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Malecón del paseo
Jueves 14 mayo, 2020

El llorón Pancho Villa

•Blandito y bragado
•El macho mexicano

EMBARCADERO: Muy macho, muy macho, Pancho Villa era un llorón... Lloraba, incluso, “a moco tendido” y delante de los demás... Sin cuidar, digamos, el protocolo ante las buenas conciencias... Diríase que se expresaba a plenitud y se mostraba como era en su identidad... Y, claro, le valía que el mundo supiera que le resbalaban “las lágrimas de cocodrilo” a diferencia, por ejemplo, del otro macho, Ernest Hemingway, quien cuando llorara ante una chica italiana de 19 años que lo rechazara, después del llanto

Luis Velázquez

le pidió que nunca dijera “que había visto llorar a Ernest Hemingway”…

ROMPEOLAS: Pancho Villa, por ejemplo, lloraba cada vez que luego de la batalla en el campo de guerra le informaban del número de “sus muchachitos” muertos… Más, mucho más lloró luego de las batallas perdidas en Celaya, Irapuato, León y Silao y que significaran el principio de su derrota total y que lo obligaran a retirarse… Lloró cuando Francisco Ignacio Madero y José María Pino Suárez fueron asesinados hasta con el tiro de gracia por los sicarios policiacos de Victoriano Huerta, y quien, por cierto, tomaba una botella diaria de whisky para sobrellevar la vida con tantos fantasmas que le perseguían desde la infancia…

ASTILLEROS: Pancho Villa lloró cuando nació el primero de sus veintiochos hijos pues casó con 29 mujeres y, claro, cuando ya iba en el hijo número diez ninguna lágrima escurría… La primera vez que lloró fue de coraje cuando hacia los diez, once años, el hacendado donde trabajaba su hermana la quiso ultrajar y Villa le ganó y le quitó la pistola y le pegó un tiro y salió huyendo para el monte… Y en el monte, en la noche, escondido en una cueva, mirando las estrellas, lloró de muina, jurándose vengarse de todos los ricos…

ESCOLLERAS: También lloró Villa cuando reprochó a Madero el nombramiento de Venustiano Carranza como secretario de Guerra, recordándole que nunca defendió su caso como gobernador de Sonora… Y cuando viera su triunfo en las urnas derrocando a Porfirio Díaz, quiso “sacar provecho del río revuelto” y Madero, un alma de Dios, le otorgó la designación… Entonces, Madero, firme en sus principios, lo increpó en su oficina privada y luego salieron al balcón donde los “Dorados” del Norte esperaban a Villa y Madero dijo que era un traidor y ordenó que lo capturaran y lo capturaron y se puso a llorar pidiendo perdón…

PLAZOLETA: Después de cada batalla estelar Villa solía casarse en la madrugada con un sacerdote para la bendición… Luego, el bailongo y amanecía bailando sin probar una sola gota de licor… Y apenas amanecía, organizaba corridas de toros y vaquillas donde él mismo toreaba… Y después, a seguir bailando… Pero su corazón era generoso y sencillo y su alma se desgarraba “a la primera de cambios”…

PALMERAS: Nunca Villa se tentó el corazón ni lloró cuando ordenó al general Rodolfo Fierro que matara a trescientos prisioneros… Fierro los metió en un corral y les dijo que jugaría con ellos “al tiro al blanco” corriendo cada uno de un extremo a otro y si llegaban al otro lado y podían brincar la cerca eran libres… Mató a 299… El día, sin embargo, cuando un pantano se tragó a Fierro, Pancho Villa lloró como un niño cuando pierde a su madre o padre… Villa era de una altura descomunal que más gigante se veía con la panza tan pronunciada… Pero su corazón era al mismo tiempo y en rara y extraña conjunción muy blandito y muy bragado…


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