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Martes 23 julio, 2019

Su padre mató a su mamá; ahora la niña de 5 años de edad le quiere atravesar el corazón

La hija, una de las cuatro huérfanos de Hortencia Balcázar, asesinada en Minatitlán, crece odiando a su padre
•Se cumple un año del cruel caso: ni becas, ni despensa ni apoyo psicológico a las víctimas


Por IGNACIO CARVAJAL

"Cuando vea a mi papá le voy enterrar un cuchillo en el corazón" dice la pequeña Laura mientras juega con los otros huérfanos. A sus 5 años de edad recuerda nítidamente la forma en que su padre, Gabriel Hernández González, le disparó en el pecho a su mamá, Hortencia Balcázar Reyes.

  • Hortencia y sus nietos

  • Las hijas asesinadas de Hortencia

Ha transcurrido un año desde la tragedia que sacudió al poblado de El Valedor, en la zona rural de Minatitlán, y los cuatro huérfanos de Hortensia sufren a diario la ausencia de la progenitora y el abandono del Estado.
"En las noches me preguntan que por qué su mamá no está para darles de cenar y cambiarlos para dormir" cuenta Francisca Reyes, abuela de los menores que está criando con la ayuda de su familia y otras mujeres que son vecinas.
Cada uno de sus nietos -explican- ha asimilado el feminicidio de formas diversas y que reflejan en distintos episodios de sufrimiento.
Se suma el abandono de las autoridades locales encabezadas por el alcalde Nicolás Reyes Álvarez, y su hija, Elizabeth Reyes Toledo, presidenta del DIF.
La familia de la finada denuncia que el día del funeral, para la foto, llegaron docenas de personas y autoridades a ofrecer apoyo. El DIF incluso prometió despensas y becas, y se las dieron durante unos días.
Y del asesino tampoco se sabe nada. La Fiscalía General del Estado tiene pendiente la ejecución de la orden de aprehensión contra Gabriel Hernández González, de quien no se sabe nada desde hace 12 meses.
Desde que se dio a la fuga, no hay avances.
La tragedia inició a las 10 A.M. del 19 de julio de 2018.

