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09 febrero, 2020

En Atzalan huyeron de la muerte

La familia de la niña de 11 años de edad y del adulto mayor asesinados presuntamente por Seguridad Pública se desplazaron de la comunidad
•Un mes ha pasado desde la masacre de una niña y su abuelo, sin que el gobierno de Veracruz rinda cuentas
•Pobladores relatan que el día de los hechos, los perpetradores amenazaron al pueblo de que si hablaban regresarían a masacrarlos


Por IGNACIO CARVAJAL

Antes de marcharse, los integrantes de la familia de Bellarmino Cardeña Cortés, abrieron las jaulas de todas las aves preciosas que tenían en casa y que los deleitaban con su canto antes de que llegara la tragedia.

  • La familia de Bellarmino y María Magdalena huyeron de Atzalan

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  • La familia de Bellarmino y María Magdalena huyeron de Atzalan

  • La familia de Bellarmino y María Magdalena huyeron de Atzalan

Entre ellas había un jilguero que era el favorito de la pequeña María Magdalena Herrera Cardeña, la menor de once años de edad que fue abatida por presuntos policías de la SSP cuando se encontraba en casa de su abuelo Bellarmino.
Cada mañana, antes de irse a la escuela, María Magdalena corría a la jaula del pajarito alimentarlo y escuchar su canto. Hacía lo mismo al regresar del colegio en el poblado de Tepetztitla, en la zona más pobre de Atzalan.
La inocencia de María Magdalena fue aplastada brutalmente por un operativo de la Secretaría de Seguridad Pública, en donde ella y su abuelo Bellarmino Cardeña Cortés resultaron abatidos.
Ha pasado un mes, y el gobierno de Veracruz y la SSP de Hugo Gutiérrez Maldonado guardan silencio sobre el tema. Ni si quiera se sabe si la Fiscalía General del Estado ha citado a declarar a los oficiales implicados.
La Presidenta de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos, Namiko Matzumoto Benítez se ha referido al tema una sola vez, el pasado 14 de enero, al anunciar que sí inició una investigación, pero en general se ha mantenido cauta, a diferencia de otras ocasiones en que le ha tocado investigar a ex funcionarios de Miguel Ángel Yunes Linares.

SE DESPLAZARON
Familiares y conocidos de la familia que fue afectada por ese operativo, la madrugada del nueve de enero, contaron bajo anonimato que una semana después de que sepultaron a la niña y a su abuelo, tomaron sus pertenencias y se marcharon del pueblo.
Niños, mujeres y unos dos hombres que quedaban en la familia se desplazaron ante el temor de que los que perpetraron esa masacre, regresaran a cobrar venganza.
Después de pensarlo mucho, y tras las publicaciones de varios reportajes en donde la viuda y algunos de sus familiares dieron una versión distinta a la ofrecida por el gobierno de Veracruz, llegaron al acuerdo que lo mejor era irse.
Los habitantes de Tepetztitla cuentan que sin hacer mucho ruido, por la noche, los afectados sacaron sus cosas, y a penas y se despidieron de unos cuantos.
Los sobrevivientes de ese operativo primero se resguardaron en casas de familiares, pero con el correr del tiempo sentían un temor más grande y mejor empacaron y se desplazaron del poblado definitivamente.
La decisión la tomaron con más firmeza y convencimiento después de que un juez de control vinculó a proceso a Albertino N y Nicolás N, dos habitantes de Tepetzintla que esa noche resultaron detenidos y acusados de ser delincuentes.
La gente del pueblo afirma que se trata de personas de bien, trabajadores, sin ligas con la delincuencia ni antecedentes, a quienes se está usando de chivos expiatorios.
Los dos resultaron acusados delitos contra la salud en la modalidad de posesión simple, ultrajes a la autoridad por medios violentos y posesión de vehículo con reporte de robo.
El gobierno de Veracruz, por medio de la SSP, y el gobernador Cuitláhuac García Jiménez, sostuvieron la versión de que los dos labriegos podrían ser parte de una banda delictiva que esa noche iba siguiendo la policía hasta el poblado de Tepetztitla, donde el operativo derivó en la muerte del anciano y su nieta.

CASAS VACÍAS
La casa de Genoveva Hernández, viuda de Bellarmino Cardeña, abuela de la menor asesinada, luce abandonada. Aún se miran manchones de sangre de las víctimas. El desastre y saqueo dejaron por los supuestos oficiales, quedó como testigo de esa noche de violencia.
El olor a la pólvora quemada se ha disipado, pero el temor y la angustia que se siente en esta localidad de la sierra de Atzalan, es palpable en la atmósfera.
Los animales de corral deambulan por los rincones buscando alimento, a la espera de sus dueños desplazados.
Las artes para trabajar en el campo, también están colgadas y llenándose de polvo.
Otras dos casas donde vivían víctimas de la masacre, dentro del solar de Bellarmino Cardeña, también se marcharon y dejaron todo por lo que lucharon durante años.
Durante unas tres semanas, la escuela de Tepeczintla no trabajó. Las familias vivían con miedo de mandar a sus hijos, y los pequeñitos tampoco querían ir. Ahí se iban a encontrar la silla vacía de María Magdalena.
El día de su sepelio, una docena de niños desfilaron delante de su caja de muerto para darle el último adiós, colocando rosas blancas

