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Viernes 10 mayo, 2019

“El callejón de los milagros”

•Vivir de la esperanza
•Todos los días piden limosna

UNO. El callejón de los milagros

Hay una avenida en Boca del Río que es como la calle de los milagros para las personas que todos los días piden limosna en el crucero de la esquina.
Y si en cada nuevo amanecer llegan puntuales, puntualitos, digamos, a su fuente de empleo, significa que hay vientos favorables.

Luis Velázquez

Y/o en todo caso, y como dijera el viejito del pueblo, “peor es nada”.
Sin duda, todos ellos carecen de seguridad social. Nunca, acaso, habría tenido una fuente de empleo con las prestaciones establecidas en la Ley Federal del Trabajo.
Y ahora cuando están en el último tramo de la vida solo resta pedir limosna.
Además, y en muchos casos, incapacitados, la otra cara adversa de la realidad social.
Por ejemplo:
En una esquina hay un señor como de unos 75 años de edad, en silla de ruedas.
Le faltan las piernas. Sus días son en la silla de rueda. Y en las noches, ojalá, dormirá en su cama.
El hombre es moreno moreno. Pelo encrespado. Y a toda hora, durante las 8 horas diarias de su jornada laboral, sus ojos flamean resentimiento y odio.
En cada alto mueve la silla de ruedas con una mano, fornido que es, y extiende la otra mano pidiendo un donativo.
Pero sus ojos parecen, son quizá, unos puñales filosos atravesando la mirada del interlocutor.

DOS. Vivir de la esperanza

En el crucero siguiente hay un joven de unos 25 años. También con la esperanza de la limosna.
Camina apoyándose en un bastón. Una pierna nunca creció y quedó al garete, bamboleando. En la mano izquierda parece que hubiera sufrido un ataque fatídico de artritis recrudecida. Y el ojo izquierdo está fundido.
Es alto y delgado. Las nalgas sumidas en el pantalón. Y cada vez que se acerca a un conductor en un alto, paso a pasito, si alguien se compadece, primero, reclina el bastón en el coche, luego, extiende la mano buena para recibir unos centavitos, después, los guarda en la bolsa del pantalón, y de nuevo agarra el bastón para seguir con el coche siguiente, esperando ganar al semáforo en rojo.
Lo que llama la atención es que con el único ojo que le sirve expresa la mirada más cristiana de compasión y misericordia.

TRES. Todos los días piden limosna

En la esquina siguiente hay un anciano de unos 80 años. De bajita estatura, gordito, barbita de chivo como la usaba León Trotsky, camina apoyando las manos en un bastón para así, quizá, guardar el equilibrio.
Su radio de trabajo son unos 5 metros en el crucero sobre un camellón donde se mueve de norte a sur y de sur a norte acercándose a los conductores soñando con un donativo.
Siempre anda con una sonrisa en los ojos chiquitos que entre más conservan la risita más minúsculos se vuelven como un puntito perdido en la cara redonda.
La mañana fresca la empieza sin una gorrita. Pero hacia las 9 de la mañana ya se la puso y que trae colgada del cinturón. Después, se pone una camisa de manga larga para protegerse del sol.
En un morralito carga dos botellas con agua y de seguro estará bien de la próstata, con todo y que el urólogo asegura que de cada diez hombres mayores de 60 años, unos nueve tienen emergencias urinarias.
La avenida Adolfo Ruiz Cortines en Boca del Río es la calle de los milagros para un montón de personas que todos los días viven de la esperanza social…


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