CANSADA DE LAS GOLPIZAS Y HUMILLACIONES

Hortensia había dejado la casa en donde vivía con su marido, y se fue a vivir con sus papás, pero ahí llegaba constantemente la pareja para convencerla de regresar.
Esta vez fue distinto, llegó a matarla, y al paso de los días, nadie se explica por qué lo hizo, si incluso ya esperaba un hijo con otra mujer, y pensaba en matrimonio con una nueva pareja. Todos opinan que se trató de un arrebato de ira y machismo.
Tencha sólo quería criar a sus hijos en paz, lejos de su relación tóxica con Gabriel, quien era hijo de unos pequeños productores de ganado y ejidatarios, quien se dedicaba a la compra y venta de ganado, así como al cuidado de caballos.
Ese día Gabriel encontró a Hortensia haciendo el quehacer, llevaba en brazos al más chico de sus hijos, Alonso, de cuatro meses. Eso no frenó el ansia feminicida de Gabriel. La mujer se desplomó. Por fortuna, con su último instinto protector, protegió con sus extremidades a Alonso, y salió ileso.
El sujeto tomó su moto y se marchó a casa de sus padres, ahí recibió todo el apoyo para fugarse. En el pueblo incluso cuentan que vendieron parcelas y animales allegarse de recursos con los cuales allanaron su escape.
Por lo pronto Laura lo quiere matar. Durante un año se ha vuelto tímida. "A ella no le gusta llorar. No le gustan las lágrimas si ella ve que alguien llora se aparta. No quiere mostrar sentimientos aunque sabe que su mamá fue asesinada, dice Francisca Reyes, y sigue:
"El otro día un niño le preguntó qué haría si veía al Ventana -apodo de su papá- y dijo: “Cuando vea a mi papá, le voy enterrar un cuchillo en el corazón”.
A Francisca le preocupa que su nieta reprima sentimientos y se exprese con ira. "El otro día la inyectaron para ver si lloraba y no. No quiere llorar. Está muy enojada con su papá, ¿Pero qué les puedo decir, si ellos vieron todo… como mataron a su mamá, si no, uno les contara otra cosa?
En esta casa claman por un sicólogo, pero el DIF los ha abandonado por completo, ni la despensa que les daban antes, llegan: "nos dijeron que las cosas se complicaron con el cambio de gobierno", dijo María Inés Balcázar Reyes, hermana de la difunta, quien ha estado a las vueltas por el caso, y reprocha que tampoco han podido atrapar al agresor.
Durante este año lo más que ha hecho el DIF fue una serie de conciliaciones en donde los abuelos paternos acordaron pagar a Francisca Reyes una cantidad semanal por manutención de los nietos en desagravio del padre prófugo. Apenas y han cubierto unos pagos y la cifra no es ni la mitad de lo convenido, y el DIF no hace nada.
A Laura se le mira callada en un rincón viendo jugar a sus hermanos y primos.
Su hermana Edith monta en berrinche porque quiere dulces. Laura se aparta al escuchar el llanto. Pareciera que en el fondo trata de consolarla, pero ella también es muy pequeña para entender lo que ocurre, aquí nadie cree que algún día perdone a su papá, menos porque están seguros de que sigue lleno de ira, donde quiera que esté.
No pasaba ni un mes de los hechos, y Gabriel contactó con un familiar, y lo amenazó, le advirtió no buscar venganza, y si la quería, “ahí están mis hijos… también mi sangre”, sentenció.
En casa persiste la esperanza de que al entrar al jardín de niños, mejore el carácter de los niños, y puedan ir superando ese episodio.
El pasado ciclo escolar no hubo manera de meter a Laurita, pues el CONAFE cerró el grupo después de que la maestra encargada se fugó con un hombre del pueblo y abandonó la plaza.
La cabecera de Minatitlán está a unos 60 minutos de El Valedor. La señal de telefonía es mala y no hay transporte público. Las personas viven aisladas en el corazón de la zona productora de ganado y hule más importante del sur de Veracruz, pero ampliamente marginada, llena de injusticias y ausencias del Estado.
A la muerte de Hortensia se vino una decaída en la salud de Alonso, quien se volvió huérfano con unos cuantos meses de nacido, y tomaba pecho.
En esos días, sin teta de su mamá, su hambre era colmada por vecinas que se ofrecieron como nodrizas.
Varias fueron las mujeres que vinieron de otros poblados para nutrir al pequeño sin embargo su salud no mejoraba, la familia pensaban que moriría en cualquier momento, pero los cuidados de todos, y después de al menos tres internadas en hospitales, lo sacaron adelante.
Las hermanas de Hortensia explican que los doctores, y el amor de todos, ayudaron al pequeño, quien ya camina y viste unos pequeños pantalones y camisas vaqueras como los demás hombres del rancho. Se le mira gordito y estirado.
Está siendo criado por sus tías con la esperanza de que sea menos machista que lo común en la región, que saltó a la fama por la violencia contra las mujeres. No por algo, desde 2016 Minatitlán se incluyó en la lista de municipios para la alerta de género por violencia contra la mujer.
Especialistas del tema, cómo Araceli González Saavedra, directora de la A.C. Equifonía, opinan que a casi tres años de esa alerta, hoy hay más violencia contra la mujer.
Tan sólo de diciembre de 2018 a este mes, suman 134 las mujeres asesinadas en este nuevo gobierno, de las cuales la mayoría encuadran en feminicidio.
Esa ola feminicida se llevó hace cuatro meses a otra integrante de la familia Balcázar Reyes
Ana Patricia Balcázar fue asesinada en el mismo contexto que su hermana Hortensia, pero en el poblado vecino de San Cristóbal.
La familia teme que algún día se van enterar de la forma en que llegó la “justicia” por el caso de Ana, pues Benjamín Luis Gutiérrez, su esposo en ese entonces, fue cazado por los autodefensas del Valle del Uxpanapa, unos hombres torvos, quemados por el sol, que siempre van en caravanas de varios vehículos fuertemente armados, tapados del rostro, ellos se hicieron presentes y juzgaron el feminicidio de Ana Balcázar, poniendo a su agresor como un escarmiento, y abandonaron su cadáver cerca del pueblo donde vivía, para dejar correr la noticia de pueblo en pueblo.
En este mundo esos pequeños verán que la policía no los cuida, sino hombres armados que han tomado la ley en sus manos para castigar lo mismo a ladrones de ganado que a feminicidas.

DOS FEMINICIDIOS

En la pieza principal de la casa de Francisca Reyes se mira una gran imagen de la Virgen de Guadalupe, y a sus laterales, se alzan los retratos de Hortensia y Ana Patricia.
"A veces Alonso anda caminando por ahí y mira a su mamá Tencha en la foto y la carga y la besa al reconocerla", dice Evangelina Balcázar, otra hermana.
El llanto de Edith irrumpe en la cocina donde se desarrolla la charla con las víctimas, un pequeño espacio donde lo mismo hay pollos, juguetes de los pequeños, un molino para maíz, y que está cercada por tablitas de madera.
La nena se calma cuando recibe unos chocolates mentolados. Ella ya era berrinchuda con Hortensia. Pero pareciera que últimamente recurre al llanto y constantemente pregunta por la mamá.
“Cuando enterramos a su tía Ana, hace cuatro meses, Edith vio la tumba de su madre y preguntó: ¿Cuándo se va despertar mami para venir a darnos de comer?’”
Aunque vulnerable, para ella Tencha no está muerta. Solo duerme. Constantemente lo repite y así está creciendo, esperando que un día regrese.



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