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Expediente 2021
Jueves 07 enero, 2021

Rapiña de cochinos

Hay miseria y pobreza en Veracruz. Hambre. Y el hambre “muchas cornadas suele dar”. La miseria, escribió León Tolstói, es el último grado de la dignidad humana, allí donde se cede a todo sin pudor ni rubor para llevar el itacate a casa.
Y si las conciencias VIP lo negaran bastaría remitirnos al domingo 3 de enero del año que camina. En la autopista Veracruz- Cardel, volcó un tráiler remolcando carga suculenta de cerdos.

Luis Velázquez

El titular de la página policiaca, Sucesos, de Notiver, fue de tres palabras: Rapiña de cochinos.
En las fotos, montón de hombres en la fila para quedarse con unos marranos. En otra foto, una mujer y un hombre cargan varios cochinos muertos en una carretilla.
El conductor del tráiler, Santiago Flores Domínguez, transportaba doscientos dieciséis (216) puercos. Muchos animales murieron. Y la gente se los llevó. Los cerdos vivos quizá habrían huido, despavoridos. Otros, quedado en sus jaulas, a custodia del conductor.
A primera vista, ninguna novedad. En otras ocasiones, tráilers cargados con cartones de cerveza también se volcaron y la rapiña.
En otras, tráilers cargados de sacos de azúcar y la rapiña.
Podría considerarse una actitud propia de la naturaleza humana. Pero inevitable establecer como premisa el hambre, la miseria y la pobreza de la gente.
Claro, uno, dos o tres cochinitos que la gente se haya llevado les duraría, si tienen refrigerador, para igual número de semanas. Quizá para freír unos chicharroncitos y vender a los vecinos. Acaso para un pachangón en el tiempo del COVID.
Bastaría referir, sin embargo, la estadística oficial del INEGI: 6 de los 8 millones y cacho de habitantes de Veracruz, en la jodidez.
Medio millón de personas haciendo solo dos comidas al día, y mal comidas, por tanta precariedad.
Uno de cada 3 jefes de familia lleva el itacate y la torta a casa con el ingresito obtenido en el changarro en la vía pública vendiendo tacos, tortas, tostadas, picadas y gordas con cafecito de olla.
Más, ahora con el desempleo galopante por culpa del coronavirus y la recesión.
Veracruz, un estado pródigo en recursos naturales, habitado por gente en la miseria.
Festín de cochinos durante unos días en la población viviendo a un lado de la autopista Veracruz-Cardel.

PUEBLO EN LA DESESPERACIÓN SOCIAL

Nadie pensaría que la expropiación de los cerdos significa un delito, aun cuando tal vez…
Por ejemplo:
Muchos indígenas de Veracruz están presos por cometer uno de los más grandes delitos en la historia de la humanidad como es robar un pollito, una gallinita, para llevar el itacate a casa… por un día, claro.
Presos, hablantes del dialecto y/o su idioma, nunca en veinticinco meses de gobernador, el ingeniero graduado, alardea, en Alemania, con una tesis sobre un misil, les ha otorgado una amnistía para volver a casa.
También hay mujeres presas en Veracruz denunciadas por un aborto, cuando, caray, la mitad de la población y la mitad de la otra tiene “manchadas las manos de sangre”, buenas conciencias que también han cometido legrados.
Por eso, la rapiña de cochinos mejor quedaría en la historia de un pueblo desesperado, jodido, con salarios de hambre, insultantes y ofensivos.
Más, cuando por ejemplo, durante los años priistas y panistas, igual que hoy los políticos guinda y marrón otorgaron programitas sociales (apoyos, becas, subsidios, dinerito bimensual) a los jodidos como un aliciente, sin trascender en la vida social como sería, por ejemplo, enseñar a pescar, y que significaría dotarles de proyecto productivos que bien asesorados sirvieran a corto, mediano y largo plazo para mejorar la calidad de vida.
En el fondo, simples ayudaditas para amarrar el voto en las urnas en tiempo de elecciones.
Por eso, cada vez que un tráiler cargado de cerdos, pollos, azúcar y cerveza, por ejemplo, voltea en la carretera, de lugares insospechados aparece “la rebelión de los colgados” y a entrar a la rapiña como un festín.
El festín de los pobres, los jodidos, la población en la miseria. 6 de cada 10 habitantes de Veracruz.

TEMPORADA EN EL INFIERNO

El mismo día de la rapiña de cochinos, los carteles y cartelitos se recrudecieron y multiplicaron el terrorismo, abierto desafío a la secretaría de Seguridad Pública.
Por ejemplo, en la carretera federal Coscomatepec-Huatusco tiraron una bolsa negra donde, y por lo regular, meten restos humanos de personas secuestradas y desaparecidas.
La bolsa quedó a orilla de la carretera. Pero contenía restos de… cerdos.
De hecho y derecho, es como si la población de Veracruz, toda, estuviera pasando una larga y extenuante y agotadora temporada en el infierno.
Lo peor, sin que ninguna lucecita alumbre el túnel trepidante, lleno de cardos y espinas.
Y por eso mismo, la estadía en el rincón más arrinconado del infierno, se pierde la fe en los políticos y sus tribus.
Y por añadidura, en vez de que el góber de la 4T impacte y cuaje en el corazón de los ciudadanos de a pie, el desencanto social.
En un lado de la cancha, la rapiña de cochinos, con su significado social.
Y en el otro, el terrorismo con cerdos embolsados.
En medio del cuadrilátero, la lucha diaria y constante por la vida. Simplemente, el derecho a vivir con dignidad, sin que nadie necesite salir corriendo a la rapiña ni tampoco atrapado en el terrorismo, “el miedo al miedo”, el dolor y el sufrimiento cada vez que un familiar es secuestrado, desaparecido y asesinado.
Imposible así respetar a las cúpulas gobernantes.


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