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Expediente 2021
Sábado 27 marzo, 2021

Utopía Democrática

Todos -INE, OPLE, partidos políticos, Acuerdo por la Democracia, candidatos- lanzan fanfarrias por la calidad democrática. Nunca como en el tiempo electoral, el principio universal de “Amaos los unos a los otros” tan vigente. Los jefes tribales levantando el corazón al mundo de la concordia.
Pero en “el pan de cada día”, la discordia. Tirios contra troyanos.

Luis Velázquez

La búsqueda del poder. El poder político que suele llevar al poder económico y al poder social.
Democracia electoral, ajá. Súper. Pero la democracia electoral constituye apenas, apenitas, una parte. Pendientes desde siempre la democracia económica, la democracia social, la democracia educativa, la democracia de seguridad pública, la democracia de procuración de justicia, la democracia del desarrollo humano.
El dato oficial resulta escalofriante. 6 de cada diez habitantes del país, en la miseria, la pobreza y la jodidez.
México, con treinta millones de paisanos como migrantes, y hasta sin papeles, en Estados Unidos, sobre todo.
Uno de cada tres jefes de familia lleva el itacate y la torta a casa con el ingresito derivado del changarro en la vía pública.
Veracruz, en el primer lugar nacional en la producción y exportación de trabajadoras sexuales que han de subastar el cuerpo para llevar el dinerito a casa.
Y en contraparte, el país, en el primer lugar mundial en corrupción política.
Cada sexenio, cada cuatrienio, siguen apareciendo nuevos ricos, en el cien por ciento de los casos, políticos enriquecidos a la sombra y costa del poder público.
Ahora mismo, igual, igualito que en el esplendor priista, los jefes tribales de todos los partidos políticos lanzando a familiares (esposas, hijos, sobrinas, tíos, primos, y hasta barbies) como candidatos a un cargo de elección popular.
Lo dijo Esteban Ramírez Zepeta, el líder de MORENA en Veracruz: “Hay más de dos mil cargos públicos para repartirse”.
Y se reparten, claro, entre los jefes de jefes, en tanto la población sigue más jodida.
Y de postre, como burla oficial, bofetada a la calidad democrática, los diputados elegidos por el gran método cívico de “La tómbola”.
Pobre naciste. Pobre vives. Pobre morirás.
Por eso, las fanfarrias de las tribus políticas únicamente se concentran entre ellos.
Que elecciones en paz, ajá.
Que elecciones sin la mano de los carteles y cartelitos, ajá.
Que nada de chanchullos electorales, ajá.
Que comicios sin ajustes de cuentas, presiones y represiones ni muertos, ajá.
Ninguna esperanza social concreta, específica y maciza para que la población tenga una vida digna y de calidad en cada nuevo amanecer.
Uno, empleo seguro y pagado con justicia laboral. Dos, el legítimo derecho a tener una vida tranquila, sin sobresaltos, con tanto tiradero de cadáveres.
Tres, el derecho a una educación de calidad para los hijos. Cuatro, el derecho a la salud.
Y es que la democracia electoral constituye apenas una parte de lo que en términos universales significa el ejercicio democrático.
Una vida plena para la mayoría poblacional.

TIROTEO ELECTORAL

¡Ah!, por un lado los llamados Pactos Democráticos, convocando a la concordia, y por el otro, los días y las noches poblados de discordia.
En Veracruz, por ejemplo, las tribus políticas trepadas en el ring. Todas, encuerándose. Jalándose los trapitos sucios. Exhibiéndose entre sí.
La parte más afectada, el duartazgo. Incluso, en el número anterior de la revista Proceso, 2316, los trapos sucios en el tendedero público, reportaje enmarcando que la Auditoría Superior de la Federación, ASF, documentó ante la Fiscalía General de la República el desvío multimillonario cometido por varios jefes de la secretaría de Finanzas y Planeación, SEFIPLAN, entre ellos, los siguientes:
Mauricio Martín Audirac Murillo, Antonio Gómez Pelegrín, Carlos Aguirre, Jorge Jaramillo Méndez y Arnulfo Octavio García Fragoso.
En el rafagueo, las tribus partidistas y gubernamentales de MORENA en contra de la yunicidad y hasta del sexenio fidelista.
Un tiroteo singular, propio de cualquier tiempo electoral. Incluso, se dirá que los ciudadanos de a pie están acostumbrados.
La era Trucutú en su esplendor. Así ha sido, es y continuará… con todo y Acuerdos Democráticos.
Más, cuando de por medio hay, y como siempre, un doble, triple discurso.
Por ejemplo, la condena a 8 meses de cárcel al perredista Rogelio Franco Castán por romper una orden de aprehensión y jalonear a un policía y rasgarle una playera de 325 pesos, en tanto, el gobierno de Veracruz convocando a los partidos políticos a la civilidad democrática, ajá.
Y lo peor, como si nada pasara y la relación institucional fuera respetuosa, civilizada, fresca.
Más todavía cuando los hechos se concitaron en el proceso electoral y que bien pudo darse antes. En todo caso, después.
El mismo día de la firma del Pacto por la Democracia, el trascendido de que el 7 de marzo, en la carretera de Cazones desapreció el ex presidente municipal de Tepetzintla, Crescencio Vera Vidal, y el martes 23 llevaba dieciséis días secuestrado.
Además, de los cuatro aspirantes y suspirantes a la candidatura a presidentes municipales de sus pueblos y quienes fueran asesinados.
Muchos días después del bombardeo del gobierno de Veracruz en contra de narcoalcaldes y narcopolíticos quienes incluso y en la versión oficial concesionan a los carteles las tesorerías municipales, las direcciones de Obras Públicas y las comandancias, ningún detenido.
Puras cacayacas.
La paradoja está en la obsesiva obsesión de los políticos por ganar las elecciones suscribiendo el llamado Acuerdo por la Democracia, cuando la democracia económica y social que significa acortar la terrible y espantosa desigualdad y germinar una vida digna para la gente precaria y limitada, ningún avance registra.
Por el contrario, el desempleo se multiplica como el peor jinete del Apocalipsis en el siglo XXI.
Y si hay programitas para el llamado bienestar social son paliativos, igual, igualitos que fueron otorgados en los tiempos priistas y panistas y perredistas de la nación.
Apoyitos concesionados cuando el Estado resulta incapaz para alentar la creación de fuentes de empleo dignas, estables y justas.
El Acuerdo Democrático es para amarrar el acceso a los cargos públicos de las tribus poderosas. Ellos, los jefazos, repartiéndose el poder.


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