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8 Columnas
Viernes 22 mayo, 2020

Ama de casa chingona


Gonzalo López Barradas

¿Dónde está esa vida que difunden las redes sociales, una de descanso en la cuarentena? Para algunas madres, amas de casa, el confinamiento es otro, pues ha incrementado sus horas de labor diaria. Un amigo me pidió, a través de una carta en la cual detalla el tema de un personaje, que escribiera sobre las vicisitudes de...

esta madre y lo hago con mucho gusto.
Mayra Hernández Méndez es mamá joven, real tal vez como muchas otras, vive en la colonia Progreso de la ciudad de Jalapa, con tres pequeños hijos: dos niñas y un varón. La mayor estudia la secundaria, los otros, la primaria. El papá es albañil que a veces agarra chamba. Esta mamá tiene un modesto puesto de frutas y verduras en la esquina de las calles Mazatlán y Huamantla que atiende desde muy temprano hasta las cuatro y media de la tarde, todos los días hasta el sábado. Los lunes es más pesado ya que recibe la mercancía que le envían de la central de abastos y hay que hacer cuentas y pagar. Nadie la ayuda, se mata sola con sus números los cuales sólo ella entiende y que escribe en un viejo cuaderno.
Se levanta a las cinco o seis de la mañana. Se baña, prepara el "lonch" para el marido cuando éste tiene trabajo. Hace el desayuno para los niños. Se medio arregla y se peina y a las ocho y media abre el negocio.
Desayuna un café con pan a eso de las once. La niña mayor da el desayuno a sus hermanos. Su vivienda modesta con techo de lámina y dos cuartos en donde estrategicamente están acomodados la cocina, comedor, refrigerador, camas, sala y un pequeño patio con tendederos en donde está el lavadero de cemento con pila para el agua, a escasos 10 metros del negocio. La clientela no falla pues procura tener surtido su negocio y hasta le da tiempo de chismear con algunas amigas y amigos que la visitan.
Cuando se le pregunta que cómo le hace, responde que se da tiempo para todo. Que después de cerrar el puesto se va a darles de comer a sus hijos y al marido, “si es que llega y no agarró la jarra”. Se pone hacer la tarea con sus hijos después de lavar los trastes. A veces tiene que ir caminando ocho cuadras hasta la avenida Jalapa a sacar copias de algún trabajo. “Voy hasta allá porque me cobran a treinta centavos la copia”. Dice que a veces le ayuda el papá de los niños con las tareas.
Así es su rutina todos los días.
Entre semana, cuando no hay muchos clientes, lava algo de ropa, no tiene lavadora. Deja a uno de sus hijos en la puerta para ver si llega algún cliente. La lavada de ropa sigue los sábados en la tarde y el domingo a planchar. “Hay domingos que descanso un poco porque no hay clases pero aprovecho para remendar algunos trapos”
-¿Y qué ayuda recibe de los programas del gobierno, alguna beca?
-No qué va. Intenté conseguir una para la niña en la secundaria pero el director dice que ahí no dan becas. Y una vez fui a buscar al señor Manuel Ladrón de Guevara pero uff, para encontrarlo, los empleados me dieron puros rollos y no hice nada.
-¿Y cómo le hace para sobrevivir estos tiempos de la pandemia?
-Pues ya ve, trabajando, corriendo para todos lados, esperando que esta enfermedad se acabe, y seguir la rutina de antes. A veces me pregunto si habrá otras que se frieguen tanto como yo…
Claro que debe haber otras madres, amas de casa, en iguales situaciones pero mientras, este es un espejo de una madre chingona que seguramente les da veinte y las malas a muchas otras porque la pobreza y el COVID-19 le hacen los mandados.


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