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Viernes 14 junio, 2019

Más fosas en Veracruz

•Más desaparecidos
•Más impunidad

ESCALERAS: En la era Cuitláhuac, Veracruz está regresando a su pasado.
Tiempo aquel, 1910, cuando Porfirio Díaz Mori ordenó a su gobernador, Luis Mier y Terán, “matar en caliente” a nueve disidentes opositores a su reelección.
Tiempo aquel de 1930 cuando el cacique de Almolonga, Alto Lucero, Manuel Parra, “La mano negra”, asesinó a 40 mil campesinos como parte de la enconada lucha agraria.

Luis Velázquez

Tiempo cuando Agustín Acosta Lagunes con su “Sonora Matancera” y cuyos asesinatos nunca fueron enlistados.
Claro, el tiempo de Cuitláhuac no es por ahora sórdido y siniestro, con todo y los casi mil muertos que pronto serán en el primer semestre de su sexenio.
El tiempo sombrío se deriva, entre otras cositas, por tantas fosas clandestinas, herencia, se afirma, de Javier Duarte y los suyos, quizá Arturo Bermúdez Zurita, acaso Luis Ángel Bravo Contreras, y que, bueno, también con Miguel Ángel Yunes Linares desaparecidos hubo.
El Solecito, integrado con más de ciento cincuenta padres de familia con hijos desaparecidos, ha dado una nueva voz de alerta.
Por ejemplo, anuncia que hay una nueva fosa clandestina en Veracruz. Está a un lado de “Colinas Santa Fe” que cementerio particular de los carteles y los duartistas siniestros fuera considerada la fosa más grande de América Latina en el siglo XXI, pues en el siglo XX, otros países del continente lograron el Récord Guinness.
Entre ellos, Argentina con el general Jorge Videla, Nicaragua con Anastasio Somoza (ahora el sandinista Daniel Ortega. Cuba, con Fulgencio Batista. Chile, con Augusto Pinochet. Etcétera.
Por lo pronto, el Solecito ha dicho que dejará en paz “Colinas de Santa Fe”, porque, parece, ya dio todo. En tres años, 156 fosas descubiertas con un total de 208 cuerpos, de los cuales, ni diez han sido identificados por la Fiscalía del señor oaxaqueño, Jorge Wínckler Ortiz, el cocinero de las paellas y las pizzas con mandil gigantesco por delante para treparse a las redes sociales.

PASAMANOS: Igual que en el caso de las fosas de “Colinas de Santa Fe”, la vocera del Solecito, maestra Lucy Díaz Genao, dice que un hombre detenido acusado de desaparición forzada le confío una revelación. Una fosa más en un terreno anexo a Colinas.
El terror, pues. La barbarie y la saña. El peor delito en la historia de la humanidad como es la desaparición forzada y que con todo, ningún tiempo y espacio y voluntad social han tenido los 50 diputados locales para reformar la ley pues según el Código Penal aquí, en Veracruz, ningún delito grave significa.
Insólito, sin embargo, la perversidad en el corazón de Duarte y los suyos. Insólito, porque desde Porfirio Díaz, “La mano negra” y “La Sonora Matancera”, nunca se había llegado a tales extremos. La alianza de políticos, policías y carteles, primero, para desaparecer personas hasta en los retenes en las carreteras. Y segundo, para abrirse su cementerio particular. Y tercero, para pozolear a las personas secuestradas. Y cuarto, la voluntad siniestra para declararse ángel de la pureza.
Y más, cuando con todo, aquellos duartistas presos, acusados de desaparición forzada, fueron liberados para seguir el proceso penal en arraigo domiciliario, en tanto Duarte nunca fue ni ha sido juzgado por desaparición forzada.
Solo en el tiempo de las dictaduras militares en América Latina fue posible tanta saña y barbarie.
Duarte y los suyos solo pensaron en ellos, digamos, el enriquecimiento ilícito, incluso, con la bendición, todo indica, de Enrique Peña Nieto para alcanzar la peor impunidad del mundo jamás imaginada.
Frívolos, gobernaron Veracruz. Y si la petulancia es hermana de la perversidad, abusaron y se excedieron.
Y lo peor, el 95 por ciento de duartistas siguieron en el viaje sexenal y nadie, parece, convocó a la reflexión, y si lo hizo, habría sido desdeñado y aguantó vara para seguir en el cargo público.
Una fosa más anuncia el Solecito y en un terreno anexo y conexo a Colinas de Santa Fe.
Ni la imaginación más truculenta pudo imaginar la tragicomedia jarocha.

CORREDORES: Sólo con el Estado, mejor dicho, con la elite política encumbrada en el poder, se concibe el poderío de los carteles.
Incluso, el reportero y escritor, Ricardo Ravelo Galo, diez libros publicados sobre los carteles, asegura que cada gobierno (cada presidente de la república, cada gobernador, quizá cada presidente municipal) tiene su cartel preferido.
Más fosas en Veracruz. Más desaparecidos. Más secuestros. Más crímenes. Más, mucho más, impunidad.
Los cerebros de Javier Duarte, Arturo Bermúdez y Bravo Contreras, más los cerebros de los jefes policiacos de entonces (y que se ignora si andarán por ahí reciclados en otras regiones) habrían de ser donados a las universidades de Estados Unidos, Harvard por ejemplo, incluso en el campus de Nopaltepec, para su estudio neurológico, sicológico, siquiátrico y social para rastrear pistas sobre las razones, motivos, pretextos, que los llevaran al mundo sórdido y siniestro donde la vida humana les valía.
El legado siniestramente histórico de Duarte y los suyos alcanza para varias novelas y cuentos de horror y terror y más películas de pánico, pues cada secuestrado, desaparecido, asesinado y sepultado en fosa clandestina es una vida humana y significa una historia.
Entre más fosas clandestinas, más se desmoronan Javier Duarte y los suyos como si fueran un volcán en erupción arrastrando lava y sembrando el caos en los pueblos.


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