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Expediente 2020
Viernes 11 septiembre, 2020

La 4T de Veracruz

El oleaje de inseguridad, incertidumbre y zozobra está causando peores estragos. Por ejemplo, el 8 de septiembre en Coatzacoalcos. Los malandros intentaron secuestrar a un empresario en el Frac. Puerto Esmeralda. Y se resistió. Y lo mataron.
Y el 9 de septiembre, antier, en Tezonapa, fue asesinado el reportero Julio Valdivia, corresponsal de “El Mundo de Córdoba”, antiguo comerciante y policía, pero además, con saña y barbarie, pues fue decapitado, igual, igualito que la reportera Yolanda Ordaz, de Notiver, en el sexenio de Javier Duarte.

Luis Velázquez

En ambos casos, el empresario y el periodista, los homicidas huyeron tan campantes. Dueños del día y de la noche. Dueños de la vida y de la muerte. Dueños del llamado Estado de Derecho. Dueños de la agenda setting. Dueños, incluso, y como en Álamo y Paso del Macho, de los policías.
La vida, en su riesgo más alto, más difícil, más rudo.
La secretaría de Seguridad Pública y la Fiscalía General, rebasadas por el principio de Peter. Y cada familia apostando a defenderse como pueda.
En unos municipios, creando y recreando guardias comunitarias, especie de comités de vecinos vigilantes.
En otros, las autodefensas, como en las cumbres de Acultzgino, la montaña negra de Orizaba, Cacahualco, Las Choapas y Agua Dulce.
En otros, deteniendo, linchando y quemando vivos a los secuestradores, como en Soledad Atzompa.
En otros, linchando a maridos que asesinan por la espalda a la esposa como en el Valle de Uxpanapa.
En otros, tomando la escopeta para matar conejos y rafaguear a los malandros en legítima defensa de la familia, como en un rancho ganadero de Jáltipan.
Y mientras Veracruz continúa poblándose de cadáveres, cadáveres colgados de los puentes, cadáveres flotando en los ríos agua abajo, cabezas decapitadas, en Coatzacoalcos, el empresario Gerardo Rincón Chiquito, quien rentaba unidades móviles para viajes, se resistió a un robo.
Se negó a entregar su dinero, sus recursos en casa, acaso que se lo llevaran.
Y los pistoleros y sicarios le dispararon y lo mataron y huyeron.
Y en Tezonapa, el colega, secuestrado, asesinado y decapitado, su cadáver abandonado sobre las vía del tren.
Es Veracruz en el tiempo de la 4T, la purificación moral y la honestidad valiente.

VIVIR, PESADILLA ATROZ

Vivir en Veracruz se ha vuelto una pesadilla atroz. Nadie la tiene segura. Nadie puede festinar que libró el tsunami de balazos y tiros, secuestros y desapariciones, asesinatos y fosas clandestinas.
El ciudadano común que todos los días vive con sencillez pero con “el alma en un hilo” pensará, imaginaría, vislumbraría, que el gobierno de Veracruz está o estaría desesperado ante su incompetencia, ineficacia e ineficiencia.
Y que habrá días, como escribió Manuel Acuña antes de suicidarse, que “ni siquiera saben dónde está el porvenir”.
Veracruz, primer lugar nacional en feminicidios, secuestros y extorsiones.
El paisaje urbano, suburbano, indígena y rural, convertido en un tiradero de cadáveres y de impunidad.
Insólito, inverosímil, el caso del empresario de Coatzacoalcos quien en un intento desesperado por librar el oleaje de inseguridad fue asesinado y en su domicilio particular.
Los sicarios, metiéndose a las casas de las familias. Armados. Dispuestos a todo, incluso, a la muerte. Violentando los días y las horas. Interrumpiendo la tranquilidad provinciana y aldeana, como si fueran los propietarios únicos y absolutos para hacer y deshacer.
Sabiendo, seguros, de que por más y más cruces en el panteón que han dejado desde hace unos veintisiete años (sexenio de Patricio Chirinos Calero), nada pasa, como gritoneaba Javier Duarte.
Y ante la impunidad, “creciéndose al castigo”.
Peor, mucho peor, cuando, y por ejemplo, de manera tardía la secretaría de Seguridad Pública, de pronto descubrió que en Álamo y Paso del Macho había narcojefes policiacos y narcopolicías, y que los presidentes municipales, los síndicos y los regidores, lo ignoraban, ajá.
La vida, como un túnel largo y gigantesco, sin una veladora alumbrando el vagón del ferrocarril, expuestos todos al peligro.
Y caray, cuando en uno que otro pueblo han aparecido autodefensas, el gobierno de Veracruz levanta la voz molesto, enojado, encabritando, desmintiendo la realidad real y hasta asegurando en boletín pagado que “El dos del palacio” efectuó girita en Acultzingo y por ningún lado descubrió gente armada, ¡vaya maravilla!

ESTADO DELINCUENCIAL

La firmeza con que el empresario de Coatzacoalcos enfrentó a los malandros y se resistió y la decapitación del reportero de Tezonapa expresa una realidad con varias aristas:
Una. La certeza de que en Veracruz estamos a la deriva, expuestos, indefensos.
Dos. La seguridad de que solo defendiéndonos podemos quizá, y con un milagro, sortear el tsunami de violencia.
Tres. La desesperación social a que hemos llegado.
Cuatro. La entereza para defender ante todo, y más que el dinero o los recursos, a la familia, la esposa y los hijos.
Cinco. Un pueblo dispuesto a hacerse justicia por mano propia, aunque exponga la vida.
Seis. El Estado Fallido ante el Estado Delincuencial.
Siete. La secretaría de Seguridad Pública, la Fuerza Civil, las policías municipales y la Guardia Nacional, evidenciadas por los carteles y cartelitos.
Ocho. Ninguna trascendencia social tuvieron las marchas y protestas y resistencia pacífica de los vecinos de Coatzacoalcos, los primeros en levantarse en contra de la inseguridad. Dejaron de luchar y manifestarse y la incertidumbre se ha multiplicado.
Nueve. El primer pueblo donde la Guardia Nacional de López Obrador debutó en Veracruz fue en Coatzacoalcos. Y allí están los hechos y resultados concretos, específicos y macizos.
Diez. Con el asesinato del empresario sureño, una familia más queda en el desamparo económico y la orfandad. Y en el caso del reportero, dos hijos y la esposa.
Once. Los malosos siguen ganando batallas. La guerra continúa, implacable, pero desgastando cada vez más al gobierno de Veracruz.


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