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Viernes 06 diciembre, 2019

Cuitláhuac, "ten piedad de mi corazón"

•Empleado fue secuestrado en Cosoleacaque, y apareció asesinado pese al clamor de la familia para que el gobernador ayudar a encontrarlo con vida

•Cadáver impresentable, tan pronto fue identificado lo llevaron a sepultar, mientras el góber de López Obrador anunciaba con bombo y platillo reducción de homicidios

•Los deudos renuncian a pedir justicia; hacerlo pone en riesgo a los demás integrantes de la familia

•Se conforman con tener a su hermano de vuelta, “ya tenemos un lugar donde llorarle”, se resignan/IGNACIO CARVAJAL

  • Sepelio de Javier Mendoza Muñiz

  • Javier Mendoza Muñiz, desaparecido y asesinado

La familia de Javier Mendoza Muñiz tiene un mensaje para quienes lo asesinaron y secuestraron:
Que estén en paz, la familia no pedirá justicia.
No quieren saber quien o quienes lo privaron de la libertad hace una semana en Cosoleacaque y después lo mataron.
Saberlo, o que la policía los capture, no los devolverá a Javier.
Lo que sí creen, es que si no buscan justicia, habrá mucho menor riesgo de represalias contra alguno de los 14 hermanos que le viven a Javier.
Es una hermana de Javier Mendoza Muñiz, empleado de una empresa de seguros, quien da el mensaje a la prensa, bajo anonimato.
Es una decisión bien pensada después de haber encontrado el cadáver de su hermano, después de una semana de búsqueda frenética.
“Nosotros lo que queríamos era a nuestro hermano, ya está aquí, acá vamos a dejar todo, de mi parte, y de mi familia, no vamos a buscarle más”, resume la hermana que se asume vocera para anunciar el fin de este drama.
Se dieron cuenta de que había muerto por medio de las redes sociales, tras la aparición de un coche en Chinameca, con el cadáver de un hombre más o menos parecido a Javier, en el maletero, la noche del miércoles.
Para la mañana del jueves, estaban en el semefo de Cosoleacaque haciendo la identificación oficial.
Vieron fotos, una camisa, un video, estaban seguros de que era él. La búsqueda había finalizado.
24 horas antes, habían colocado una gran lona con la foto y los datos de Javier en el puente de Cosoleacaque, sobre la carretera 180, en la cual pedían coloración para localizarlo con vida.
Ahí fue donde tomó la palabra su padre, Cecilio Mendoza Villegas, “señor gobernador, por favor,le pido se ponga la mano en el corazón, ayude a buscar a mi hijo”, clamó el hombre entrado en años, rodeado por otros hijos.
Y es que Javier, el padre, el que siempre estaba ahí, era uno de los más allegados a Cecilio Mendoza, pendiente siempre de su salud, de su situación económica y dispuesto a pasar tiempo a su lado.
Los demás hermanos también clamaron, abrieron el corazón y expresaron su temor a no encontrar nunca más a Javier, a caer en esa situación de cientos de madres veracruzanas que no tiene un lugar a donde ir a llorar al ser amado arrancado por la violencia que intoxica al sur de Veracruz.
Los verdugos abandonaron el coche con los restos de Javier en la vía pública, en Chinameca, a unos 20 kilómetros del lugar donde había sido privado de la libertad, en el vecino municipio de Cosoleacaque.
Hasta ahora la familia desconoce el móvil del crimen. Nunca llamó nadie para pedir rescate.
Tan pronto como entregaron el cadáver de Javier Mendoza Muñiz, la familia partió al camposanto, a penas y dio tiempo de comprar un ataúd.
Unas 30 personas, pura familia, lo fue a entregar a la tierra.
Apenados por el avanzado estado de descomposición en el cual lo encontraron las autoridades, a los deudos no les quedó de otra más que llevarlo a sepultar con apremio.
Cecilio Mendoza Villegas de pronto tomó la cuchara del albañil cuando estaban colocando el cemento sobre las lozas que iban a guardar sus restos por siempre. Con amor, delicadeza, pero entero, dio unos cuantos movimientos para detallar el trabajo que hacían los enterradores,como si acariciara al ser amado ahí dentro.
Después dejó la cuchara. Tomó dos pedazos de madera que se encontró camino al panteón, un par de ramas, las cruzó, y como en el evangelio apócrifo que atribuyen a Santo Tomás (“el reino de Dios esta dentro de ti y a tu alrededo”) las cruzó y clavó a un lado de la tumba, formando la cruz.
La delincuencia les quitó el derecho a preparar un funeral digno para despedir y llorar a Javier, pero a Cecilio no le iban a arrebatar la oportunidad de encomendar el alma de su hijo a Cristo.


1 comentario(s)

Javier Torres Soto 08 Dic, 2019 - 13:36
Gobierno Federal y local son de Morena,y sigue el mierdero !!!!

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