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Expediente 2019
Jueves 27 junio, 2019

Tambores de guerra gay

Una vez más, la comunidad gay sonó los tambores de guerra. Al frente de la marcha en las calles de Veracruz iba una mujer fascinante, espectacularmente bella. Pero ella, igual que el resto de inconformes, luchando por el matrimonio igualitario, la adopción de niños por parte de parejas gays y el aborto.

Luis Velázquez

Enfrente, poderosas como siempre, las elites religiosas, católicas y evangélicas, los testigos de Jehová, la “Luz del mundo”, con todo y su depredador sexual, amiguito de Javier Duarte.
Insólito:
Aquí, donde Benito Juárez y Venustiano Carranza se refugiaran y levantaran su gobierno constitucional, con muchos años de atraso en el banquete de la civilización sexual.
Por ejemplo:
En 18 estados del país, el matrimonio homosexual ya fue aceptado, menos en Veracruz.
En Colima, los diputados locales acaban de aprobar el cambio de identidad sexual.
En Tamaulipas, Sinaloa y Oaxaca, la Suprema Corte de Justicia de la Nación intervino para favorecer el matrimonio igualitario.
En Tlaxcala sólo se permite la unión civil de la comunidad gay, pero sin la adopción de niños.
Desde el año 2009, la Ciudad de México y Coahuila aprobaron el matrimonio homosexual y se convirtieron en los primeros en América Latina.
En Veracruz, la iglesia mostrando el puño y el músculo.
Por más y más protestas, marchas, caminatas, resistencias pacíficas, cabildeos en el Congreso local, la férrea unión de la comunidad gay, los Poderes Ejecutivo y Legislativo de Veracruz, paralizados.
Igual, igualito que el ex gobernador priista de Guerrero, Ángel Aguirre Rivero, quien lanzara la iniciativa de ley para el matrimonio igualitario y se arrepintiera cuando la cúpula eclesiástica lo amenazara con la excomunión, en Veracruz, “dejando pasar” el grito social de la historia.
No al matrimonio gay. No a la adopción de niños. No a la seguridad social (IMSS, ISSSTE, INFONAVIT, FOVISSSTE) para las parejas gays. No al aborto.

QUE DIOS SE OPONE A LA COMUNIDAD GAY

Indicativo, por ejemplo, cuando en el año 2016, Enrique Peña Nieto presentó la iniciativa de ley para que el matrimonio sin discriminación fuera aceptado en el país.
Entonces, la iglesia exhibió el puño. Lanzó homilías en su contra. Lanzó caminatas en las diócesis de la nación. Lanzó advertencias de una ruptura entre el poder y los ministros de Dios. Amenazó, claro, con la excomunión.
Y Peña Nieto se desdijo.
Entonces, dejó que en cada entidad federativa, el gobernador en turno con su Poder Legislativo eligiera el camino a seguir.
Al momento, dieciocho estados han validado el matrimonio homosexual, el matrimonio igualitario.
Y todo indica, en el sexenio de AMLO nunca procederá.
Jamás, por ejemplo, procedió cuando Andrés Manuel López Obrador gobernaba la Ciudad de México y aun cuando convocó a una consulta popular fue una cabeceada pues incumplió la posibilidad.
Debió llegar Marcelo Ebrard Casaubón al Gobierno del Distrito Federal para legalizar el matrimonio igualitario.
Ahora, otra vez AMLO lanzando la posibilidad de una consulta popular para… con el mismo chorizo de entonces.
Podrá la comunidad gay desfilar en Veracruz y en cada capital del resto de los estados y en la ciudad de México y en ningún momento procederá.
La protesta de todos ellos será, digamos, el canto libertario de la democracia, pero sin aterrizar en hechos concretos y específicos.
Quizá sería necesario repetir la estrategia aquella cuando el panista José Ramón Gutiérrez de Velasco era presidente municipal de Veracruz y la comunidad gay le tomó el palacio y lo sitió y lo rodearon en manos encadenadas para exigir unos servicios, entre ellos, el alto a la policía con sus acosos, excesos y abusos del poder.
En el fondo, la lucha histórica de la iglesia para imponer su agenda pública. Dios, aseguran, se opone a la comunidad gay.
En el relato bíblico, sin embargo, hay prostitutas y eunucos y gays, y por eso mismo, el Papa Francisco, el primero de América Latina en el Vaticano, fue contundente:
“¿Quién soy yo para juzgarlos?” se preguntó.

MIEDO DE ACHICHARRARSE EN EL INFIERNO

En uno que otro municipio de Veracruz por ahí los alcaldes en turno han permitido la boda gay. Incluso, la adopción de niños. Falta, claro, que la justicia federal aplique y sean reconocidos en su legítima seguridad social.
En otros casos, hay parejas gay que marcharon a la Ciudad de México para casarse y regresar tan felices y campantes a sus tierras de origen para seguir llevando la vida feliz.
Pero falta que los cincuenta diputados de la LXV Legislatura se ocupen del asunto y legislen…por encima de las presiones eclesiásticas y evangélicas, anexas y conexas.
¡Basta ya que desde la Conquista, los señores ministros de Dios sigan imponiendo sus leyes!
Ellos, no son dueños de la vida social ni de la vida individual de cada habitante de Veracruz y del país.
Y más, con los escandalosos casos de sacerdotes pedófilos y homosexuales y que ha llevado al Vaticano a pagar millones de millones de dólares y euros en el mundo a las víctimas de la lujuria celestial.
El caso más atroz, sórdido y siniestro de Marcial Maciel, el legendario fundador de los “Legionarios de Cristo” que en nombre de Cristo sodomizó a los niños y jóvenes seminaristas y en el decibel más alto de la calentura sexual hasta a sus hijos ultrajó y luego fue condenado por Juan Pablo II y Benedicto XVI a un monasterio por el resto de sus días rezando y pidiendo perdón (aplausos, aplausos) por sus pecados carnales.
Por desgracia, en la agenda de la LXV Legislatura, ni el matrimonio igualitario ni la adopción de niños por las parejas gays ni el aborto están contemplados.
Tienen miedo de achicharrarse en el infierno inventado por la iglesia en la Edad Media para ganarse a las almas.


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