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Escenarios
Martes 14 mayo, 2024

Profes memorables

**Luces y sombras
**Tertulias con alumnos

UNO. MAESTROS EJEMPLARES

Memorables y citables algunos profesores. Entre otros, los siguientes: En la primaria, par de hermanas (Beatriz y Gloria), trascendidas porque cuando un niño incumplía la tarea o el estudio, le ordenaban se pusiera de pie y extendiera las manos con la palma hacia arriba.

Luis Velázquez

Entonces, agarraban sus manos a reglazos aunque vieran llorar al menor.
En la secundaria, la profesora Praxedis Lagunes Capistrán. Solía prestar libros de su biblioteca a los estudiantes.
Con el riesgo, incluso, de que rara, extraordinaria ocasión le eran devueltos. Y ella callaba y guardaba silencio.

DOS. Predicar en la plaza pública

En el Bachillerato, el doctor Diódoro Cobo Peña. Impartía las materias de Filosofía, Pedagogía y Literatura.
Luego de clase, solía quedar en el salón a platicar con los alumnos cercanos.
Y a platicar de la vida.
Y el licenciado Reynaldo Maldonado Fuentes. Impartía la materia de Ética. El mismo, ejemplar abogado y tribuno. Gran orador.
En la antigua y desaparecida facultad de Periodismo, hoy de Comunicación, de la Universidad Veracruzana, el maestro Francisco Gutiérrez González.
Solía invitar un cafecito en La Parroquia, entonces en la avenida Independencia, a un grupo reducido de jóvenes. Digamos, los cercanos. Sus discípulos.

TRES. Un poeta en el aula

Antonio Salazar Páez, quien en vez de impartir la clase platicaba sobre literatura y terminaba siempre recitando de memoria sus poemas.
Y Armando Correa Ghana, amigo de intelectuales, escritores (novelistas, cuentistas y poetas) y quienes con frecuencia viajaban de la Ciudad de México a la ciudad jarocha.
Y en su casa, de cara al Golfo de México, solía organizar el sábado en la noche tremenda comilitona y borrachera y que terminaban cuando en la calle se escucha el ruidito del carro de la Limpia Pública.

CUATRO. Club de lectura

En el Seminario Menor en Xalapa, el sacerdote y maestro, José Benigno Zilli.
Siempre con un libro en la mano y que leía en momentos estelares del día, por ejemplo, cuando viajaba en el autobús de pasajeros y/o de una ciudad a otra.
Y cuando esperaba turno en la peluquería. Y en la antesala del médico.
“Si no leyera, decía, ningún tema tendría para platicar con ustedes”.
Y es que, además de profe, tenía un club de lectura para cavilar sobre temas leídos.

CINCO. La escuela de la vida

En la sala de redacción del desaparecido periódico, La Nación, don Eduardo Ramírez, jefe de Redacción, un periodista originario del viejo Distrito Federal y exiliado en el puerto de Veracruz por órdenes médicas dado que padecía presión arterial alta.
Y el cardiólogo le sugirió, entre otras cositas, vivir de cara al mar y caminar en el malecón para respirar la brisa marina.
Un maestro en la sala de redacción y quien trabajaba doble:
Una, editando el diario. Y dos, enseñando a los aprendices de periodismo a su lado con toda la paciencia, tolerancia, mesura y prudencia del mundo.
Una mañana, caray, la muerte le sorprendió en su casa cuando dormía.
“Me siento mal, dijo a la esposa, y reposaré un ratito”.
Murió en la cama con las manos entrelazadas y reposando sobre el estómago.

SEIS. De pueblo en pueblo

Gran maestro de periodismo y en el periódico fue Gregorio Navarrete Cruz.
El primer reportero en el segundo tramo del siglo XX en caminar Veracruz de norte a sur y de este a oeste en misión informativa.
Crónicas y reportajes con historias de cada pueblo y de pueblo en pueblo.
Además, un editor de primera en la edición de cada día.
Además, escribiendo la editorial del día.
Y una columna periodística de lunes a viernes.
Quizá, el periodista más completo de todos los tiempos dada su versatilidad.


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