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Diario de un reportero
Sábado 22 febrero, 2020

El viejo y el joven

Utopía periodística
•Vivir sin trascender


DOMINGO
El viejo y el joven



Muchos años después, anciano ya, el reportero Jorge Arias dialogó como viejo que era con el joven y hombre maduro que había sido en el ejercicio periodístico.
Y se preguntó si valió la pena mantener su ejercicio diario contando los hechos como ocurrían y logrado el objetivo social, por ejemplo, de favorecer la mejoría de un pueblo, incluso, de una familia indígena y campesina.Y luego de un balance quedó frustrado.
La mayor parte de personas y familias seguían en la miseria. Incluso, él mismo apenas y había vivido con “la justa medianía del salario”, luchando cada quincena con un milagro en el sueldito de reportero, y sin trascender más allá, incluso, ni de la familia.
El viejo reportero era duro con el joven. Y el joven con el viejo. Y tanto fue su desencanto que por ningún lado redescubrió las horas o los días felices debido a una satisfacción periodística.

Luis Velázquez

LUNES
Los sueños utópicos

El viejo reportero creyó que publicando textos sobre los ilícitos, pillerías y trastupijes de los políticos en el poder la vida pública se purificaría y el erario sería canalizado para el llamado bienestar social.
Pero nunca, jamás.
Por el contrario, primero, se ganó el menosprecio de los políticos. Luego, el coraje y el rencor. Después, las amenazas hasta para revisar sus obligaciones fiscales.
Un día, algunos colegas desde sus columnas se lanzaban en contra de su vida privada, incluso, y hasta lo ligaban con amistades prohibidas y riesgosas, digamos, como los malandros, y/o en todo caso, al servicio de grupos políticos opositores al mandamás en turno.
Claro, en varios medios fue despedido por los dueños y patrones y jefes, con pretextos y motivos banales, sin un argumento sólido, y como siempre fue un sencillo y simple empleado, “la liga suele romperse por la parte más débil” y quedaba en la calle.
Y otra vez, a empezar de cero.
Muchos años después se miró y descubrió un reportero viejo y que, digamos, habría mantenido su libertad, pero ahora estaba sin un medio, y sin amigos.

MARTES
Evidente corrupción

En el diálogo del viejo y el joven quedaba clara una realidad insoslayable. Ningún trabajador de la información se mete al periodismo para enriquecerse porque en todos lados las circunstancias son desfavorables.
Y como aseguraba don Manuel Buendía, el columnista de “Red Privada” asesinado por la espalda en el sexenio de Miguel de la Madrid, ahí cuando estás frente a un reportero…
… que se mueve en un automóvil deportivo último modelo…
… y usa un rox rolex…
… y se viste con ropa y zapatos de marca…
… y tiene cuentas bancarias bien gorditas…
… y frecuenta restaurantes caros…
… y suele andar de viaje a cada rato en el mundo…, estás, afirmaba Buendía, “ante un evidente caso de corrupción”.
Okey.
Pero al mismo tiempo, el viejo reportero se preguntaba por el mejor modelo de la vida reporteril, por ejemplo, el modelo Ricardo Flores Magón y el modelo Carlos Denegri.
Más todavía, cuando quedaba claro que por más y más periodismo contando los hechos del día como son, simple y llanamente como son, pocas, excepcionales ocasiones, muy raras por cierto, se logra un bienestar social.
Más de 50 años después, el viejo diarista concluía que con todo y el periodismo informativo, los hechos como son, los políticos son iguales de pillos y ladrones en todos los partidos.

MIÉRCOLES
Todo sigue igual o peor

En aquel tiempo, el joven reportero andaba a la caza de los hechos, digamos, singulares.
El desvío de recursos públicos, el tráfico de influencias, el conflicto de intereses, el nepotismo, un abuso policiaco, el asesinato de una mujer o de un niño, la población civil enervada en contra de los políticos y policías, el linchamiento civil de un secuestrador, el ajuste de cuentas entre las elites políticas, etcétera, eran centro de su trabajo reporteril.
Pero muchos años después comprobó que una cosita es ganar la noticia y otra que la noticia publicada sirva, por ejemplo, para lograr un mejor gobierno pensando siempre en el interés colectivo.
Y otra cosita es que con la denuncia, digamos, mediática, la vida pública sea mejor.
Con los años pudo comprobar que las cúpulas políticas son iguales. Y que unos se van y otros llegan y la población sigue igual de pobre, en la miseria y en la jodidez, y con empleos peor pagados.
Y cada 6 años la historia se repite. Y ningún caso tiene denunciar y denunciar a los políticos deshonestos porque cada vez aplican la inteligencia y el talento para burlar la ley y continuar “metiendo la mano al cajón”.
Entonces, el viejo reportero se preguntó si hay una razón poderosa para contar como son las historias sórdidas… si de nada sirve, porque todo sigue igual o peor.

JUEVES
Del periodismo al activismo

El viejo reportero preguntaba al joven si la tarea del periodismo es única y exclusivamente informar de los hechos con toda la verdad posible por delante, o si por el contrario, dar el paso siguiente, y por ejemplo, fundar como Ricardo Flores Magón un partido político, o volverse un activista social.
El joven respondía, por ejemplo, diciendo que hay muchos trabajadores de la información metidos en el activismo, por ejemplo, de los derechos humanos y en la búsqueda de desaparecidos y en la lucha contra los feminicidios y hasta abanderando causas sociales de uno que otro pueblo.
Por eso, el joven reportero reprochaba al viejo haberse reducido a buscar y escribir y publicar noticias soñando con un milagro social cuando la palabra impresa y televisa y radiofónica y digital resultan insuficientes para que las dinastías políticas asuman un apostolado en bien de todos.
A los políticos, se dijo una vez más, solo interesa coleccionar más y más poder político y que suele llevar al poder económico y al poder social.

VIERNES
Vivir sin trascender

Toda su vida ha sido reportero. Más de cincuenta años contando historias. Y el viejo escribidor sigue preguntándose si habría dado sentido social a su oficio.
Quizá, usufructuó una fuente de empleo más, digamos, como el molinero del pueblo o el dueño de la tortillería de la esquina. Un pago por un trabajo físico desempeñado (reportear y escribir) para hacer redituable el negocio de otros.
Pero sin soñar con un mundo mejor para todos en el pueblo chico, ni siquiera, vaya, para enaltecer la calidad de vida familiar.
La vida, sin embargo, es así. Se vive sin trascender. Y más, cuando hay muchas tantas personas dotadas de una estrella singular. Y si naciste con una inteligencia y un talento excepcional quizá en el camino lo derrochaste en cosas insulsas.
El viejo reportero quiso, entonces, con su experiencia y mirada de la vida tener la edad del reportero imberbe para comenzar de nuevo, pero se trata de una falacia. Imposible, si se considera que “se hace camino al andar”.
Era tarde en la banca del parque donde el viejo reportero dialogaba con su pasado. Y como la tibieza del chipi chipi amenazaba con lluvia, entonces, se fue al café para calentar los huesos con un lechero arropado en la nostalgia.


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