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Viernes 03 julio, 2020

El corazón apachurrado

•Demasiado sufrimiento
•El peor de los tiempos

UNO. El corazón apachurrado

Tanto dolor y sufrimiento en Veracruz por las muertes de la violencia y el coronavirus ya no se aguantan.
La mitad de la población y quizá la otra mitad (la otra mitad son niños) andamos con el corazón apachurrado con tantos hogares enlutados

Luis Velázquez

y tantas cruces en el cementerio.
Ya de por sí, el tirado de cadáveres era insólito. Y con el COVID el miedo se multiplicó.
Lo peor: nadie sabe, políticos ni epidemiólogos, el posible fin del tiempo más impetuoso que nos ha tocado vivir y padecer.

DOS. El peor de los tiempos
Estamos en el peor de los tiempos. A, la violencia. B, la vida con sobresaltos en cada nuevo amanecer.
C, la recesión y que cada vez se traduce en un desempleo y subempleo descarrilado, fuera de control, inimaginable en las consecuencias.
Y D, la hambruna mil veces anunciada.
El año 2020 es el año del dolor humano. Cientos, miles de niños estarán naciendo en este tiempo sombrío, sórdido y siniestro.
Habrá padres de familia que bauticen a sus hijos con el nombre de COVID.

TRES. Estragos inverosímiles
De por sí estábamos mal con los carteles y cartelitos, delincuencia organizada y común. Ahora, de ñapa, los estragos del bichito chino.
Se ignora si el corazón humano y las neuronas serán capaces de soportar tanta adversidad.
Claro, la Primera y la Segunda Guerra Mundial fueron peores, pues, además, estaba la represión de aquellos dictadores (Adolf Hitler, José Stalin, Benito Mussolini y Francisco Franco, entre otros, los más connotados) y quienes igual que Porfirio Díaz Mori tenían sus cárceles privadas en los campos de concentración.
Pero, bueno, es el tiempo que nos ha tocado vivir y padecer.

CUATRO. La hora de la fatalidad
Por todos lados hay, digamos, consuelos. Desde la iglesia católica y evangélica hasta sicólogos y sociólogos.
Incluso, hasta en la televisión han lanzado programas para predicar la resignación y distraer a los televidentes de la pesadilla inacabable.
Pero cuando la gente se entera de un secuestrado o desaparecido más…
Y/o de un muerto más en la larga lista de la fatalidad…
Y de un muerto más por el coronavirus, entonces, de nada sirven las palabras de consuelo.
La dura realidad mata el discurso optimista.
Además, vivir resignados es una forma de no vivir porque nadie puede ocultar la realidad por decreto.

CINCO. Ansia de libertad
El COVID está causando peores males que el tiradero de cadáveres.
Primero, el encierro. Segundo, el desempleo. Tercero, la recesión que según los expertos se recrudecerá.
Pero…tanto confinamiento genera perturbaciones sicológicas. El aburrimiento, el hastío, el estrés, la desesperación, la angustia y la rebelión social, como en el caso de Tlacotalpan, donde el presidente municipal organizó tremendo pachangón y hasta tocó la guitarra, cantó y bailó, y dos días después, la población juvenil inundó los antros y bares del pueblo soñando con la libertad y la liberación.

SEIS. En la ruleta rusa
En las redes sociales, twitter, facebook, los familiares, amigos y conocidos se escriben expresando la terrible y espantosa desesperación que están fermentando en cada nuevo amanecer.
La violencia (Veracruz se mantiene en el segundo lugar nacional en feminicidios) y el COVID (veintidós muertos por el coronavirus en un solo día en Veracruz la semana anterior) tiene a la población en la ruleta rusa.
Es el Veracruz que estamos legando a los 8 millones de habitantes. Es el único resultado de las elites políticas con su filosofía para gobernar y ejercer el poder.


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