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Historias de desaparecidos
Martes 22 octubre, 2019

"Nos ha tocado andar solos"

•Historia de una mujer que en la matanza de Minatitlán perdió a su hermano y a su cuñado y su hermano dejó en la orfandad a dos niños

Ignacio Carvajal

  • Altar en casa de la familia de Fulbia Salianas, donde recuerdan a los dos familiares caídos el día de la tragedia

  • Las manos de Fulbia, tensas y sumidas en la depresión

  • Altar en casa de la familia de Fulbia Salianas, donde recuerdan a los dos familiares caídos el día de la tragedia

  • Documento en el cual la SEDENA reconoce no contar con información sobre los resultados de la Guardia Nacional en Minatitlán

Transcurrieron seis meses desde la masacre en la palapa Los Potros, de Minatitlán. Ese día celebraban el cumpleaños 51 de Fulbia Salinas Jiménez, y un grupo de delincuentes arribó para disparar contra los asistentes. Murieron 13 de los invitados.
Al paso del tiempo, Fulbia Salinas Jiménez ha tratado de entender lo ocurrido pero no le alcanzan las neuronas ni las lágrimas.
Se cuestiona: "¿y en adelante, cómo será para mí esa fecha?" Carga un sentimiento de culpa por el multihomicidio de tantos a quienes ella conocía, y que horas antes la habían felicitado por sobrepasar el medio siglo de vida.
Ese día mataron a su hermano, Leobardo Salinas Jiménez, de 31 años, y a su cuñado, Heber Ricardo Reyes Martinez, El Potro, al que estimaba profundamente por la relación de camaradería y apoyo fraterno, pues además era su compañero de trabajo en Pemex, donde ella labora en un taller.
"Me duele saber qué pasará con los dos hijos de mi hermano, están chiquititos, no tienen papá", cuenta en entrevista al asegurar que en todo este tiempo no han recibido la ayuda prometida por las autoridades.
Ha perdido unos 20 kilos de peso, sufre una profunda depresión que días la mantiene en cama llorando, o debe recurrir a medicación para sostenerse y andar por ahí como un zombi.
Constantemente se cuestiona por qué le tocó cargar con esa tragedia, por qué en su cumpleaños, por qué a sus amigos y por qué a sus seres amados.
Le pesa como una gran loza que en Minatitlán se recuerde ese día. Que así pase a la historia. Cómo la masacre en el día de su cumple, el mismo día que mataron a su hermano y cuñado. A diario trabaja con sus terapeutas para entender y aceptar su realidad antes de caer al precipicio que dejan los hechos de sangre.
Cuando cree haber llegado a la orilla, le viene el recuerdo de sus seres amados, y de nueva cuenta tropieza. Incluso, al interior de su familia ha habido fricciones, pues algunos la responsabilizan porque eso pasó por sus ganas de celebrar onomástico.
Sin embargo, así como ha tenido problemas familiares ha encontrado el amor, el respeto y la solidaridad de gran parte de los suyos, de sus hijos que no la dejan caer y sobre todo de muchos de los asistentes a su fiesta quienes le han manifestado que no hay rencores pese a las pérdidas.
Y acá no vino el gobierno municipal, ni el estatal ni el federal con sus caravanas a ayudar a Fulbia, ella ha salido poco a poco adelante a paso firme con el apoyo de su familia. Personas que como ella también están rasgadas por la violencia, que casa día 19 celebran rosario por la memoria de los muertos con la firme esperanza de que encuentren paz y el camino al paraíso.

