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Reportajes
Lunes 13 diciembre, 2010

A calzón quitado/‘‘He sido un hombre libre’’/13 de diciembre de 2010

* Félix Báez Jorge recuerda ‘‘el momento más feliz de su vida’’, cuando a los 22 años olía la tinta del periódico ‘‘El tiempo’’
* ‘’¡Vas a morir! dijeron esbirros del gobernador Fernando López Arias al nuevo director del Instituto de Cultura


‘‘He sido un hombre libre’’

* Félix Báez Jorge recuerda ‘‘el momento más feliz de su vida’’, cuando a los 22 años olía la tinta del periódico ‘‘El tiempo’’
* ‘’¡Vas a morir! dijeron esbirros del gobernador Fernando López Arias al nuevo director del Instituto de Cultura

Luis velázquez Rivera
13 de diciembre de 2010

65 años. Autor de 13 libros y coautor de 14 más. Maestro en la UV. Académico del Instituto Nacional de Investigadores durante 19 años ininterrumpidos. Más de 70 artículos especializados publicados en medios del mundo. Diplomático en Bolivia y Cuba. Director del Instituto Nacional Indigenista. Nuevo director del Instituto Veracruzano de la Cultura, el antropólogo Félix Báez Jorge, resume sus 6 décadas y media:

‘‘El momento más feliz de mi vida ha sido cuando a los 22 años me quedaba hasta las 2, 3 de la madrugada, en la sala de redacción y en talleres del periódico ‘‘El tiempo’’, en Xalapa, corrigiendo galeras, revisando notas y reportajes, haciendo titulares, oliendo la tinta en la máquina Chandler. Yo amanecía en el periódico, pero me sentía un hombre libre’’.

Estudiante en la facultad de Antropología de la Universidad Veracruzana, en 1976 inició como reportero en el diario ‘‘El tiempo’’, propiedad de Rafael Zúñiga Martínez. Luego, fue ascendido a jefe de redacción, y despuescito, a subdirector general.
A los 22 años de edad, con la mirada y formación social, trabajador, al mismo tiempo, en el departamento de servicio social de la UV, coordinó un reportaje sobre la corrupción en la máxima casa de estudios, cuando despachaba como rector Fernando García Barna, y gobernaba Fernando López Arias, recién desempacado como procurador General de Justicia de la nación y senador de la república.
Y el reportaje cimbró la estructura del sexenio en turno. Entonces, García Barna ordenó su despido como empleado de la burocracia académica, en tanto López Arias canceló la publicidad oficial al diario.
El reportaje de investigación coincidió con un movimiento magisterial en la UV, en que los profesores exigían y reclamaban la recategorización, encabezados por el escritor y antropólogo Roberto Williams, Antonio Espíndola, Luis Reyes García y el maestro Bringas, quien había estado preso en las crujías del palacio negro de Lecumberri, en la ciudad de México, y en donde fuera compañero y amigo del escritor José Revueltas.
Aquella sublevación se llamó la Coalición de maestros y alumnos de la Universidad Veracruzana.
Félix Báez Jorge siguió, como reportero, el asunto, y en otro reportaje publicado en primera plana, a 8 columnas, Zúñiga Martínez le endilgó el siguiente titular:
Métodos gansteriles de García Barna en la UV
Y luego enseguida, un bajante estrujante:
El no es rector, es un borracho
‘‘El Tiempo’’ vivió entonces los peores momentos de su vida. Sin el fluído oficial, la PIPSA, Productora e Importadora de Papel Periódico, SA, les negaba el papel y ellos lo compraban en el mercado negro. Los voceadores habían declarado un bloqueo, y entonces, los mismos profesores y alumnos de la UV lo compraban y pegaban en las paredes de Xalapa. Los reporteros trepaban a los autobús urbanos a venderlo.
Horas después, algunos porros de la Universidad Veracruzana colocaron una bomba molotov en las oficinas del rotativo de Zúñiga Martínez y los maestros fueron reprimidos desde el poder, pues López Arias, de entrada, seguía mirando mal al periódico disidente.
Así, unos maestros entregaron pruebas documentales de la corrupción en la UV y el director del periódico publicó las fotocopias.
Luego, desde el poder sobrevendría una andanada en contra y hubo, según parece, arreglos en lo oscurito, a tal grado que, hasta donde se sabe, el gobernador pactó con el dueño del periódico, que terminó estrenando rotativa, una prensa vendida por el Diario de Xalapa que recién había estrenado maquinaria, y en donde, hoy, se afirma, se edita La jornada Veracruz.
Félix Báez Jorge sintió, entonces, que el destino se le venía encima, pues ‘‘El Tiempo’’ modificó su política editorial.
En el mes de enero de 1969, el joven antropólogo emigró de Xalapa a la ciudad de México, cargando un folder con la copia de algunos reportajes publicados en las buenas horas de ‘‘El tiempo’’ y se los llevó al periodista Mario Renato Menéndez Rodríguez, quien publicaba el semanario ¿Por qué?, uno de los medios más combativos que ha existido en la historia del país.
Y los dejó a la secretaria.
Días después, Menéndez Rodríguez buscaba por teléfono a Báez Jorge:
‘‘¿Cuando empiezas de reportero de ¿Por qué?’’.
‘‘Usted dígame’’.
‘‘Te pagaré 500 pesos por reportaje’’.
‘‘¡Eso era muchísimo dinero para mí!’’.

