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Expediente 2021
Viernes 08 enero, 2021

Pueblo aterrorizado

El terror es la estrategia de los carteles y cartelitos. Igual, que de los grupos guerrilleros. Igual, que de las corporaciones policiacas, por ejemplo, el caso más notorio cuando la llamada “Guerra sucia” de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez.
El terror como instrumento para multiplicar el pánico y el miedo en la población civil, las grandes víctimas de la guerra.
Terror, por ejemplo, el sábado 26 de diciembre en Texistepec.

Luis Velázquez

Juego de fútbol. Dos equipos contendientes. La población en las graderías.
De pronto, llegaron unos cinco sicarios y mataron a un futbolista y cuando escucharon los disparos, los fanáticos y seguidores de sus equipos a correr para salvar la vida. Madres con sus bebés en los brazos.
“Lo mataron, lo mataron” exclamaba una señora despavorida según el video en las redes sociales.
Pero desde hace ratito, el terror está en todos los rincones de Veracruz.
Cadáveres colgando de los puentes. Cadáveres flotando aguas abajo en los ríos. Cadáveres en medio de los cañaverales. Cadáveres decapitados arrojados en calles, avenidas y carreteras. Cabezas decapitadas abandonadas encima de mesas de bares y antros. Niños y abuelos asesinados.
Autobuses asaltados en la carretera. Pasajeros asesinados en autobuses. Autobuses de pasajeros incendiados en las madrugadas. Casas baleadas y de políticos. Casas incendiadas propiedad de ciudadanos de a pie.
Es el terror.
El terror que hacia el siglo pasado, con la guerra de Vietnam, y hace doscientos diez años, con la guerra de Independencia de Miguel Hidalgo y José María Morelos, parecía tan lejano. Como si ocurriera en otro planeta del sistema solar.
Ahora, aquí, en Veracruz. De una rareza que pudo considerarse entonces, al peligro más canijo para vivir en “la noche tibia y callada” de Agustín Lara.
Natalia Lafourcade le canta a Veracruz con sus sones en el último disco, ganador de premio. Le faltó incluir en los cánticos el terror vivido y padecido por los 8 millones y cacho de habitantes.

UN INFIERNO LLAMADO VERACRUZ

Muertos por la violencia. Muertos por el COVID. Muertos por la miseria, la pobreza y el hambre.
Y aun cuando hay una guerra declarada por la autoridad en contra de los carteles y cartelitos, los carteles parecen una poderosa organización en la rebatinga por la jugosa plaza estatal con la autopista de sur a norte, los tres puertos marítimos para la carga y descarga de droga, las pistas clandestinas y la fragilidad policiaca para aliarse con ellos y caer en la desaparición forzada.
Además de los negocios del huachicoleo, los migrantes, la obra pública en Ayuntamientos, los secuestros, las extorsiones, la prostitución y el consumo de droga y que, por eso mismo, tienen vigencia.
Incluso, parecen intocables. Y aun cuando la secretaría de Seguridad Pública se pone feliz de la captura de una banda, luego luego se reproducen como los peces y los panes, los ácaros, la humedad y los conejos.
Parecieran tener un ejército incalculable de sicarios, pistoleros, malosos, malandros y halcones, anexos y conexos.
Incluso, de mujeres, si se considera el reporte oficial de que en las cárceles federales hay mujeres de Veracruz detenidas acusadas de narcas.
En conjunto, un material altamente explosivo, suficiente para la rebatinga por Veracruz.
Y nada más efectivo que intimidar y meter “el miedo al miedo” a la población, como si fueran, digamos, adoradores de Adolfo Hitler, José Stalin, Benito Mussolini, Francisco Franco y hasta de Charles Manson.

6 GOBERNADORES DESPUÉS…

Ningún cartel, todo indica, ha sido disminuido. Y en tanto parecen multiplicarse y rebasar el principio de autoridad del Estado de Derecho, siguen matando a la población civil y la impunidad se extiende y prolonga más allá de lo inadmisible, pues en la mayoría de los casos de secuestros, desapariciones y asesinatos, los familiares claman justicia.
Tan es así que el infierno llamado Veracruz ha creado un nuevo libro. Se llama “Porque la lucha por un hijo no termina” y lo escribió la maestra e investigadora Celia del Palacio.
Y en el libro están los testimonios desgarradores de veinte integrantes del Colectivo “Familias de Desaparecidos en Orizaba y Córdoba”, una de las regiones más golpeadas por el narco/terrorismo.
La rueda sombría, sórdida y siniestra continúa dando vueltas, girando implacable, cada día con más víctimas por todos lados.
Cada vez, con el terror recrudecido.
Los niños huérfanos, las parejas viudas, las tumbas en los panteones, las fosas clandestinas, los familiares buscando a los suyos, la resistencia pacífica, la protesta social, dan cuenta del terror.
En 3 días, del 23 al 25 de diciembre del año anterior, el gobierno del estado rompió su propio récord de la desolación y la muerte. Siete desaparecidos en menos de 72 horas. En Xalapa, Tecolutla, Las Vigas, Tantoyuca, Martínez de la Torre, Veracruz y Atzalan.
Más los 25 desaparecidos en tan solo tres municipios. Ixtaczoquitlán, Emiliano Zapata y Playa Vicente.
Y desaparecidos que rara y extraña ocasión regresan a casa.
Y es que en la línea del terror nada impacta, avasalla, acalambra y retumba en la vida como desaparecer personas, sin dejar huellas ni rastros, pareciera.
Millones de pesos, quizá de dólares, estará dejando Veracruz a los carteles y cartelitos con la industria del terror para cuajar sus negocios ilícitos.
Desde hace veintisiete años, Patricio Chirinos Calero, los capos dueños de un infierno llamado Veracruz, creado por ellos mismos.
Desde entonces, 6 gobernadores han ejercido el poder desde el palacio de Xalapa con el principio de Peter encima. Rebasados, no pudieron. No han podido. No podrán, todo indica.


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