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Viernes 11 septiembre, 2020

Aburrido morirse

•Morir en el anonimato
•El velorio, una kermés

UNO. Aburrido morirse

Morirse resulta muy aburrido. Por ejemplo, por lo general, por aquí muere una persona en automático se convierte en santo. Del instante en que estaba vivo a cuando fallece se purifica. Entonces, la mitad del mundo y la otra mitad descubren sus grandes virtudes, cualidades y atributos.

Luis Velázquez

Por eso, nada mejor que morir, hasta donde se pueda, en el anonimato. Sin avisar a nadie. Incluso, con la orden bajo juramento a la familia que luego luego lleven el cadáver a la funeraria y sea cremado y las cenizas tiradas, digamos, en la bahía del Golfo de México, en el río desembocando en el mar o, en todo caso, en el arroyo.

DOS. El velorio, una kermesse

Sabia decisión tomó, por ejemplo, y entre otros, Miguel Ángel Granados Chapa, el respetado y respetable columnista de “Plaza Pública”.
Falleció en casa y los familiares lo cremaron sin avisar a nadie. Varios días después, su muerte trascendió. Libró así, incluso, que su velorio se volviera una kermesse, donde los parientes y conocidos suelen asistir con las mejores prendas para lucirse y dejar constancia de que estuvieron ahí.
Y desde luego, para festinar la santidad del muerto.

TRES. Pueblo devoto de la muerte

El penúltimo caso fue de Manuel “El loco” Valdés. Un santo. Un gran hombre. Un ejemplo para la humanidad. El mejor de los mejores.
Y, bueno, nadie lo desmerece. Pero al mismo tiempo, se entiende a partir de que el ADN de la población es así.
Más, en un pueblo tan devoto de la muerte.
Juan Rulfo, en su libro de cuentos, “El llano en llamas” cuenta la historia de los muertos enterrados en el panteón que en las noches platican y de vez en vez organizan fiesta, pachanga y bailongo.
Ojalá, le dice una comadrita a otra en la novelística de Rulfo, que muramos juntas para acompañarnos en el viaje al otro lado pues dicen que es muy triste.

CUATRO. Ángeles de la pureza

La abuela decía que todo ha de ser en vida. En vida, el cariño y el afecto, el respeto y la admiración. En vida, la gratitud y la ayuda recíproca. En vida, las oportunidades para ser y estar. En vida, extender la mano a los demás.
Pero de ahí a que luego de muerto, los otros (parientes, amigos, conocidos, vecinos, enemigos, adversarios, etcétera) declaren al muerto ángel de la pureza es pura farsa.

CINCO. Paraíso celestial

Todos habremos escuchado la declaratoria de santo de un muerto. Incluso, gente asegurando que está en el cielo al lado de Dios.
Es más, ninguno de los muertos se va al infierno con Luzbel. Todos, buenos y malos, premiados con el paraíso celestial.
Incluso, en el Corán dicen que cuando un guerrillero se inmola en nombre de su dios y su patria, en el paraíso lo esperan setenta y dos vírgenes, doncellas, para hacer el sexo.
Y cuando un musulmán preguntó qué haría con las 72 vírgenes, le dijeron que el premio es que su capacidad sexual se recicla.

SEIS. Morir como los elefantes

Por eso, resulta aburrido morirse. Mil veces mejor omitir la muerte a los demás porque en el velorio y el sepelio, y en medio de la kermés, el muerto es enaltecido.
Nada, entonces, como morir en la más absoluta discreción. Como los elefantes, por ejemplo, que cuando sienten el olor a la muerte sin avisar deja la manada y buscan una cueva en la montaña donde guarecerse y esperar el momento final.


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