‘‘¡VAS A MORIR!’’

El primer reportaje del joven antropólogo apareció en portada con el título siguiente:
Fernando López Arias, el rostro del poder.
El segundo reportaje, también, en portada:
(Amadeo) Gonzàlez Caballero, el cacique del sur de Veracruz.
El tercer reportaje, en portada:
(Abel) Ruiz Lopart, el peón de estribo.
Una mañana, en su departamento en la ciudad de México, Báez Jorge se topó con un anónimo:
‘‘Vas a morir’’.
Otro día, le hablaron por teléfono para repetirle la advertencia.
Los anónimos siguieron llegando a su depa y a la redacción de Por qué?
Unos guaruras entraron a su casa en la ciudad de Xalapa y destrozaron las instalaciones.
Báez Jorge envió, así, una carta (publicada en la revista) al presidente Gustavo Díaz Ordaz, inculpando al cacique sureño, Amadeo Gonzàlez Caballero, esbirro del gobernador Fernando López Arias, de un (posible) atentado.
Y el antropólogo convertido en reportero siguió recorriendo el país buscando reportajes de denuncia social.
Otro de sus textos, sobre los cuijes que en el puerto jarocho tenían los estibadores, a quienes pagaban la mitad del salario, apareció en portada.
Pero en 1973, Díaz Ordaz, fastidiado con la política editorial crítica e independiente de ¿Por qué?, ordenó a la secretaría de Gobernación y sus cuerpos de inteligencia, primero, que incendiaran las instalaciones del semanario en una madrugada, y segundo, detuvieran a Menéndez Rodríguez y lo treparan a un avión exiliado a Cuba, donde el polémico y crítico reportero permanecería 10 años.
Báez Jorge regresó a Xalapa para convertirse en maestro de la Universidad Veracruzana.
Años después, retornaría al periodismo diario en el periódico El Nacional como articulista, cuando los directores eran José Carreño Carlón (luego director de Comunicación Social del presidente Carlos Salinas de Gortari) y Francisco Rodríguez Báez.
En Bolivia, donde se desempeñara como consejero cultural de México para Bolivia y Argentina, publicaría artículos en el tabloide ‘‘Hoy en Bolivia’’, en que analizaba a México a través de sus libros.
La vida lo llevaría a publicar más de 70 artículos en revistas especialistas en diferentes regiones del mundo.

