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Expediente 2020
Miércoles 29 enero, 2020

Vidas segadas

Los primeros 4 feminicidios de Veracruz este año fueron los siguientes:
El viernes 3 de enero, la violencia corrió en Ixhuatlán de Madero, la tierra donde naciera el ingeniero Heberto Castillo Martínez, el símbolo moral y político y social del movimiento estudiantil del 68, el fallido candidato a gobernador frente al priista Miguel Alemán Velasco, y cuyo coordinador, paradoja de la vida, fue Andrés Manuel López Obrador.

Luis Velázquez

Se llamaban Ofelia José Pérez de 35 años de edad y Verónica Tolentino Pérez de 36 años de edad.
Se levantaron temprano para ir al monte a buscar leña para hacer el desayuno. Y cuando regresaban a casa, cargando la leña y bolsas con naranjas, fueron emboscadas en una brecha.
Y las mataron a escopetazo limpio. Y quedaron tendidas en el camino con las cargas de la leña y las bolsas con naranjas a un lado.
El asesino huyó. Y hasta anoche, ninguna pista, ningún sospechoso, ningún indiciado.
Ellas, con nadie se metían. Con ningún vecino del poblado “Juntas Grandes” tenían problemas ni conflictos. El campesino Juan Tolentino Pérez, esposo de Ofelia José Pérez, las identificó.
La foto circulada por la secretaría de Seguridad Pública a los medios resulta impresionante. Catatónica.
Una mujer quedó tirada boca/abajo y la otra boca/arriba. Las dos, con la ropita más sencilla y modesta de la vida. Y unos zapatitos comprados en el tianguis o en el mercado popular.
Vidas segadas. Frustradas. Felipe Calderón les llamaba “daños colaterales”, repitiendo el estribillo de George W. Bush a propósito de la guerra de Estados Unidos en los países árabes.
Y como siempre, la impunidad. La mismita impunidad con las más de doscientas cincuenta mujeres asesinadas el año anterior y que encumbraron a Veracruz con una nueva presea, una nueva medalla de honor para colgarse del pecho. El primer lugar nacional en feminicidios.
El 3 de enero, Jorge Wínckler cumplía 4 meses como prófugo de la justicia y la primera mujer Fiscal en la historia de Veracruz despachaba en su búnker de Xalapa, allí donde el primer día cuando llegara para tomar posesión acuñara frase bíblica:
“Aquí, mando yo”.

LA POLICÍA, CLARO, INVESTIGA
El 5 de enero fueron asesinadas la tercera y cuarta mujer en el mes que camina y que parece anunciarse de forma huracanada.
Una se llamaba María Elena Silvarán, de unos cuarenta años de edad. Estaba reportada desaparecida. Vivía en la ciudad de Veracruz y su cadáver fue descubierto en Manlio Fabio Altamirano.
En las redes sociales reportaron su desaparición. Desapareció cuando viajaba en su camioneta marca Chevrolet, tipo Trax, de color blanco.
En la foto circulada una mujer bonita, guapa, atractiva. Bien arregladita con su ropita fina. Con unos ojos y una sonrisa que iluminaban la vida mirando al fotógrafo, o en todo caso, a la persona con el celular.
Vivía en uno de los fraccionamientos de la zona de Mata Cocuite, en el puerto jarocho. Cerca, cerquita, del aeropuerto Heriberto Jara.
Entre la noche del sábado 4 y la madrugada del domingo 5 fue localizada en el poblado Limones, de Purga.
Según versiones, estaba amarrada de las manos con chingos de plástico.
Al momento, la impunidad. Claro, dijo el boletín, los detectives de la Policía Ministerial, oh Shelock Holmes, oh mi querido doctor Watson, están investigando para esclarecer el hecho.
Ajá.

LA MUJER DESCUARTIZADA
A la cuarta mujer asesinada le fue peor, todo parece. Fue en Pánuco el domingo 5 de enero.
Uno, descuartizada. Dos, la cabeza envuelta en cinta canela. Tres, el cadáver metido en bolsas de color negro. Cuatro, tirados los restos frente al salón social Los Mineros sobre la calle Plan de Ayala, en la colonia Revolución.
La policía también filtró la foto espeluznante a los medios con dos narcocartulinas a un lado.
En el par de cartulinas un mensaje directo a un grupo de extorsionadores que operan en Pánuco, el municipio conocido en el norte de Veracruz como Pánico.
Ellas son las primeras cuatro mujeres asesinadas este año en Veracruz. Feminicidio puro. Impunidad total y absoluta.
Y más, porque, está claro, un crimen hace olvidar el anterior y el anterior y el anterior y los homicidas físicos nunca son detenidos y los homicidas intelectuales jamás son conocidos, identificados, con todo y pertenecer, digamos, a un cartel o cartelito.
Es el Veracruz adolorido y angustiado. Montón de niños huérfanos. Montón de maridos viudos del mes de diciembre del año 2018 a la fecha.
Si Javier Duarte encumbró a Veracruz como el rincón más peligroso del mundo para el gremio reporteril, ahora, con MORENA en la silla embrujada del palacio de Xalapa, el primer lugar nacional en feminicidios por más y más que la Fiscal sostenga que van a la baja… que allá ella y sus numeritos.
Y por más y más que el góber jarocho de AMLO profetizara que este año los feminicidios irían en caída libre hacia la baja.
Los días y noches que caminan son así y como exclama un personaje novelístico de Carlos Fuente Macías, “¡Aquí nos tocó vivir y qué le vamos a hacer!”.
Y desde luego, la frase bíblica anterior en ningún momento significa consuelo ni resignación para cruzarse de brazos. Se consigna para enaltecer la impunidad en que estamos atrapados y sin salida en un túnel largo, gigantesco, sombrío, sórdido y siniestro, lleno de espinas y cardos y sin ninguna lucecita alumbrando la oscuridad.


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