notable, en el perfil más bajo de su vida pública.
Javier Herrera Borunda. Del PRI al PVEM que lo lanzara para diputado federal.
Carolina Gudiño Corro. Dos veces derrotada en las urnas.
Anilú Ingram Vallines. Derrotada una vez en las urnas, de diputada federal pasará a diputada local pluri.
Fidel Kuri. Encumbrado como dueño del club de futbol, Tiburones Rojos, su tiempo ya pasó. Incluso, hasta cerró un restaurante cerca del estadio en Boca del Río donde estaba en sociedad.
Jon Rementería Sempé. Volvió al consultorio médico… para recobrar la clientela perdida.
Luis Fernando Antiga Tinoco. Del PRI pasó a MORENA y despacha en la secretaría de Salud federal.
Pablo Anaya Rivera. Jubilado del Seguro Social y de la Universidad Veracruzana.
Alfredo Gándara Andrade. Retirado.

DEBUT Y DESPEDIDA

En la vida pública de Veracruz fueron debut y despedida, a diferencia, claro, de Fidel Herrera Beltrán, quien desde la juventud como diputado federal en el sexenio de Luis Echeverría Álvarez nunca le faltó la chamba.
Y caminó y bien desde Echeverría hasta Enrique Peña Nieto, cuando Javier Duarte, a quien formó y proyectó y cuajó en el más alto decibel de la política lo satanizó en informe de gobierno en el castillo de San Juan de Ulúa y rompió para siempre con él… “haiga sido por lo que haiga sido”.
La política, pues, “como un tragadero de mujeres y hombres”, cuyos destinos, en el mejor de los casos, es sexenal.
Seis años para ejercer el poder y escalar en la pirámide.
Un sexenio, por lo regular, para “arañar el presupuesto, ordeñar la vaca, meter la mano al cajón” y sentirse y creer enviados de un dios superior para salvar la tierra.
Así, tal cual, ha sido toda la vida. Y nada indica que cambie o pueda cambiar. Y allá, entonces, cada quién con su estilo personal de ejercer el poder y gobernar…


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