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‘‘Soy de izquierda’’

Félix Báez Jorge, padre de 5 hijos (un antropólogo, una música, un físico, una comunicóloga y una abogada):
‘‘Ser un hombre de izquierda significa estar cerca de los intereses y necesidades de los desposeídos.
Respetar los derechos humanos.
Oponerse a cualquier hecho y circunstancia que lesione la libertad y la dignidad humana.
Entender que el dinero público es del pueblo.
Ser tolerante.
Ser habitante del mundo.
Y yo soy un hombre libre, independiente, y de izquierda’’.

NOTA RELATIVA
‘‘El gobernador me llamó’’

‘‘Yo no me esperaba la dirección del Instituto de Cultura. Yo no la busqué. Agradezco al gobernador la oportunidad, aun cuando he pospuesto estancias académicas en Perú, Italia y España, que me están esperando.
Nunca me han visto en misa ni en mítines. No soy apolítico. Soy apartidista.
Y yo no tengo padrinos. Mi único padrino es mi trabajo, mi pasado, mi trayectoria.
Y hoy, mi mayor reto es el IVEC.
Y por eso el día de la toma de posesión dije que me habían invitado a combatir la corrupción, no ha administrarla, recordando al general Heriberto Jara cuando tomara posesión como gobernador de Veracruz.
Hay, pues, una enorme expectativa. Me da temor que en algún momento falte el instrumento de la sociedad civil, la prensa, para hacer la tarea.
Creo, no obstante, que el trabajo del IVEC no está en Xalapa ni en el puerto de Veracruz, exclusivamente, sino en todo el Estado. En las zonas indígenas. En las regiones rurales. En las colonias proletarias.
Y si de pronto me llego a topar con los muros del silencio, cerrada la llave del recursos para la cultura, y no se puede hacer ni mover nada, en el momento en que lo sienta, hablaré y tocaré puertas.
Y si resultara difícil abrir las puertas, pensaré en el siguiente destino’’.

NOTA RELATIVA
‘‘Javier Duarte me anima’’

‘‘Javier Duarte me anima. Es un experto en estadística, en disciplina, en el sentido de la estrategia.
Pero también un experto en beisbol. Hemos platicado mucho de beisbol.
Y entre la política y el beisbol hay correspondencia. Claro, en el beisbol se pueden robar las bases, que puede significar lo máximo. Pero en política, las bases no se roban’’.
Félix Báez Jorge, la tarde del jueves 9.

NOTA RELATIVA
‘‘Si no me ayudan, no estorben’’

En la agencia funeraria donde velaban los cadáveres de la pareja Hakim, asesinada en Xalapa, empezó a circular una carta con un texto donde los firmantes reclamaban justicia y seguridad pública, en la vida y en los bienes, al gobernador Fidel Herrera Beltrán.
El documento fue pasado de mano en mano y cada uno de los acompañantes en el velorio estamparon su firma.
Al otro día, el texto fue publicado en la prensa de la capital y en palacio las pasiones se incendiaron, y más, porque se vivía en Veracruz la jornada electoral que llevaría a la elección de gobernador, diputados locales y alcaldes.
El jefe del Poder Ejecutivo ordenó a las secretarias que citaran a todos los firmantes, uno por uno, para hablar en palacio.
Y cuando un número simbólico de firmantes (maestros, investigadores, empresarios, etcétera), amigos de las familias Hernández Palacios y Hakim Aburto, llegaron a palacio fueron conducidos a la oficina principal.
Molesto, irritado, serio, el góber fogoso dijo, mostrando la carta:
‘‘Esta carta fue redactada por Enrique Ampudia (uno de los asesores de Miguel Angel Yunes Linares, fallido candidato panista a gobernador). Y estoy molesto’’.
‘‘No, señor gobernador, el señor Ampudia no la redactó. Yo la redacté’’ dijo, confesó, reveló una hija del doctor Rafael Velasco Fernández, ex rector de la Universidad Veracruzana y ex subsecretario de Salud en el sexenio de Luis Echeverría Alvarez.
‘‘¡No, la redactó Ampudia’’.
‘‘¡No, señor, la redacté yo!’’.

