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8 Columnas
Jueves 27 febrero, 2020

Último adiós a Francisco Javier entre mariachis y llanto de sus amigos


•El joven de 22 años de edad fue asesinado en Puebla

Con mariachis, con mucho llanto y ni un gramo de resignación, familiares y amigos de Francisco Javier Tirado Márquez lo despidieron en el Panteón Bosques del Recuerdo. El joven de 22 años fue...

Noé Zavaleta/Tomado de Crónica de Xalapa

asesinado el domingo pasado en la carretera México-Puebla, junto con dos jóvenes de nacionalidad colombiana y el chofer de un Uber. Los familiares solo tienen una palabra de exigencia: Justicia.
Un niño, de entre 2 y 3 años de edad, llora sin cesar en las afueras de la Sala de Velación 2 del Panteón Bosques del Recuerdo, no tiene juguetes, ni mamila con qué entretenerse. Abre con extrañeza sus ojos, mientras se abraza con fuerza a su madre; solo ve pasar y pasar arreglos florales y ramos de nubes, gladiolas y rosas blancas. Adentro del velatorio, solo el silencio, nulos murmullos, si acaso, las rachas de viento y el golpeteo de las coronas florales con la pared y el suelo rompen el mutismo. En un ataúd blanco descansan los restos de Francisco Javier Tirado Márquez, joven asesinado el pasado domingo junto con Ximena Quijano Hernández y José Antonio Parada –ambos de nacionalidad colombiana- y el conductor de Uber, Manuel Vital Castillo.
Francisco Javier estudió Medicina en la Benemérita Universidad Popular Autónoma de Puebla (BUAP), oriundo de Xalapa, había realizado un intercambio estudiantil de casi 9 meses en Colombia, actualmente realizaba su servicio social en Xochiltepec, en Puebla. El fin de semana decidió acudir con sus amigos colombianos, Ximena y Antonio, al carnaval de Huejotzingo en esa entidad vecina, ninguno de los tres regresaría con vida. Según la Fiscalía de Puebla tuvieron un conflicto con sus victimarios por el robo de un sombrero a Ximena, quienes horas después los interceptarían en la carretera y privarían de la vida a los tres jóvenes, junto con el chofer del Uber, Manuel Vital.
De las 8 salas de velación, la de Francisco Javier llena toda la explanada, en la misa de cuerpo presente en la Parroquia María de la Madre las bancas resultan insuficientes. Amigos, vecinos y conocidos del futuro médico se tuvieron que quedar en la explanada del recinto religioso. La masividad que convoca el cariño hacia el joven, como un poco de consuelo para su familia.
En la parroquia María de la Madre, el párroco se muestra compungido al ver entrar un ataúd de un joven asesinado presuntamente por un robo a mano armada, pide a los familiares y feligreses de Fernando Javier abrazarse a Dios y a la fe, pero recrimina también la situación de violencia que priva en el país.
“Mi solidaridad como párroco por la terrible tragedia. El asesinato del joven Javier y de los otros muchachos es un golpe muy fuerte. Estamos en una situación de indefensión, un situación crítica de inseguridad en la patria”.
Ya en el panteón de Bosques del Recuerdo, un mariachi de seis personas, con trajes negros, entona Cruz de Olvido y la Barca, para despedir al “alegre” Francisco Javier, quien era un apasionado de la medicina, pero en sus ratos libres era gustoso de reír y bailar. Los estudiantes de la BUAP –compañeros de Javier- se abrazan entre ellos, para darse fortaleza, una de ellas acaricia una y otra vez el ataúd blanco. Su compañero de cuarto pide para “Javi”, El Rey; con la canción Puño de Tierra, solicitada por otro residente de medicina, ha llegado el momento de bajar el ataúd con los restos de Tirado al descanso eterno.
Este crimen ha conmocionado a la sociedad veracruzana y poblana, cuyas últimas tragedias han venido uniendo. Las dos jovencitas veracruzanas que estudiaban en Puebla y que fueron “desaparecidas” y luego encontradas muertas después de tomar un Uber, los diez desaparecidos en Playa Vicente, el asesinato del joven veracruzano, Arturo Castagné asesinado en la entrada a un hotel de lujo en Puebla.
Entre domingo y lunes, la noticia fue subiendo de ebullición en el internet, palabras más, palabras menos, se conoció que tres de las cuatro personas encontradas asesinadas en la comunidad de Santa Ana Xalmimilulco, cerca del aeropuerto Aquiles Serdán eran estudiantes universitarios, dos de ellos colombianos de intercambio de la Universidad Popular Autónoma de Puebla (UPAEP) y uno más, Francisco Javier Tirado, de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP). Entre las víctimas, también apareció el joven Manuel Vital. Lo demás, es ya historia, como dirían los jóvenes estudiantes que el pasado lunes salieron a protestar por las calles de Puebla: ¡Nos están matando y nadie hace nada!.


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