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Expediente 2021
Martes 27 abril, 2021

La utopía social

Hay días cuando el ciudadano de a pie desea, por ejemplo, que las tribus políticas miraran juntas el futuro y trabajaran por la dignidad de la vida y la calidad de vida de la gente en la miseria, la pobreza, la jodidez, el desempleo y los salarios de hambre.

Luis Velázquez

Días cuando se desearía que de pronto, camino a Damasco, los políticos dieran marcha atrás a las intrigas y calumnias y complots y de pronto decidieran “reemprender la búsqueda de un acuerdo” común (Jan Martínez Ahrens) para empujar la carreta social en beneficio de “Los olvidados” (Luis Buñuel), “Los condenados de la tierra” (Franz Fanon), “Los precaristas” (Oscar Lewis).
Días cuando más allá de los tiempos polvorientos, el ciudadano soñaría con un tiempo perpetuo de distención política y social entre los partidos políticos y los jefes tribales para acortar la distancia de la terrible y espantosa desigualdad económica y social y en donde cada vez los ricos se hacen más ricos y los pobres más jodidos.
Días cuando el ciudadano despierta con las ganas de un bello amanecer alumbrando el día de la mujer, el día del hombre, el día del ser humano, de tal forma que las tribus políticas sostuvieran un hermoso, intenso y largo idilio para todos juntos, “en un haz de voluntades” como cacareaban en el siglo pasado, se alentara la creación de empleos dignos, pagados con justicia laboral, con las prestaciones de ley, sentando las bases para un cambio sustancial en la mayoría de la población.
Días cuando todas las partes políticas juntas, sin discordia, sin emboscadas, sin díceres, sin rafagueos mediáticos, y en nombre del bien común lucharan para disminuir la miseria y la pobreza y la violencia.
Días cuando los partidos de izquierda, centro y derecha, y más allá, mucho más allá de los ismos (priismo, panismo, perredismo, morenismo, petismo, capitalismo, socialismo, obradorismo, etcétera) archivaran sus roces para dignificar y engrandecer la vida cotidiana.

LA DISCORDIA SIGUE GANANDO

Claro, los días y los años documentan el gran fracaso de la utopía social.
Carlos Marx y Federico Engels, Lenin y León Trotsky, soñando con “La dictadura del proletariado” y que terminara en la dictadura de José Stalin.
Tomás Moro predicando la Comuna y que en sermón quedó.
Emiliano Zapata soñando con la Comuna para los indígenas y campesinos de Morelos y que terminara con su emboscada y asesinato por un general que se fingió su amigo.
Pancho Villa soñando con su gran Comuna en Durango y que se frustrara con su emboscada y crimen.
Jesucristo con su Sermón de la Montaña (Bienaventurados los que…) con fatal desenlace en el Gólgota.
Nada entonces de “Amaos los unos a los otros” del obradorismo.
Nada del perdón y la amnistía para los malandros.
Nada de que “por el bien de todos, los pobres primero”.
Nada de concordia. Únicamente, la discordia como vaso comunicante con el lema bíblico, legendario y mítico de “todos contra todos”.
Más que una luna de miel entre las tribus partidistas, un divorcio perpetuo. Pero un divorcio feroz y atroz, donde la pareja suele terminar con saña y barbarie en medio del rencor, el odio y la venganza.
El peor encontronazo de la historia, repetido cada día.
Las relaciones agrias y crudas entre los actores políticos en la rebatinga única y exclusivamente del poder político.
Poder político que engendra, por añadidura, el poder económico y el poder social.
En menos de un sexenio, más familias enriquecidas a la sombra del poder y en nombre de los jodidos.
Ninguna señal entre las partes de izar la bandera blanca de la concordia, considerando que todos, sin excepción, se asestan “golpes de pecho” en nombre del bienestar social.
Nadie rebaja la tensión. Peor tantito, ni siquiera el asomo de una tregua, más que electoral, transexenal… para empujar la carreta de los jodidos camino a la dignidad humana.

VIVIR CON DIGNIDAD

Igual que con Antonio López de Santa Anna, y Agustín de Iturbide y Maximiliano de Habsburgo y Porfirio Díaz Mori, entre tantos otros, “el país de un solo hombre”, el estado federativo “de un solo hombre”.
El chamán en cada pueblo. El tlatoani. El gurú. El jefe máximo. El mandamás. El Odorico Cienfuegos.
“Yo soy el Estado” diría Luis XIV a los 19 años embestido rey.
“Aquí mando yo” exclamaría aquella al tomar posesión en su palacio de justicia.
“Si Dios no existe, entonces yo soy Dios” exclamaría León Tolstói.
“Hay días cuando me siento Dios” decían los doce Césares de Suetonio.
Cada dueño del poder público convertido en el latifundista de las haciendas porfiristas, patrones y capataces al mismo tiempo ejerciendo el famoso derecho de pernada, por ejemplo.
Los políticos, soñando con ser ricos y “metiendo la mano al cajón” y “ordeñando la vaca”.
México, primer lugar mundial en corrupción pública.
Y los ricos, soñando con seguir beneficiados por las tribus partidistas en el poder.
Por eso, el dicho bíblico. Pobre naciste. Pobres eres. Pobre morirás.
Y el único consuelo, ajá, que se ganarán indulgencias para vivir con dignidad en el otro lado del charco.
¡Vaya juego político, social y religioso tan peligroso, ruin y miserable!


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