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Expediente 2019
Sábado 08 junio, 2019

“Sólo queda rezar”

La iglesia ha puesto en la cancha pública la fuerza de la oración para frenar la orgía de la violencia en Veracruz. Cada primer domingo de mes una misa en la catedral jarocha para pedir por los desaparecidos y acompañar a las familias.
El Papa Juan Pablo Segundo solía rezar 8 horas diarias en el Vaticano para, digamos, enderezar el rumbo. Nunca pudo.
En Veracruz se han integrado cadenas de oración para pedir por el restablecimiento de la tranquilidad y la paz perdida y tampoco se ha logrado.

Luis Velázquez

En misa y en los rosarios de la tarde, los sacerdotes y presbíteros piden a los feligreses encerrarse en sus casas apenas pardea como medida de seguridad, de hecho y derecho, virtual Estado de Sitio, virtual Toque de Queda.
En algunas diócesis, los obispos han caminado al frente de los feligreses con el Altísimo por delante orando por la seguridad.
La gente, dice el vocero de la Diócesis de Veracruz, “viene a la iglesia buscando aliento, esperanza y consuelo”.
Pero en la calle y la avenida, en los pueblos y ciudades, en los ríos, lagunas y arroyos, en los pozos artesianos de agua dados de baja, en los cañaverales, y hasta en los moteles, los cadáveres siguen apareciendo y flotando en una violencia fuera de control, inusitada, insólita.
“No es tarea fácil” dijo el vocero (Diario de Xalapa, Danytza Flores), pero, bueno, la oración de poco ha servido y más si se considera que desde hace 4 años (es decir, medio año de Cuitláhuac, dos años de Miguel Ángel Yunes Linares, 40 días de Flavino Ríos Alvarado y casi un año y medio de Javier Duarte), entonces, significa que Dios anda ocupado en menesteres superiores para voltear a Veracruz, unas de las 32 entidades federativas del país donde existe una descarrilada fiesta de las balas, y en donde por ningún lado se mira y siente el amanecer.

ALIENTO, ESPERANZA Y CONSUELO

La iglesia reza y reza ocupándose de los asuntos terrenales escabrosos, pero, bueno, quizá con que los feligreses encuentren “aliento, esperanza y consuelo” sería, digamos, suficiente.
La fuerza de la oración con la Eucarística apapacha el corazón y el alma y quizá mantenga la creencia en Dios, y aun cuando el arzobispo de Xalapa dice que “solo queda rezar”, “bienaventurados los que creen” que dijera AMLO.
Pero cuando la oración y las misas por la paz y las marchas pacíficas de los ministros de Dios con los feligreses en las ciudades y avenidas han resultado infructíferos para pacificar Veracruz, entonces, quizá solo quede, como vislumbra el diputado Eric Iván Aguilar López, armarse en defensa propia, y como decidieron los ganaderos de Las Choapas, integrarse en una especie de guardias comunitarias, o como asumieran los vecinos de Soledad Atzompa detener, linchar y quemar vivos a los malandros, secuestradores de profesores.
Y más, cuando está manifiesta la incapacidad de la secretaría de Seguridad Pública para garantizar el Estado de Derecho y de la Fiscalía para procurar justicia.
Y más cuando la Fuerza Civil y la Guardia Nacional han sido rebasadas por la delincuencia organizada y común, pues, caray, insólito, hasta los pillos y ladrones se han adueñado de la vida robando a peatones, casas, comercios, bancos y automóviles, incluso, hasta la bolsa del mandado a las madres de familia cuando van al mercado.
Con todo, el arzobispo convoca a los feligreses “continúen con sus plegarias porque serán escuchadas” (Notiver, 3 de junio).
Y sin embargo, quizá habría de leerse el libro de Truman Capote intitulado “Plegarias no atendidas”.

Y JESÚS TOMÓ EL LÁTIGO…

Otro gallo cantaría a los 8 millones de habitantes de Veracruz si los ministros de Dios se quedan con el Jesús que tomó el látigo, fue al templo y a latigazo limpio, encendido y furioso, expulsó a los fariseos y comerciantes porque la casa de Dios es para rezar.
Cierto, pero la alegoría también enseña y documenta, guía y orienta, a que en un momento estelar, las elites eclesiásticas han de salir a las calles y avenidas de forma permanente, ininterrumpida, en cascada, todos al mismo tiempo como parte de una resistencia pacífica para exigir, demandar, clamar y reclamar al gobierno de Veracruz el restablecimiento de la paz perdida.
Y es que si Jesús agarró a los fariseos a latigazos está muy bien que “sólo queda rezar”, pero de igual forma, resulta insuficiente.
Unas marchas pacíficas cada domingo en todas y cada una de las diócesis de Veracruz por la seguridad y la paz y la justicia (Tuxpan, Papantla, Córdoba, Orizaba, Xalapa, San Andrés Tuxtla y Coatzacoalcos) serviría como inteligente recurso diplomático para estremecer a las elites políticas de MORENA y obtener lo que a Fernando Gutiérrez Barrios significó 40 días para recuperar la seguridad perdida.
Está bien rezar. Pero más, mucho más importante, es ponerse de lado de los feligreses con hechos y acciones, digamos, radicales, pero inevitables en un Veracruz que hacia el día número 185 significa el crimen de 892 personas, entre ellas, 107 feminicidios y 36 niños asesinados, más 170 secuestros.
En el otro lado del charco si charco existe habrá demasiado tiempo para rezar…


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