LA AMENAZA
Ese nueve de enero, elementos de la SSP arribaron por la madrugada al poblado de Tepeczintla presuntamente dando seguimiento a un grupo de delincuentes.
Fueron varias las casas a donde llegaron sin identificarse, golpeando y lanzando amenazas para sacar a sus ocupantes.
Pero al llegar a la de Bellarmino Cardeña, el hombre primero tomó una pistola y lanzó disparos al aire.
Le decían "sal, hijo de tu ·$%&$%, te queremos fuera", dijo Genoveva Hernández a este reportero.
Los intrusos lanzaron varias ráfagas de disparos.
Nadie se imaginaba que los agresores eran policías.
Con los disparos al aire, Bellarmino trató de espantarlos, pero hubo respuesta de fuego desde el otro lado de la puerta de la humilde casita de madera y cartón.
Desde el patio, arremetieron contra la vivienda, sin saber que dentro estaban dos adultos mayores y dos niñas.
El abuelo Bellardino soltó la pistola y tomó una escopeta para tratar de defenderlos y logra abatir a uno de los policías.
Otra descarga de disparos desde el exterior acabó con el hombre que, ahora se sabe, era un importante operador de los programas del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, y gran promotor del partido Morena desde sus inicios.
Cuando los oficiales se percataron del cadáver de la niña, amenazaron a todo el pueblo: "y cuidadito si uno de ustedes abre la boca, y dice lo que pasó acá, porque vamos a regresar y va a ser peor, mataremos desde el más chico al más grande”, contaron testigos de esos hechos bajo anonimato.

ÚLTIMO DÍA DE MARÍA MAGDALENA
Antes de irse a dormir, la noche que fue asesinada, María Magdalena echó en una alcancía las ganancias obtenidas por la venta de recargas en la tienda de su abuela Genoveva, en la cual además era la responsable de las maquinitas y de despachar los abarrotes.
Por la tarde se dio tiempo para ayudar a una de sus tías que se encuentra enferma.
Le preparó comida y la ayudó a aliñar una gallina de rancho sacrificada para hacerla en caldo.
Como la tía no podía preparar tortillas, la pequeña se las arregló para conseguirle unas pocas y que se alimentara.
Antes de marcharse, dio un beso a su apreciada tía y marchó a casa.
Un día normal en su vida comenzaba a las seis de la mañana preparando sus deberes con los animales de corral y los útiles para la escuela.
Además, ayudaba siempre a sus hermanos menores a prepararse para el colegio.
Cuando no iba la escuela, se iba con el abuelo Bellarmino a lo más alto del cerro, montada en una mula, para ayudarlo en la parcela.
Por los días de su asesinato, Bellarmino Cardeña irradiaba alegría al haber sido designado coordinador del Programa Sembrando Vida, y su nieta lo sabía: por fin le pagarían algo a su amado abuelo por hacer lo que por años venía realizando, cuidar los árboles de la cañada.
En ese lugar donde hay nacimientos de agua, y a una altura que acerca a las nubes, la pequeña ayudaba al adulto mayor con las labores para preparar le vivero.
Esa semana, por ejemplo, tenían la tarea de fertilizar el terreno donde estaban acondicionando para el colocar las plantas de árboles de maderas preciosas.
La pequeña participaba preparando el abono o bajando al pueblo, montada en la mula, a buscar el lonche para alimentar a los demás adultos.
Cuando veía un tramo parejo, acicateaba al híbrido y lo echaba al galope, libre, como una amazona ni si quiera recordaba su enfermedad, hidrocefalia.
"Yo no quiero ir a la secundaria, está muy lejos (casi dos hora caminando) prefiero ponerme a trabajar para comprar mis medicinas", solía decir.


4 comentario(s)

11 Feb, 2020 - 19:27
Cuitlahuac donde estan tus promesas d hacer justicia de apoyar alos pobres y necesitados.AMLO donde quedo sus acciones para dar la paz al pais. De ayudar ala gente y crear seguridad asta en los lugares mas pobres.

10 Feb, 2020 - 11:59
Se lo dejamos a la justicia divina el q a hierro mata a hierro muere

Anonimo 10 Feb, 2020 - 10:13
Aquí lo triste es que SSP y fiscalía todos los días presumen los supuestos logros, sentados en mesas de reuniones que no abonan nada, sin embargo, de este caso no han dicho nada por conveniencia, Hugo Maldonado sabe que no puede justificar el actuar de sus policías, pero que espera el gobierno para dar justicia?

09 Feb, 2020 - 21:43
Derecho de matar a gente inocente...y culpar a jente que se dedica a trabajar

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