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8 Columnas
Jueves 07 marzo, 2019

El PRI y sus primeros 90 años


Por Eduardo de la Torre Jaramillo

El Partido Nacional Revolucionario (PNR) vivió 9 años, el Partido de la Revolución Mexicana (PRM) 8 años y el Partido Revolucionario Institucional (PRI) apenas tiene 73 años; el primero fue una fusión de más de 100 partidos polí­ticos, que en sus orí­genes no tuvo...

una cohesión polí­tica porque eran más poderosos los cacicazgos estatales en el interior del PNR, quienes cedieron sus partidos para conformar a esa nueva institución polí­tica nacional diseñada desde los Estados Unidos, porque no fue una idea de unos profesores rurales metidos a generales de la revolución mexicana, aquel no tuvo sectores y su razón de ser giró alrededor de Plutarco Elí­as Calles, quien lo dominó de 1929 hasta 1936.
En el caso del PRM, fue la creación de Lázaro Cárdenas del Rí­o, primero para reorganizar el poder polí­tico después de que expulsó del paí­s al Jefe Máximo de la revolución mexicana, como se le conoció a Plutarco Elí­as Calles; de hecho, nacionaliza el experimento polí­tico que habí­a llevado a cabo cuando fue gobernador de Michoacán (1928-1932) que sectorizó al PNR, implementó los sectores agrario, obrero y militar, pero además le sirvió para dejar sentadas las bases para el sistema capitalista al sectorizar a la sociedad mexicana en un instituto polí­tico, bajo la idea de la “unidad nacional”. Es pertinente mencionar que en esta época nació el presidencialismo “metaconstitucional”.
El PRI que formalmente nace con ese nombre en 1946, y que es el último reajuste partidista en el sistema polí­tico mexicano en el siglo XX, un partido para la naciente clase media, a quien le crean su sector: el popular y desaparecen el militar; un partido que nace para impulsar la modernización autoritaria en el paí­s, y que allí­ inicia la urbanización, el incremento de la escolaridad, la industrialización, la movilidad social como resultado de lo anterior, al mismo tiempo que la consolidación de la corrupción como la propia funcionalidad del sistema polí­tico. Fue así­ como México llegó en 1960 como paí­s urbano con el 51% de su población que ya viví­a en ciudades, de allí­ que el desenlace lógico en el plano polí­tico era la democratización del paí­s, la cual se vio frenada en 1968 con los acontecimientos de Tlatelolco, con lo que se cierra el sistema polí­tico, y allí­ empiezan los radicalismos en la izquierda mexicana, que por cierto estaba proscrita en el paí­s, por eso las guerrillas urbana y rural en los años setenta.
De cierta manera el PRI se convirtió en un partido “cartel” de 1968 hasta 1988, pasamos desde su creación como un partido de “Estado” a uno “hegemónico” en la definición soft de Sartori, aquel definido por su “agregación” que no libra batallas por polí­ticas sino por su sobrevivencia; en cuanto a su “socialización” sólo se manejaba electoralmente no de manera ideológica (del nacionalismo revolucionario pasó al liberalismo social y de allí­ a no tener ideologí­a) por eso la importancia electoral para aumentar las prerrogativas; finalmente, el PRI mantuvo una simbiosis con el presidencialismo.
Si bien en 1986 la “Corriente Democrática” libró una batalla por las polí­ticas públicas, éstos pugnaron por una visión más nacionalista frente a los llamados “tecnócratas”, en ese tiempo encabezados por Miguel de la Madrid Hurtado; al final rompen Cárdenas, Muñoz Ledo, Martí­nez para disputar primero la presidencia de la república en 1988 con el Frente Democrático Nacional y después crearon el Partido de la Revolución Mexicana, ese fue el primer sacudimiento partidista más importante de fin de siglo.
