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Barandal
Jueves 03 octubre, 2019

Vivir de la esperanza

•Migrantes de África
•Paisaje en Veracruz

ESCALERAS: Hay en Veracruz, como en partes de la república amorosa, un nuevo paisaje urbano. Son los migrantes de América Central, quienes ya estaban. Ahora, multiplicados con los ilegales del continente asiático y africano. Incluso, indocumentados que antes quedaban en España, por ejemplo, ahora, con la república amorosa de AMLO, caminando por aquí soñando, como siempre, con la tierra prometida.

Luis Velázquez

Están aquí en las ciudades urbanas de la tierra jarocha. Todos los días caminan de sur a norte. Pero también durante varios días se instalan en alguna ciudad. Y en tanto los ilegales de Guatemala, Honduras y Salvador siguen caminando sin detenerse, los africanos piden limosna.

PASAMANOS: En los cruceros de las avenidas y en los altos, afuera de las plazas comerciales, a la entrada de las iglesias, algunas veces caminando a paso lento y pausado en algún fraccionamiento, se les mira con las manos juntas y tendidas y la mirada “de borreguito a medio morir” invocando la misericordia del corazón humano.
Ten piedad de mí, parecen exclamar. Dame unos centavitos, piden. No he comido, dicen.

CORREDORES: Por lo general, son hombres solos. También, hay mujeres. Y atrás de cada uno de ellos existe una historia quizá sombría.
Una historia de miseria y pobreza, pues ni modo migren por gusto desde el otro lado del mundo hasta Estados Unidos, pasando tantos ríos y mares y pueblos y naciones.
Desde luego, también huyen de la guerra. Y antes, mucho antes de morir de inanición en sus tierras pues “muchas cornadas da el hambre”, o de un balazo, una bala perdida, una bomba, millón de veces migrar soñando con que una vez instalados, con una chambita pagada en dólares, envíen remesas a sus familias.
Vivir, pues, de la jodida esperanza.

BALCONES: Todos habrán dejado esposas, hijos, padres ancianos que necesitan de ellos.
El fracaso de la política económica en todas las regiones del mundo. Unas cuantas familias, dueñas de más del 60 por ciento de la riqueza nacional. Y miles y miles de familias desarrapadas.
En un lado de la cancha social, unas pocas familias propietarias de palacios, mansiones, edificios, ranchos, ganado, automóviles, yates y aviones.
Y en el otro lado, la jodidez en su más alto decibel.
Bastaría recordar que en Veracruz 6 de los 8 millones de habitantes están en la pobreza y la miseria y un millón de paisanos solo hacen dos comidas al día y mal comidas y Veracruz ocupando el primer lugar nacional en la producción y exportación de trabajadoras sexuales.

PASILLOS: Los migrantes africanos andan por todos lados de Veracruz. Incluso se han metido hasta en Xalapa. En algunas avenidas, con la misma pose virtual. Las manos juntas elevadas al cielo clamando la solidaridad cristiana y evangélica, claro, anexas y conexas.
Algunos, con sus kairelitos colgando. El pelo ensortijado como bejucos, bugambilias, estropajos si se quiere.
Y como ninguna palabra han aprendido en español, entonces miran con piedad a los demás y se llevan la mano al corazón y dan las gracias les den o no les den unos centavitos.

VENTANAS: Un día, en el café de La Parroquia, un pedigüeño se acercó al escritor Carlos Monsiváis y le extendió la mano. Monsi, que así le llamaban los amigos, había acomodado un montón de moneditas en una pirámide. Y dio unas al señor de unos 60 años. Y exclamó:
“¡Me repatean la pobreza y la miseria!”.
Murió y la vida sigue igual. O peor. La profecía es cruel, pero inevitable. Jodido naciste, jodido estás y jodido seguirás.


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