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Viernes 08 abril, 2016

El maestro asesinado de Las Choapas acababa de ver nacer a su primogénita

Ya habí­a sido amedrentado en el pasado, desde que nombraron a su madre vocera de los maestros disidentes
•El crimen de Miguel íngel Castillo Rojas en un pueblo de Veracruz, como tantos otros, vapuleado por los malandros, donde todos los dí­as la prensa reporta hechos de sangre
•Su madre es vocera del Movimiento Magisterial Popular
•"La lucha no va a parar" asegura


Tres horas antes de que Miguel íngel Castillo Rojas perdiera la vida, su mamá, como lo hacen las mamás en esta época moderna, comentaba una foto en su perfil de Facebook.

Violeta Santiago/En Misión Especial/Las Choapas

  • Miguel Ángel Castillo Rojas

  • Familia Castillo Rojas

Apenas tres dí­as antes habí­a nacido su hija y Rosario Rojas, profesora disidente y madre de Miguel, escribió cerca de las 10:13 horas de aquel fatí­dico 5 de abril: “Que bien se ven primero Dios los volveré a ver mejor por hay una princesa que los va a unir para siempre porque ella es producto de un gran amor, Dios los bendiga” (sic). “Primero Dios, mamá, amén, amén...” respondió a las 11:23. Fue su último mensaje en redes sociales.

El crimen de Miguel íngel Castillo, maestro rural, conmocionó a una ciudad de Las Choapas, municipio vapuleado por el crimen, en el que los periódicos reportan hechos de sangre casi a diario: si no es una ejecución, un enfrentamiento, un asalto o una riña. Y la imagen de una profesora, actual vocera del Movimiento Magisterial Popular Veracruzano (MMPV), se convirtió en el vivo reflejo de cientos de madres veracruzanas que claman la pérdida de sus hijos o que, en el peor de los casos, ni siquiera tienen un cuerpo al que llorar.

“No sé cuál es la historia detrás de este crimen, pero es un homicidio y alguien debe ser responsable de esto” dice su primo, Eddie Castillo, en un perfecto inglés. Cercanos de jóvenes, los caminos del destino los llevaron a ciudades lejanas: Miguel, en Veracruz; su primo, en los Estados Unidos.

A pesar de la distancia, Miguel permaneció cercano a sus familiares y amigos, especialmente gracias a las redes sociales y aplicaciones telefónicas. A través de las mismas, Eddie accede a una entrevista y habla a pocas horas de la partida del maestro de 32 años, todaví­a en tiempo presente, como resistiéndose a su pérdida.

“Mi primo era un hombre amoroso. Él eligió un camino y sus padres estuvieron orgullosos de él. Él se convirtió en maestro para enorgullecerlos a ellos y a toda su familia”.

Hijo de los conocidos profesores choapenses Rosario Rojas Aragón y Miguel íngel Castillo Duque ””fallecido por un paro cardí­aco en octubre de 2012”” Miguel Castillo siguió los pasos de sus mentores e ingresó a la Universidad Tají­n, en Xalapa, para estudiar la licenciatura de Ciencias de la Educación. Constantemente le recordaban lo similar, casi idéntico, que era a su padre.

“Él siempre creyó que podí­a avanzar rápido, quizá por eso siguió los pasos de sus padres” cuenta su primo. Definido como un joven alegre, que gustaba de demostrar sus sentimientos, Manuel Carrillo, quien lo conoció desde la secundaria, agrega que el joven por cuenta propia ingresó a una comunidad cristiana: “Era muy apegado a las cosas de Dios”.

Su forma de presentarse, a propios y extraños, llamaba la atención de sus amigos. Beto Espinoza conoció a Miguel en una fiesta, de jóvenes. “Era muy cortés; recuerdo que cuando lo conocí­ me dijo ”˜si no te presentas tú, yo me presento contigo. Me llamo Miguel gusto en conocerte”™”.

A pesar de que no sus amigos no se veí­an con frecuencia, desde que uno conocí­a a Miguel, él te saludada como si fueras su hermano, como si el tiempo no hubiera pasado, cuenta con tristeza Beto.

Como joven, Miguel gustó de asistir a fiestas, cuando todaví­a era posible salir por las noches en Las Choapas. Como maestro, se enfrentaba con los retos de la zona rural como las carencias de servicios, alumnos que no prueban bocado en dí­as, techos que gotean y mucha violencia. Como padre, apenas tení­a tres dí­as.

