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Expediente 2019
Sábado 28 septiembre, 2019

El Cartel Feminicida

Fortín. 5 de septiembre. Una maestra es asesinada. Se llamaba Yineria Nieto Cabrera. Salía de su casa en el Frac. El Bosque. Era la mañana del jueves. Las 8:20 am. Instructora de gimnasia viajaba en su camioneta Chevrolet.
Un par de malandros se transportaba en una motocicleta y se le acercaron. Dispararon a quemarropa. Con alevosía, ventaja y premeditación. Saña y barbarie.

Luis Velázquez

Tenía 38 años. Tres hijos. Madre soltera.
Tuxpan. 5 de septiembre. Un cadáver quedó tendido en el camino de terracería Tierra Blanca-Frijolito. Era de una mujer, secuestrada días anteriores. Los dedos de la mano derecha, amputados. Unos vecinos descubrieron el cuerpo sin vida de la mujer. Desconocida.
El cuerpo, en avanzado estado de putrefacción.
Pánuco. 22 de septiembre. En la colonia Maza, una mujer fue herida. Luchando contra la vida y la muerte, pudo ingresar a una vivienda en la calle 16 de septiembre, esquina Benito Juárez. Poco después, murió. Las heridas de una arma de fuego en la espalda y el cuello. Desconocida, fue enviada al Forense.
Son los penúltimos tres feminicidios en un Veracruz donde la estadística de la muerte de mujeres va llegando o ya llegó a los doscientos.
La diócesis de Orizaba ubicó a Veracruz en el primer lugar nacional en feminicidios, cuando, caray, ocupamos ya el primer lugar nacional en secuestros. Y el primer lugar nacional en adolescentes embarazadas y en abortos y en cáncer de mama.
Si en el Instituto de Pensiones, IPE; hubo, dice el COPIPE, un cartel del IPE, entonces, los carteles y carteles se multiplican de norte a sur y de este a oeste de la tierra jarocha como un mal fario, un pésimo karma, como la humedad, los ácaros y los conejos.
Los días que se viven y padecen en ningún momento son los mejores, sino los peores entre los peores.
Con todo y lo que pueda lanzarse de lodo al pasado, nunca en Veracruz tantas mujeres asesinadas.
¡Ah!, con todo y un par de Alertas de Género que sirven para “una y dos con sal”.

ANTOLOGÍA DE LA MUERTE FEMENINA
Los días son huracanados y fatídicos para la población femenina.
La elite eclesiástica ha protestado. Los feligreses de la iglesia católica caminan en calles y avenidas con el Santísimo por delante. El arzobispado y obispos publican comunicados describiendo el infierno local. Las ONG levantan sus voces exigiendo seguridad.
El número de niños huérfanos aumenta, fuera de control. También los hombres viudos. Y los padres ancianos que dependían de la ayuda económica de sus hijas, quedando a la deriva social.
En la antología de la muerte femenina hay menores de edad, adolescentes, jóvenes, solteras, casadas, divorciadas y viudas.
Hay también señoras, amas de casa, profesoras, maestras de gimnasia, empresarias y trabajadoras sexuales. Incluso, tres mujeres policías.
A cada rato, desde el gobierno de Veracruz alardean que el índice de violencia va a la baja, en caída libre. “Y estamos contentos, muy contentos” como dice y repite el gobierno de Veracruz.
Y en el terreno de los hechos, la realidad real, “el infierno tan temido”, pues el número de mujeres asesinadas crece y crece y crece.
Será que la secretaría de Seguridad Pública está rebasada. Será que la Fuerza Civil llegó a su principio de Peter. Será que la Gendarmería Nacional sigue fallando. Será que las policías estatales y municipales están filtradas por los malandros. Será que los carteles se han endurecido para sembrar más terrorismo. Será porque el machismo alcanza su peor decibel a partir, entre otras cositas, digamos, y más allá de la violencia masculina, del alcohol y el consumo de drogas. Será porque con “Jorge Wínckler sucedían cosas peores”…
Pero sea lo que sea, en ningún gobierno de Veracruz, tantos feminicidios.
Y cuando una clase dominante resulta incapaz de garantizar la seguridad en la vida como lo establece el Estado de Derecho, entonces, el desencanto social espera el momento para ajustar cuentas en las urnas.

DIEZ MESES QUE HAN ESTREMECIDO A VERACRUZ
Todos los seres humanos fuimos traídos al mundo para ser felices. Y aun cuando la felicidad total y absoluta es una utopía pues en la vida solo hay momentos felices que se van juntando para el recuerdo y la nostalgia, las mujeres de Veracruz están padeciendo los peores días y noches de sus vidas.
Y lo insólito: el desdén y el menosprecio oficial, incluso, el pitorreo, por ejemplo, cuando la autoridad minimiza la estadística de la muerte.
En cada una de las casi doscientas mujeres asesinadas en los últimos diez meses (Diez meses que han estremecido a Veracruz) hay un sistema político incapaz, indolente, ineficiente, ineficaz.
Y, claro, autoritario, donde la clase dominante en el poder “se lava las manos” en cada feminicidio y ha llegado a la locura irracional de inculpar al machismo como eje central, vaso comunicante, del crimen de mujeres.
Y lo peor entre lo peor, y como siempre, negar el oleaje feminicida asegurando que son menos, mucho menos las muertes.
Queda claro: un solo asesinato de una mujer basta y sobra para evidenciar el fallido Estado de Derecho y cuya esencia básica, gritonean los teóricos del derecho, es garantizar la seguridad en la vida.
Y más, cuando cae en la cancha de la impunidad como están la mayoría.
Días polvorientos y desventurados. Días de guardar. Decenas de hogares llorando a sus mujeres asesinadas.


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