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Malecón del paseo
Miércoles 17 febrero, 2021

Las manos de un reportero

•Conectadas a las neuronas
•Que se sienta la inteligencia

EMBARCADERO: Said Mekbel, 1940/1994, fue un reportero y escritor argelino, paisano de Albert Camus, Premio Nobel de Literatura... Said tiene una frase inolvidable... Dice: “Las manos de un reportero solo conocen una habilidad y es escribir”... Unos tecleadores escriben, por ejemplo, en la computadora, otros en el celular, y otros, a mano, con lápiz, como Ernest Hemingway, para borrar las frases desafortunadas y reescribir la oración, el párrafo, la página

Luis Velázquez

Desde luego, un reportero, como un escritor, sin manos, bien puede dictar los textos a una secretaria, pero nunca es ni será lo mismo sentir la vorágine de palabras saliendo de los dedos y estampándose en la página de la compu…

ROMPEOLAS: Las manos, dice Said, han de conectarse tanto a las neuronas como al corazón… Nunca, al hígado ni al sexo, porque entonces, los rencores y los odios ganan a la serenidad y la cordura… Y más aún, a la pasión fría, cien por ciento fría, serena y reposada, con que ha de escribirse… Un reportero que desconecta las manos de las neuronas y se deja llevar por el hígado está perdido… Incluso, lo escribió Suetonio en el libro “Los Doce Césares”, asegurando que ningún político ha de llegar al poder lleno de rencores y deseos de venganza…

ASTILLEROS: En una página escrita, decía Said, ha de sentirse y olerse la inteligencia incandescente de cada periodista y escritor… Primero, la información privilegiada a la mano… Segundo, la pulcritud literaria con que escriba… Tercero, la belleza de la narrativa… Y cuarto, la capacidad analítica para mirar los días y los meses y los hechos y sus formas tan variadas… Por eso, las manos, encargadas de consumar el acto final, el producto, han de estar conectadas al cerebro…

ESCOLLERAS: Incluso, la madurez de un escritor, decía Said, se calibra a partir de la serenidad vibrante, intensa, frenética de cada texto… Tal cual, que en cada artículo, crónica, reportaje, novela, cuento, el lector sienta la calidad profesional, emocional, sicológica, espiritual, del narrador, para impactar las neuronas y el corazón… Un caso emblemático estuvo con Juan Rulfo, quien de día escribía y en la noche revisaba lo escrito y por lo general, prendía fuego a las páginas que le dejaban insatisfecho… Y al día siguiente, las volvía a escribir…

PLAZOLETA: Por eso mismo, únicamente publicó una novela, Pedro Páramo, y un libro de cuentos, El llano en llamas… Gabriel García Márquez, gran reportero y escritor, escribía de las 8 de la mañana a las dos de la tarde, y en la tarde, leía en voz alta y para sí, encerrado en su oficina en casa, las páginas escritas en la mañana para oír el tropel de las palabras y decidir su sobrevivencia… Las manos, pues, conectadas al filtro del cerebro… Por eso, quizá, las manos de los grandes reporteros y escritores debieran conservarse en una vitrina como las manos de Lenin en su museo en Rusia y que parecían, escribió García Márquez en una crónica, unas manos de mujer…

PALMERAS: La peor tragedia para un reportero, entre otras, quizá, es quedar “atrapado y sin salida” en el Alzheimer, y de pronto, olvidar todo… Incluso, olvidar nombres, fechas, datos, actos, frente a la computadora… Pero también, duro y terrible cuando las manos son avasalladas por las reumas y la artritis… Y/o cuando empiezan a perder fuerza… Lo dijo García Márquez cuando detectó los primeros avisos de Alzheimer… “Es hora de dejar de escribir” dijo a un amigo reportero de Colombia… La vida es así, “¡y qué le vamos a hacer!”…


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