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Malecón del paseo
Jueves 11 abril, 2024

Días rudos y duros

**Buscar chamba...
**Y nunca encontrar

EMBARCADERO: El escritor norteamericano, Paul Astor, narra en el libro autobiográfico, “A salto de mata”, los tiempos difíciles, rudos y duros de cuando buscaba un empleo digno para garantizar el itacate y la torta en casa y seguir escribiendo... Por ejemplo, algunas veces, quizá la mayor parte, conseguía una oportunidad laboral “a través de un amigo, de amigos de amigos o de amigos de amigos de amigos”... Y en medio de tantas vueltas canijas de la vida económica, la desesperanza

Luis Velázquez

y el desencanto… Pero más todavía, la encrucijada de seguir escribiendo, cuando escribir novelas y cuentos ningún beneficio concreto y específico le dejaba… Por más firme y arraigada la vocación literaria…

ROMPEOLAS: Días, semanas y meses cuando “no solo no se abren las puertas, sino que ni siquiera se sabe a qué puertas llamar”… Y “no sabe a qué puertas llamar” porque queda comprobado y probado que los amigos se miden y calibran en las malas, más que en las buenas, pues en las buenas, caray, todos los vientos soplan a favor… Y cuando un amigo y otro y otro y otro, etcétera, te echa el rollo y el chorizo ofreciendo “las perlas de la virgen” y “bajando las estrellas del cielo”… Y al mismo tiempo, desapareciendo… Incluso, negando una audiencia… Peor tantito, sin ni siquiera contestar la llamada telefónica…

ARRECIFES: Alguna vez, un amigo de un amigo de un amigo de otro amigo le consiguió una chambita… Y fue de telefonista nocturno en una empresa… El trabajo toda la noche contestando un teléfono que pocas, excepcionales, ocasiones, sonaba… Entonces, varios días después descubrió el paraíso terrenal y dio un gran sentido a su vida nocturna como telefonista… Y se ponía a leer libros y escribir (entonces) poemas… Y en el día, claro, dormía… Incluso, hasta llegó a la dichosa y feliz conclusión de que la empresa le pagaba un sueldito para leer… Así, las espinas y los cardos en el camino al Gólgota eran un deleite y un gozo…

ESCOLLERAS: Paul Astor hablaba, entonces, francés… Y se ofrecía como traductor del francés… Y/o del inglés al francés… Y/o del francés al inglés… Y en contraparte, ninguna empresa, ni siquiera editoriales, lo contrataba… Era un desconocido en la vida literaria por más que ya tenía una o dos novelas… Y fueron aquellas temporadas en el infierno como, por cierto, se intitula un libro de poemas de Arthur Rimbaud, el poeta francés que a los 18 años de edad había escrito su gran obra literaria y nunca más otro libro…

PLAZOLETA: Con todo, y naufragando en la adversidad laboral, Paul Astor continuó fiel y leal, inalterable y firme, a su vocación… Y siguió escribiendo… Unas veces a mano porque ni una máquina portátil de escribir tenía… Nada lo desistió de la literatura… Estaba convencido de que era su camino… Y el único lugar del mundo donde podía alcanzar la felicidad…

PALMERAS: A la fecha, ha publicado más de veinticinco libros… Novelas y cuentos… Incluso, novelas gráficas y guiones cinematográficos… Y aquellas experiencias dramáticas de cuando iniciaba sirven para la nostalgia de cuando, digamos, “era feliz e indocumentado” (título de un libro de Gabriel García Márquez) y que bastante satisfacciones le han dado en el recuerdo… Todos los seres humanos somos recuerdos, dice… Y lo más indicativo, personas “que suelen convivir tanto en compañía de los vivos como de los muertos”…


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