Periodismo ácido
•Ira insultante… •“Ferozmente críticos”
DOMINGO
Periodismo ácido
Ignacio Ramírez, “El Nigromante”, fue (con los reporteros y políticos de la Reforma Ignacio Manuel Altamirano, Francisco Zarco y Guillermo Prieto, entre otros) uno de los críticos más agudos de Benito Juárez.
Cierto, fue ministro con Juárez. Pero cuando Juárez cayó en la tentación de reelegirse le renunció y volvió al periodismo, donde era reconocido por su gran cultura y perspicacia; pero también porque era cauto e incisivo y, al mismo tiempo, fino en su escritura.
Luis Velázquez
Se convirtió así en un periodismo vigilante de los ideales que Juárez estaba traicionando.
Un día le publicó el siguiente análisis que enfureció al presidente de la república: “El poder es una enfermedad catastrófica que se nutre del aplauso y la lisonja”.
Nunca, jamás, aceptó regresar al gabinete legal y ampliado del “indio” de Oaxaca. Se mantuvo firme en el periodismo ácido cronicando la historia de los días.
Incluso, murió en la pobreza en una casita en las goteras de la ciudad de México y fue velado en su casa.
Juárez envió a uno de sus ministros para decir a su viuda que el gobierno de la república pagaría el sepelio y lo rechazó.
Luego, le mostró la escritura de una casa que Juárez le enviaba de regalo.
Y también la rechazó.
Le dijo: “Ignacio me dijo que tal cual reaccionaría Juárez. Y me pidió que rechazara el regalo”.
LUNES
“Ira insultante”
La prensa con el presidente Sebastián Lerdo de Tejada tuvo una característica singular. Los reporteros y articulistas escribían con “ira insultante”.
La prensa de entonces ni efectuaba un análisis documentado y crítico de la realidad política, social y económica ni tampoco orientaba al gobierno sobre sus errores, sino por el contrario, reaccionó de igual manera cuando Francisco I. Madero sucedió a Porfirio Díaz.
Es decir, con “ira insultante”.
Benito Juárez, por ejemplo, quiso mantener “una fina diplomacia” con la prensa independiente, cuenta el historiador Daniel Cosío Villegas; pero como Juárez les había suspendido “la maiceada mensual” que les daba el dictador, entonces la prensa “era incapaz de una explicación satisfactoria”.
Y en el trato se fue con todo en contra de Lerdo de Tejada, aguantando la crítica furiosa de los medios escritos.
MARTES
El más fregón de su tiempo
Más que Ricardo Flores Magón, Ignacio Ramírez, Ignacio Manuel Altamirano y Filomeno Mata, entre otros, Francisco Zarco está considerado como el periodista más fregón de su tiempo.
Incluso, cada año, los reporteros defeños rinden homenaje a Zarco, cuya estatua fue levantada en la Cámara de Senadores, pues igual que todos aquellos reporteros, también era político y activista social, incluso, y como en el caso de Flores Magón, creadores de un partido político. Autodefensas les llamarían hoy a partir de la inseguridad.
De acuerdo con el historiador Daniel Cosío Villegas, Zarco tenía, entre otros, los siguientes atributos como periodista y político que lo dimensionaron por encima de su generación:
Un análisis minucioso de los hechos políticos, sociales y económicos.
Una visión redonda de los hechos y de los hechos en perspectiva.
Una claridad meridiana en los problemas del país.
Una sólida formación teórica para analizar, explicarse, entender y comprender la vida política y social.
Una madurez incandescente en el juicio que le permitía mirar más allá del árbol, metiéndose en el bosque.
Y una presentación lúcida y certera en su escritura.
Bastaría referir que los campesinos leían sus artículos sentados a la sombra de un árbol en grupo, mientras uno de ellos, el alfabeto, los recitaba y explicaba de ser necesario.
Tiempo aquel cuando “la mayoría de los escritores y reporteros habían perdido la serenidad y la perspectiva de los hechos” escribió Cosío Villegas.
MIÉRCOLES
Santo laico del periodismo
Ricardo Flores Magón es el santo laico de la religión periodística.