El PRI en los tiempos de Carlos Salinas de Gortari irrumpió en el escenario con una nueva ideologí­a, la del “liberalismo social”, como su herencia sociopolí­tica mexicana, quien articuló el concepto fue Jesús Reyes Heroles; y con la idea del primer mundo en las elecciones intermedias de 1991, el PRI ganó 290 distritos electorales de 300, se convirtió en una maquinaria electoral gracias al programa social de “solidaridad”. Después, en 1994 vinieron los asesinatos de Luis Donaldo Colosio Murrieta y Francisco Ruiz Massieu y la primera crisis económica de la globalización.
En la presidencia de Ernesto Zedillo Ponce de León, éste tuvo que implementar la “sana distancia” entre el presidente y el PRI, también como exigencia del condicionamiento democrático al cual estaba sujeto el paí­s; por ejemplo, en el Tratado con la Unión Europea en dos de sus cláusulas reglamento como exigencia la democracia y el respeto a los derechos humanos en el paí­s para que pudieran fluir las inversiones europeas. Ante la transición más larga en el mundo, llega a la presidencia de la república el PAN, primero con Vicente Fox y después con Felipe Calderón, y en esos 12 años que el PRI no tuvo la presidencia de la república, no se democratizó, no cambió, sino que simple y sencillamente espero que la sociedad mexicana castigará a los miedosos para gobernar, quienes ejercieron el poder de acuerdo a las directrices de Lampedusa (“hay que cambiar para que todo siga igual”), no cambiaron al sistema como decí­an cuando eran oposición, sino simplemente se adaptaron al sistema (que es una caracterí­stica mexicana, afirman siendo oposición que cambiaran al sistema, pero el sistema siempre los cambia a ellos, por lo regular su modus vivendi).
¿Cuál es el reto del PRI actualmente?, cuando gobernó el PAN no tuvieron problema porque eran dos proyectos antagónicos, eso fue lo que estructuró polí­ticamente Manuel Gómez Morí­n, dos narrativas distintas, dos polí­ticas diferentes, etc.; empero, el problema de hoy es Morena, que maneja los mismos sí­mbolos polí­ticos, los mismos héroes nacionales, la misma narrativa, las mismas formas de hacer polí­tica (nepotismo, patrimonialismo, autoritarismo, soberbia en el poder, burlar y humillar a la oposición, nulificar presupuestalmente a los órganos autónomos, despreciar a la sociedad civil, gobierno de un solo hombre, uso de los programas sociales para construir una clientela electoral, lo que significa la profundización en la credencialización de los pobres, entre las más afines); Morena es una especie de nieta del PNR, no tiene sectores, gira en torno al presidente de la república, tal y como lo hizo Plutarco Elí­as Calles.
Finalmente, el concepto “crisis” que proviene de la medicina, y si lo analizamos metafóricamente desde la perspectiva médica, el PRI es un ente de 90 años, que no se cuidó y que por lo tanto hoy padece una esclerosis múltiple, que tiene bloqueado al cerebro y al cuerpo partidista, además, está ciego (ya no puede ver la nueva realidad polí­tica), está sordo (no escuchó los reclamos y la indignación de la sociedad sobre la megacorrupción que hizo el último gobierno del PRI), no puede caminar (no tiene rumbo, ni ruta, ni mapa de navegación), no puede hablar (carece de narrativa), perdió el sentido del olfato (carece de ideologí­a, de sentido común, de perspectiva) inclusive tiene una metástasis (el tumor de la corrupción, se le expandió por todo el cuerpo partidario y que es muy complejo extirparlo, porque si lo hace, se muere). El PRI va directo a la implosión, y su escenario más próximo es el de la extinción como le pasó al Partido Comunista de la exURSS, porque no tiene figuras polí­ticas relevantes, ni jóvenes que estén dispuestos a darle otro rostro partidista al PRI, y en caso de que gané José Narro Robles la presidencia será una especie de Mijail Gorbachov para el PRI.


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