LOS INVITADOS
En plática con este periodista recuerda que previo a la pachanga, ya andaba con pocas ganas de festejar. Le latía más irse de viaje con su familia pero a petición de otros seres amados fue que organizó la fiesta al puro estilo de su tierra, Juchitán.
Mandó traer diez cartones de cerveza pero su pariente le dijo que no fuera coda y pidió otros diez.
Otro ofreció un pastel y una hermana se postuló para la botana.
Ella puso cochinita con espagueti y la hermana que dio la botana sacó un guiso de pescaditos en salsa, bolitas de queso fritas, huevos de tortuga, cacahuates sazonados con ajo, minilla y un gran cazo de tamales.
En este tipo de festejos es importante darle de comer a los invitados primero el platillo fuerte, la cerveza y conforme avanza la fiesta y la música para el baile, van desfilando las botanas que son servidas por damas ataviadas en coloridos trajes regionales de Oaxaca los cuales muestran tocados dorados, estampados y elevadas tonalidades que se funden intensamente con los rojos o rosados de los labios de las mujeres que los portan, los manjares que llegan a la boca de los comensales son igual de satisfactorios que la belleza de las anfitrionas.
Para ese día ella y sus hermanas hicieron el gasto fuerte para llevar vestidos regionales, los más impactantes y resplandecientes, y que resultaron apagados cuando llegó la muerte.
De fondo sonaba La Vida es un Carnaval, de Celia Cruz, y las balas comenzaron a golpear los cuerpos. Uno a uno caían entre las mesas. Ella recuerda que alcalzó a esconderse, y todo pasó en segundos. "Alguien me jaló de la pierna y me decía ayúdame-ayúdame", pedimos una ambulancia para que nos ayudarán y tardó una eternidad. Ya no se pudo hacer nada por mi hermano", recuerda.
El cazo de los tamales, el gran pastel y los huevos de tortuga listos para consumirse quedaron ahí en medio del caos. Hasta la fecha la Fiscalía general del estado no ha devuelto la propiedad dónde se alza la palapa Los Potros a sus propietarios, en el inmueble también está la casa de los dueños y no pueden vivir en ella porque la policía no los deja y llevan seis meses pagando renta.

DESCONFIADA
Desconfía de las versiones en donde se acusa a Julio César González Reyna, alias “La Becky”, de ser el blanco de los tiradores. Realmente ella no sabe qué pasó.
"Si lo hubieran querido matar a él, lo hubieran buscado en su negocio, la Esquina del Chacal, o en la calle o en otro lado, no acá donde mataron a tantos", cuestiona.
El sufrimiento ha sido peor al saberse desamparada, pues al menos a ella el gobierno no le ha apoyado con nada.
En estos seis meses, las terapias, consultas y los trasladados a buscar especialistas para dejar atrás esos recuerdos, han corrido por su bolsa, y con el apoyo de Pemex.
Los pobladores de Minatitlán viven en la angustia de los homicidios, el cobro de piso, el asalto a con violencia, los secuestros y feminicidios.
Desde esos acontecimientos, han sido tres las ocasiones en que víctimas del delito toman la autopista Cosoleacaque-La Tinaja, que corre frente a Minatitlán, para exigir seguridad a las autoridades. Una de las últimas por el caso de la joven Izamar Méndez Méndez, privada de la libertad en Minatitlán, encontrada sin vida horas después en bolsas negras.
El último reporte del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública volvió a poner a Veracruz a la cabeza de secuestros y feminicidios, solo hay una baja reducida en homicidios.
Una semana después de la masacre, desde Mina, el Presidente Andrés Manuel López Obrador prometió que lanzaría en el sur de Veracruz la primera gran operación de la recién creada Guardia Nacional, y la violencia se acabaría en seis meses.
Pero seis meses después no hay avances pues al dar respuesta al Recurso de Revisión RR 9921/2019, la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) admitió no contar con documentos o datos en los cuales contaran los resultados obtenidos por al Guardia Nacional desde que fue implementada en el sur de Veracruz.
A la masacre de la Palapa Los Potros, se sumó la de Caballo Blanco, en Coatzacoalcos, con 30 víctimas, y la de Catemaco, con dos muertos y 8 lesionados, entre ellos tres menores de edad.

BUSCANDO PAZ
Fulbia Salinas y su hijo mayor, que practica béisbol, salen por la tarde a caminar por las canchas de la liga La Pequeña, en Minatitlán. Su hijo, que viene de participar en ligas profesionales, acude a jugar con un equipo local, y ella, a buscar un poco de paz entre recuerdos.
Fulbia y su hijo Diego acá compartieron las primeras victorias con César Hernández Barrera, padre de Santi, de un año de edad, y sobrino de Irma Barrera, promotora deportiva, los tres murieron ese día en la Palapa. César Hernández Barrera también era un gran pelotero, al morir, era entrenador de un equipo de jóvenes.
En el ambiente se siente la energía de las tres víctimas, cuenta Fulbia, pues siempre estaban en estas canchas, ahora son un santuario.
"A veces, cuando estamos jugando, después de lo de la palapa, uno se viene abajo, y no levantas, te ganan fácilmente, así me pasó hoy, y por fin me di cuenta de lo que pasaba, ¡que falta nos hace César en el equipo, por eso luego nos cuesta mucho ganar los partidos, es cuando sentimos más su ausencia", dice el hijo mayor de Fulbia, ella lo mira y reconoce que tiene la razón.




1 comentario(s)

Rey 22 Oct, 2019 - 12:43
Hay una deuda con las familias d región sur y mientras hay desconfianza hacia los policias...

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