“No es el primer amigo de Las Choapas que pierdo. Él antes viví­a en la colonia Anáhuac, pero se cambió a La Sabana, una colonia de clase media que solí­a ser tranquila, pero que ahora es un cí­rculo en el que han matado a mucha gente. Si miras en los periódicos, casi todos son de la zona, puedes ir a todos los lugares en donde hubo ejecuciones, en auto, en 10 minutos”.

“Su máxima ilusión era formar una familia, el viernes habí­a nacido su bebé y estaba muy orgulloso y alegre por ello. En nuestra última plática le dije que Dios lo bendijera y que le echara muchas ganas a su trabajo; él me respondió con los mismos buenos deseos”, contó Manuel Carrillo.

Sus amigos y familiares no entienden qué sucedió, pero todo pareció iniciar cuando los maestros alzaron la voz en contra de la Reforma Educativa. Fue en el año 2013 cuando la maestra Rosario Rojas fue nombrada vocera de la zona sur. Una mujer de estatura modesta, tiene ””no obstante”” una voz y decisión que inspiró a decenas de profesores en el sur a salir por la calle, por primera vez en años.

Fue justo en ese tiempo cuando ocurrió un primer atentado contra Miguel, cuando todaví­a viví­a en la colonia Anáhuac. En ese entonces, un automóvil Volkswagen Jetta con hombres armados a bordo intentó cerrar su paso mientras él transitaba en una camioneta Ford. Esa vez logró huir.

El movimiento magisterial se apaciguó, especialmente en el sur, en donde la mayorí­a de los profesores obedecen casi ciegamente al lí­der estatal del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), Juan Nicolás Callejas Arroyo y, antes, a Juan Nicolás Callejas Roldán. Pero el MMPV permaneció activo, molesto para los caciques como una piedra en el zapato.

A principios del 2015, Miguel Castillo fue secuestrado, tras lo cual se pidió el cambio de su lugar de labores tres veces ante la Secretarí­a de Educación de Veracruz (SEV), pero esta hizo caso omiso. La última solicitud ocurrió apenas un dí­a antes del asesinato. “Lo único que tení­a ahorita era por su mamá, porque no estaba involucrado en nada”, aseguran sus amigos.

Las amenazas contra la vocera del MMPV en el sur se recrudecieron en el 2016, cuando se pronunció a favor del partido Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) en cara a las elecciones del 5 de junio por la ”˜minigubernatura”™.

Pero la mañana del 5 de abril, a dos meses de la tan ansiada jornada electoral, la muerte dejó de ser una amenaza y se materializó con lo más preciado que tiene una madre: su hijo.

Ese dí­a, Miguel y su hermano Moisés fueron a buscar tortillas, huevos y jamón a la tiendita de la esquina para almorzar con su madre, que ya habí­a llegado, pero cuando estaban a punto de entrar a su casa, dos sujetos en motocicleta se acercaron con el rostro cubierto por una sucia camisa, móvil idéntico al de otra decena de crí­menes en Las Choapas.

Fueron directamente contra Miguel y descargaron el arma con furia. Una bala se quedó adentro y dos salieron del cuerpo… junto con su vida. Moisés, de 23 años, le arrancó el casco a uno de los sujetos, pero recibió cinco disparos en piernas y brazos. “Lo que tiene Moi es que es atrabancado y me imagino que al ver que atacaron a su hermano su primera reacción es defender” cuentan sus amigos.

Lo siguiente se convirtió en una desgarradora escena, conocida por buena parte de la sociedad veracruzana, debido a que alguien grabó el momento en el que la maestra Rosario Rojas encuentra el cadáver de su hijo.

Reclamó las ejecuciones, las muertes impunes, las vací­as detenciones en las que más tardan los policí­as en ingresar a los responsables que alguien en sacarlos. Con esas palabras, la maestra Rosario Rojas descargó su dolor y, luego, descalza y con las rodillas manchadas con la sangre de su hijo, se fundió en un abrazo tan cálido que por un instante se sobrepuso a la frí­a cara de la muerte.

Una noche después la maestra estaba tan afónica como para dar una entrevista, pero aseguró que tení­a mucho que decir. Que la lucha no iba a parar.


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