Durante 41 veces, Porfirio Díaz Mori lo envió a la cárcel hasta que murió de tifo en una cárcel de Estados Unidos, aun cuando otros afirman que lo asesinaron.
Y cada vez que Flores Magón alcanzaba la libertad de nuevo volvía a publicar su periódico Regeneración y a activar su partido político, Liberal.
Nunca fue doblegado.
Incluso, su hermano, secretario de Gobernación con Porfirio Díaz, lo tentó para pasar al gabinete porfirista y lo rechazó.
Los principios, los ideales, las convicciones lo mantuvieron firme.
Decía, por ejemplo: “Nuestro deber es luchar para que la vida sea lo menos dura posible”.
También escribió en una carta a su esposa desde la prisión norteamericana: “El dolor físico, el hambre, el cansancio, la pobreza, todo eso no me importa. Lo soporto. Pero el dolor moral me aniquila. Y siento deseos de vengarme”.
Un día, preso una vez más, envió una carta a su hermano solicitando un préstamo.
Escribió: “Por favor, no pienses que el dinero es para publicar Regeneración ni para mi partido. Es un préstamo, que te pagaré, porque hay días, muchos, en que mi esposa y mi hija solo comen un pan con café. El préstamo es para ellas”.
JUEVES
“Mátalos en caliente”
Queda claro: el peor presidente del país ha sido Porfirio Díaz Mori. 33 años en el poder. Y en el poder absoluto.
En la llamada verdad histórica, Díaz conservó más de tres décadas el poder porque, por ejemplo, y entre otras estrategias, repartió el poder regional de norte a sur y de este a oeste de la nación entre sus amigos los generales y los caciques.
Todos, imponiéndose a partir del garrote, la macana, la represión, la cárcel y el crimen. “Mátalos en caliente” habla de su estilo personal de gobernar.
Pero don Daniel Cosío Villegas encuadra otras, digamos, el estilo personal de gobernar:
Uno. Sentía, mejor dicho, padecía un horror psicológico por el escándalo. Entonces, lo evitaba a toda costa.
El castillo de San Juan de Ulúa como su cárcel privada para encerrar y aplacar a los inconformes y disidentes.
Siempre apostaba a la conversión en privada, sin testigo, para así negociar en forma directa y callada.
Prefería la correspondencia epistolar siempre escrita con frialdad para dejar un testimonio de lo que pensaba, decía y ordenaba.
Y “maiceaba” (su palabra favorita) a los políticos dúctiles; pero también a la prensa, en un tiempo, la revolución, cuando todo se resolvía “a balazo limpio y todo mundo protestaba para exigir más y más”.
VIERNES
“Ferozmente críticos”
En el porfiriato hubieron 2,500 periódicos, quizá más de la mitad periódicos efímeros, porque eran críticos, “ferozmente críticos” dice Cosío Villegas, y por tanto los porfiristas los desaparecían.
En contraparte, el dictador financió varios medios, entre ellos, El Universal, de Reyes Spíndola, a quien le compró las primeras rotativas en Estados Unidos que existieron en México y dieron paso, digamos, al periodismo industrial.
Fue cuando los periódicos se convirtieron diarios impresos en grandes tirajes, y cuando contrataran a los primeros diaristas del país y las páginas escritas se abrieran a la publicidad comercial.
Incluso, el hábito de Porfirio Díaz de financiar periódicos a modo, como traje a la medida, también se reprodujo con Francisco Ignacio Madero, cuyo hermano Gustavo, el súper ministro sin cartera, el empresario de la familia, puso un periódico, “Nueva Era”, para defender a su hermano el presidente ante una crítica feroz financiada por Félix Díaz, el sobrino del dictador que soñaba con la presidencia.
Es más, la primera orden del general Victoriano Huerta, “El chacal” apenas mandó el asesinato de Madero y José María Pino Suárez fue cerrar el periódico “Nueva Era”.
Para entonces, un policía de Huerta había matado a Gustavo de un tiro en el ojo derecho, el único que tenía.