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Sábado 21 marzo, 2020

¿Dónde están nuestros hijos?

•La peor crudeza de la vida
•Búsqueda en fosas clandestinas

ESCALERAS: El grito social y familiar es uno solo. ¿Dónde están nuestros hijos?, preguntan y repreguntan los padres buscando a los suyos en las fosas clandestinas y en las cárceles, por si estuvieran presos.
Y aun cuando en muchos casos, los hijos fueron secuestrados y desaparecidos hace años, quizá desde el año 2011, el primero de Javier Duarte, de cualquier manera, y sobre todo, las madres continúan buscando.

Luis Velázquez

Y seguirán, correteando los vientos de la esperanza de que algún día, de pronto, la lucecita se prenda en el largo y extenso y siniestro y sórdido camino de la desesperanza y los encuentren.

PASAMANOS: Veracruz, dijo el sacerdote José Alejandro Solalinde, es un fosario.
Y en Veracruz, publicó el periódico El País, hay más fosas clandestinas que municipios, 212 en total.
Tiempo sórdido aquel de Duarte cuando por vez primera se concitara la alianza de los políticos, jefes policiacos, policías y carteles para, entre otras cositas, la desaparición forzada, “un delito de lesa humanidad” que nunca prescribe.
Y lo peor, muchos años después, los padres siguen rastreando posibles pistas de los hijos secuestrados y desaparecidos.
¿Dónde están? es el grito de cientos, miles quizá integrados acaso en los Colectivos.
Una búsqueda frenética de los suyos.

CORREDORES: Y en el otro lado de la cancha pública, la indiferencia y el desdén, el ninguneo y el pitorreo, la venta de esperanzas, la promesa oficial de que pronto, antes de que el gallito cante 3 veces, harán justicia.
Y que los feminicidios bajarán, o de plano, están bajando.
Y que también los secuestros.
Y ni se digan, el fin de las desapariciones.
Y por el contrario, el tiradero de cadáveres por todos lados.

BALCONES: La búsqueda de los padres resulta impresionante.
Muchos hijos desaparecieron hace nueve años, por ejemplo, si se parte del año 2011, el primero de Duarte.
Y once años después cuando nunca han tenido una señal, un testimonio, una prueba, de que los hijos están vivos, los padres los siguen buscando con la firmeza de que, primero, pudieran estar vivos, y segundo, y en todo caso, muertos.
Pero al mismo tiempo, con el deseo de encontrar sus cuerpos para la cristiana sepultura.
Ningún dolor y sufrimiento es tan duro y canijo como vivir con la duda sobre el destino de los hijos. ¿Están vivos, están muertos, dónde están?

PASILLOS: Y mientras, el gobierno de Veracruz, el gobierno de MORENA, el gobierno de la izquierda, maquillando las cifras de la realidad volcánica.
Los asesinados, dicen, a la baja. A la baja los feminicidios. A la baja los desaparecidos. A la baja los secuestros. A la baja los robos y asaltos.
El mundo color de rosa que también predicaba Duarte. Su frase memorable, imborrable y citable. “Aquí no pasa nada”.
Hasta que pasó cuando fue refundido en una cárcel de Guatemala y deportado a México derecho, derechito, al Reclusorio Norte de la Ciudad de México, sentenciado a 9 años de cárcel.

VENTANAS: En las redes sociales a cada rato y todos los días los usuarios trepan denuncias sobre la inseguridad en Veracruz.
Y de paso, arremeten contra la dinastía guinda y marrón en el palacio de Xalapa.
Pero como los izquierdosos “ya hicieron concha” les vale. Y el grito de las madres de desaparecidos de “¿Dónde están nuestros hijos?” parpadea como un legítimo reclamo para garantizar la existencia del llamado Estado de Derecho y que más bien está convertido en un Estado Fallido.


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