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Expediente 2019
Sábado 07 septiembre, 2019

9 meses de reality-show

Nueve meses de MORENA en el palacio de Xalapa se han ido en dimes y diretes. La vida pública reducida a un simple pleito de vecindad, donde las elites políticas son los actores teatrales. Casi casi, una comedia o una tragedia. El destino social de los 8 millones de habitantes de Veracruz, más, mucho más de los 6 millones en la pobreza y la miseria, en la jodidez.
Ningún hecho, acción, programa de gobierno, filosofía política de Estado, anuncia tiempos favorables para enaltecer la vida diaria.

Luis Velázquez

9 meses en el reality-show. Todos contra todos.
Panistas, priistas y perredistas en contra de los Morenistas. Y viceversa.
Diputados locales de MORENA sublevadas al patrón evidenciando “a tiro por viaje” al titular de la Junta de Coordinación Política de la LXV Legislatura, incapaz de sumar, tejer y destejer, mantener un eje de conducta que una a todos.
Lo peor: luego de cada matanza de los carteles y cartelitos, de cada ciudadano asesinado y tirado su cadáver en la vía pública o a los ríos para flotar aguas abajo, una política reactiva de la secretaría de Seguridad Pública siguiendo a los malandros, quienes imponen así la agenda pública.
Muchos, demasiados hogares y están enlutados. Podría asegurarse que no hay una sola familia sin un pariente asesinado o desaparecido, sin un amigo, sin un compadre, sin un conocido.
Cada vez, los cementerios multiplicando las cruces. Cada vez, más temor y miedo y horror y pánico en el diario vivir.
En cientos de pueblos, apenas pardea la tarde, la población se concentra en sus casas temerosas de un asalto, un secuestro, un levantón, una bala perdida, en tanto solo escucha en las calles el ruido de las motocicletas donde se transportan los malandros.
Hay, cierto, desempleo, subempleo y salarios de hambre. Hay pésima calidad educativa y peor de salud pública. La población sigue migrando a Estados Unidos sin papeles soñando con un empleo pagado en dólares.
Pero de los graves pendientes, la inseguridad, la incertidumbre y la zozobra es el más grave, pues continuamos todos en el infierno.

RESPIRAR VIENTOS DIFERENTES
Fernando Gutiérrez Barrios fue elegido candidato priista a gobernador en el año 1986 luego del despapaye causado por Agustín Acosta Lagunes con su “Sonora Matancera”, los carteles de entonces, la mayoría comandados por los caciques regionales, entre otros, Felipe Lagunes, Cirilo Vázquez Lagunes, Toribio “El toro” Gargallo, los hermanos Cabrera Sahagón y Luis Rivera Mendoza, de la región de Chicontepec y Huayacocotla, entre otros, los más conspicuos.
Entonces, con su gran equipo de seguridad, Gutiérrez Barrios pacificó Veracruz en 40 días.
Y en 40 días se sintió un gran cambio social en la vida cotidiana, pues se pudo respirar con tranquilidad.
Fue, incluso, la misma tranquilidad respirada cuando Patricio Chirinos Calero dejó la silla embrujada del palacio de Xalapa y entró Miguel Alemán Velasco.
Se sintió y respiró un aire diferente. Una paz interior que venía, sabrá el chamán, desde “la noche de todos los tiempos” como dice el relato bíblico.
Ahora, 9 meses después, el gobierno de MORENA está atrapado y sin salida en el principio de Peter. No puede. Está imposibilitado y el góber como lorito se reduce a decir que “ya merito, ya merito, ya merito” detendrán a los malandros.
Se trata de una venta burda, ramplona, barata y circense de esperanzas y que simplemente, a ningún lado conduce, más que, en todo caso, “tomar el pelo” a la población.
Así han transcurrido 9 meses y el rollo de que en dos años Veracruz sería pacificado es puro cuento. Chorizo puro. Pose teatral expresada con el más absoluto desconocimiento de la realidad y con total inconsciencia social.

VIVIR EN UN VIRTUAL ESTADO DE SITIO
Cosas absurdas siguen dándose.
El secretario de Seguridad Pública sembrando florecitas en un jardín de Xalapa.
La secretaria de Turismo, aquella de “Veracruz se antoja”, asegurando, ajajá, que la masacre de Coatzacoalcos, 30 muertos por lo pronto, en nada afectará el impresionante flujo turístico.
Y AMLO, caray, levantando la mano y vitoreando de nuevo a su gobernador, ahora en Papantla.
Está muy bien que entre las elites políticas se tiren incienso, pues forma parte de su egotismo, soberbia y vanidad.
Y más, cuando como en el caso, han creado “un mundo color de rosa”.
Pero la población toda, de norte a sur y de este a oeste, ya está harta de tanta inseguridad. 9 meses perdidos en gerundio, anunciando lo que harán según ellos. Más de mil 400 asesinatos. Miles de comercios y negocios cerrados. Cientos, miles quizá, de casas en venta. Cientos de familias migrando de Veracruz a otras entidades federativas y hasta el extranjero, quienes pueden.
El miedo y el temor en la vida diaria. Virtuales Estados de Sitio en todos lados. Veracruz, campeón nacional en secuestros y feminicidios.
Y es que luego de tanta matanza (además de la masacre diaria pues hay días cuando matan a doce, trece, catorce personas), las matanzas de Coatzacoalcos, Minatitlán, Mixtla de Altamirano, Soledad Atzompa, etcétera, nunca Veracruz ha estado en el peor infierno de su vida.
La Guardia Nacional, la Fuerza Civil, las policías estatales y municipales, las guardias comunitarias, las autodefensas, las marchas de los obispos y los feligreses, las cadenas de oraciones, las homilías clamando el restablecimiento de la tranquilidad, han fracasado.
Y en vez de ponerse a rezar como dice el arzobispo y en vez de cuidarse unos a otros como se le ocurrió al presidente municipal de Xalapa, entonces, cada quien ha de procurarse a sí mismo, y hasta donde pueda, a los suyos.
Vivir, como decía aquella diputada ex panista, en un Toque de Queda.
Nada de exponerse si es innecesario. Nada de salir a la calle en la noche. Nada de andar en el antro. Nada de vida nocturna en los restaurantes, bares, night club, incluso, plazas comerciales. Nada de mirar feo al conductor de la esquina en el alto. Nada de contestar agresiones. Nada de oponer resistencia si te asaltan.
Nada de viajar de noche ni de madrugada, y menos, en las carreteras. Nada de ir a los moteles, y menos, en las noches. Nada de pasarse de copas en una fiesta y luego irse a casa. Y manejando. Nada de aventuras sexuales en las noches tipo Sancho. Nada de levantar mujeres o machitos disfrazados de mujeres en la noche. Nada de contestar celulares de desconocidos.
Todos los días se vive en Veracruz en el precipicio, a la orilla de la navaja, al borde del abismo delincuencial.


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