Entonces, el profe Guillermo Zúñiga Martínez, ex alcalde de Xalapa, ex diputado, ex líder del PRI, ex secretario de Educación, ex director de Enseñanza Media, se puso de pie y precisó:
‘‘Yo firmé la carta y si es necesario la volvería a firmar’’.
‘‘Yo, atajó el antropólogo Félix Báez Jorge, investigador de la UV, ex director del INI, ex diplomático en Bolivia y Cuba, también la volvería a firmar. Y repruebo que Yunes Linares y Dante Delgado estén politizando el crimen’’.
Fidel Herrera paseó la mirada entre los asistentes y dijo:
‘‘Si no me ayudan, no estorben’’.
Ese mismo día, habría una manifestación en las calles y avenidas principales de Xalapa, exigiendo justicia, pronto y expedita.
Desde palacio, alguien ordenaría tomar fotografías y video a los asistentes.
Quedarían fichados.

NOTA RELATIVA
‘‘Fidel Herrera me envidia’’

Félix Báez Jorge, quien habla y lee en inglés, francés, italiano, ruso y latín (‘‘lo que Fidel Herrera siempre me ha envidiado’’) fue agregado cultural y de prensa de la embajada de México en Cuba, cuando los jefes de la diplomacia fueran Enrique Olivares Santana, ex secretario de Gobernación; Ignacio Ovalle, ex director del Instituto Nacional Indigenista y ex subsecretario de Gobernación, y Raúl Castellanos, quien había sido secretario particular del general Lázaro Cárdenas y había fungido como el primer regente del Distrito Federal.
Un día, Olivares Santana lo llamó:
‘‘Mire usted, maestro, tengo aquí varios meses y nunca he pronunciado un discurso ante los cubanos. Y quiero hacerlo. Por favor, encárguese’’.
Horas después, Báez Jorge descubrió la estrategia diplomática, organizando eventos culturales en los espacios (calles, avenidas, parques, escuelas) que llevaban el nombre de un héroe mexicano.
Meses más tarde, Olivares Santana había pronunciado 14 discursos ante los cubanos, los que escribía Báez Jorge.

NOTA RELATIVA
‘‘Yo tomé café con Juan Rulfo’’.

Recuerda Félix Báez Jorge:
‘‘Conocí a Juan Rulfo cuando yo era muy jovencito. En 1965, siendo aún estudiante de arquitectura, empecé a trabajar con Alejandro Caso, hijo de Alfonso Caso, en el despacho de arquitectos que él dirigía. Algunas de las tareas que allí tenía me llevaban muy seguido al Instituto Nacional Indigenista –sus instalaciones quedaban relativamente cerca del despacho– para entregar o recoger planos o algún documento. Y me armaba de paciencia, pues no pocas veces era necesario hacer antesala. Un libro bajo el brazo se convertía entonces en remedio simple para matar el tiempo o, en ocasiones, para preparar un examen o alguna tarea de la Facultad.
Yo sabía que Rulfo trabajaba allí. Obviamente, para entonces ya conocía sus libros. Sin que hubiera alguna intención de mi parte, un buen día se me acercó. Estaba yo en uno de esos momentos de espera, con un libro en las manos, y él, curioso, se interesó por saber el título de la obra. Así fue como lo conocí.
De 1966 a 1967 mis encuentros con Rulfo fueron o más menos fortuitos, algunas veces en conversaciones de pasillo y otras en su oficina, donde en ocasiones me invitaba a tomar un café. Platicábamos sobre cualquier cosa. Y en el ‘68, sin que mediara para ello alguna participación en el movimiento, se dio sin embargo un acercamiento mayor’’.
(Plática en el libro ‘‘Nuevos indicios sobre Juan Rulfo, Jorge Zepeda, coordinador).


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