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Expediente 2019
Miércoles 04 septiembre, 2019

Los examigos azules

Joaquín Rosendo Guzmán Avilés, el panista soñando con la presidencia del CDE, es un político diplomático. 3 veces presidente municipal, 3 veces más diputado, secretario de Desarrollo Agropecuario, con dos hermanos legisladores federales y con un hermano alcalde de Tantoyuca en funciones, su pueblo, anda trepado en el ring, pero sin provocar la furia de su adversario, Miguel Ángel Yunes Linares.

Dice:
“Ninguna ruptura hay con Yunes. Entre ambos solo existen diferencias en la manera de ver al partido”.
Cierto, ciertísimo. Pero al mismo tiempo, omitió precisar la distancia kilométrica, años luz, con el Yunes azul.
Claro, de algún modo lo dijo en la plática con el Diario de Xalapa, Itzel Molina, el viernes 23 de agosto:
“Nosotros tenemos 25 años de ser panistas. Ellos (el padre y el par de hijos) apenas tienen diez. No conocen el PAN por dentro”.
Pan comido, entonces, para Guzmán Avilés con 25 años de militancia azul, antes, como Yunes, priista, partido del que se alejó cuando le cerraron las puertas para la curul local.
“El chapito”, así mejor conocido, es hábil. En ningún momento rompe con Yunes. Pero, bueno, desde la anterior campaña electoral, cuando desde su pueblo, Soledad de Doblado, filmara un video en contra de Pepe Mancha y sus trampas, quedó claro el camino político, electoral y social de cada uno.
Eran amigos. Incluso, el primogénito de Yunes le decía “tío”. Más todavía: “El chapito” le abrió el muro de Berlín a Yunes recién llegado al partido azul. Lo paseó de norte a sur y de este a oeste. Nada fácil sería que le habría financiado su campaña.
Luego, en tiempo crucial, Guzmán Avilés fortaleció a Yunes con los votos para Felipe Calderón como candidato presidencial en la elección interna.
Incluso, “El chapito” se mantuvo firme, leal, fiel, a Yunes cuando Gerardo Buganza Salmerón y Juan Bueno Torio renunciaron al partido inconformes, molestos, irritados, emberrinchados, porque el dedazo presidencial panista favoreció a Yunes Linares como candidato a gobernador.
Nunca nadie en el Veracruz panista fue tan leal a Yunes como Guzmán Avilés.
Luego, envidioso de su capital político, quizá su vida política propia, su independencia y autonomía económica, su arraigo en el norte de Veracruz, la firmeza de sus principios y convicciones, 25 años de militancia, Yunes lo excluyó.
Y cuando se sentó en la silla embrujada, imperial y faraónica del palacio de Xalapa, lo arrumbó.
“El chapito”, por ejemplo, soñaba con la secretaría General de Gobierno, méritos suficientes, resultados de sobra, capacidad política fuera de duda, para convertirse en el segundo del palacio.
Por el contrario, el jefe máximo de la dinastía Kennedy del Golfo de México lo envió a la secretaría de Desarrollo Agropecuario, médico general que es, en ningún momento veterinario.
Y, de ñapa, nomás para mostrar el puño y el músculo, le redujo el presupuesto anual de 500 a cien millones de pesos.
Guzmán Avilés aguantó vara. Pero como dice el adagio ranchero, “ni hay enfermedad que dure cien años ni enfermo que lo aguante”.
Por eso el deslinde. Político al fin, se mantiene diplomático.
“No hay ruptura con Yunes. Entre ambos sólo existen diferencias en la manera de ver al partido” dice Joaquín Guzmán.
Las diferencias, sin embargo, atraviesan por distancias kilométricas, años luz.

ACOMODO DE LOS ASTROS AZULES

La ruptura es categórica. Se ignora si definitiva, pues en el camino pudieran, digamos, recomponerse considerando, como decía José López Portillo, que los políticos se volverían unos cínicos.
Pero se duda.
Por ejemplo, el protegido de Yunes, José de Jesús Mancha, de nuevo candidato al CDE del PAN, ha disparado su R-15 a Guzmán Avilés, diciéndole entre otras cositas que es candidato de Cuitláhuac y de MORENA, pues omite un discurso en su contra.
Falso. Dice:
“El gobierno del estado anda batallando. Está teniendo problemas. Y eso debemos aprovechar”.
Fino, sensible, sin treparse al fogoso ring como peleador callejero, rápido y furioso, bronco, energúmeno, “El chapito” mira para adelante.
Pero Mancha, tan manchado por el ORFIS, Órgano de Fiscalización Superior, solo interpreta el discurso de su jefe.
Así, mientras Guzmán le ofrece rosas y nardos a Yunes, Yunes le revira con espinas y cardos.
Más aún, si Guzmán Avilés gana la presidencia del CDE, entonces, muchas cosas cambiarán para Mancha, pero más aún, para los Yunes.
Una. La caída partidista de los Yunes. Y por añadidura, el cierre de la llave. Las constructoras de Pepe Mancha quedarían sin chamba, por ejemplo.
Dos. Los aspirantes y suspirantes de la yunicidad a un cargo de elección popular se las verían difíciles, aun cuando Guzmán Avilés ha ofrecido “piso parejo, pues quienes deciden son los militantes. No te ofrezco hacerte candidato, regidor o diputado. Pero ofrezco mesa parejo”.
Tres. Algunos militantes ya amarrados para alcaldías y curules se derrumbarán. Y habrán de someterse a la competencia interna, cien por ciento, aguerrida.
Cuatro. Las fuerzas panistas en la LXV Legislatura y las presidencias municipales experimentarán un cambio sustancial. La era Mancha. La era Yunes. La era Guzmán Avilés y los suyos, entre ellos, Enrique Cambranis, Tito Delfín, Julen y Bingen Rementería, Germán Yescas, Alejandro Salas, Omar Miranda, Francisco Gutiérrez de Velasco, Víctor Serralde y Raúl Martínez.
Los astros se están acomodando del lado de Guzmán Avilés y con todo y sentir el mejor karma, vientos favorables, es generoso y solidario con Yunes Linares, quien tanto utilizara su nombre y prestigio en el pasado inmediato


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