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Viernes 03 mayo, 2019

Niños y mujeres de Playa Santa duermen en los cerros

Terror y horror en Las Choapas luego de la matanza de los tres linchados
•Se esconden en el monte cuando llega la noche para sobrevivir al día siguiente
•Sus cabañas en el pueblo son ocupados por efectivos de la Guardia Nacional
•En las canchas, en vez de niños, unidades de la Policía Militar... que entrenan en el sur de Veracruz


Por IGNACIO CARVAJAL

  • Miedo se respira en Las Choapas

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  • Miedo se respira en Las Choapas

Desde la tragedia de los tres linchados, los niños en Playa Santa llevan cuatro días sin clases; esos pequeños, acompañado de sus madres, deben subir a los cerros, entre el monte, para poder pasar la noche, los maestros huyeron y ahora sus cabañas son ocupadas por efectivos de la Guardia Nacional.
En la cancha donde debería haber chicos y chicas jugando a la hora del recreo, hay parqueadas 18 unidades de la nueva Policía Militar del presidente Andrés Manuel López Obrador, que se está estrenando en el sur de Veracruz. La GN llegó en auxilio de la población de origen indígena pues temen una represión del crimen organizado porque el día del linchamiento al parecer sí había un operador de la delincuencia organizada entre las víctimas.
"En Playa Santa nadie se manchó las manos de sangre, nadie mató a nadie, sólo queríamos justicia y nos dejaron un problema" dice Viviano Bautista, comisariado ejidal, al afirmar que los linchados fueron asesinados por supuestos policías comunitarios, no por los habitantes.
Han pasado cuatro días desde que el pueblo detuvo a un grupo de personas que habían llegado el domingo pasado a conocer las cascadas y que, presuntamente, habían privado de la libertad a un niño.
La sangre en la plaza donde fueron asesinados tres de ese grupo de siete ha sido lavada. Ahora se nota el bullicio de mujeres preparando comida para los militares.
"Fueron muchas, muchas personas las que llegaron de otros pueblos, eran como mil, se salió todo de control" dice otro de los testigos, Manuel Hernández Hernández, quien aparece en informes oficiales cómo supuesto líder de los autodefensas.
En entrevista con este reportero, Manuel Hernández lo niega rotundamente: "Yo no soy líder de nadie ni de nada, soy un campesino que quiso ayudar a su pueblo, yo no tengo armas".
Ese día -dice- organizó algunas tareas para el resguardo de los delincuentes y se ocupó de enlazar llamadas telefónicas pues en su casa opera la única caseta de teléfono. Cuando alguien es llamado a su aparato, desde una gran cocina en la plaza, son voceados. La gente en poblado le dice "palo que habla".
Nadie sabe cómo es que llegaron los encapuchados y tomaron el control del pueblo.
Eso sí, todas las personas coinciden que ese día, mientras los pobladores pedían que las autoridades se llevaran a los siete adultos detenidos, esos policías comunitarios, sin mediar palabra mataron a Renato Cruz Mil, Alberto Bocanegra de la Cruz y a Édgar Gabriel Ramos López, todo ante la presencia de autoridades de los tres niveles de gobierno.
Los pobladores de Playa Santa cuentan que ese día llegaron muchas personas de tantos lugares, y posiblemente, alguien ajeno dio el "pitazo" a los enmascarados, que se hicieron presentes en un convoy de más de 40 vehículos, y unos 100 pistoleros, según reportes del diario Presencia de Las Choapas, que dio toda la cobertura.
"Nosotros estamos tranquilos de nuestra conciencia, este pueblo quiere la paz, no buscamos problemas", dice Viviano Bautista Pérez, quien defiende la integridad de su vecino, Manuel Hernández:
"Es un hombre trabajador, lo conoce todo el pueblo, quiere lo mejor y él no es líder de nada de autodefensas", sentenció desde una tienda de abarrotes en la que se domina todo el panorama en el poblado de unas 900 personas.
La Guardia Nacional llegó durante la madrugada del jueves a Playa Santa, fueron enviados de Minatitlán y algunos otros desde Tabasco.
Las noches previas, sin embargo, mujeres y niños fueron enviados a dormir al monte, a los corrales y las parcelas, pues corría el rumor de que llegaría un grupo armado a cobrar venganza por el homicidio de Renato Cruz Mil, quien sí estaría ligado a un cártel.
Los mismos pobladores cuentan que antes de llegar los agresores del Uxpanapa, le fue revisado el teléfono celular a Renato Mil, "El Brujo", y encontraron mensajes que daban pie a su participación en actividades ilegales.
"Había un mensaje en donde él le decía a otro que no podía levantar a una persona porque traía un cuerno de chivo", dice uno de los pobladores en anonimato, los dichos son confirmados por más habitantes.
"Le pedimos copia de las conversaciones a la policía, pero no nos las dejaron", dicen.
El día de los hechos, el ambiente justiciero contagió a cada persona en Playa Santa. Ahora se les nota en una especie de resaca moral. No quieren saber más de visitantes. "Hemos decidido cerrar el paso a las cascadas, nadie puede venir de fuera, ni aunque paguen", dice Viviano Bautista.
Los hombres, ante la serie de rumores sobre el arribo del grupo criminal para vengar a Renato Mil, se organizaron en grupos para cuidar el pueblo por las noches, colocan barricadas y cuerdas para cortar el tránsito. A las mujeres y niños los mandaron a dormir al monte.
"Pues nosotros somos hombres, acá nacimos y acá nos vamos a morir, no vamos a escondernos, pero nuestros hijos, pues a esos sí los cuidamos y muchos se fueron, ahora que vino el Ejército, tal vez ya nadie se vaya, nos sentimos un poco más seguros, pero queremos que se queden un tiempo más grande". Aspiran a una base de manera permanente. Ellos no lo saben, pero ni si quiera en Minatitlán, donde el Presidente anunció el primer destacamento de la GN, cuentan con una base y deben pernoctar en hoteles.
Por lo menos acá en el poblado cuentan con cabañas, son de los maestros que se marcharon ante el temor, ahí duermen los militares, descansan mientras las mujeres del poblado preparan grandes cazuelas con guisado y café para alimentarlos.
Hoy, por ejemplo, los ganaderos donaron una vaca, y ahí, en la misma plaza donde corrió la sangre de los tres visitantes, se organizaron los carniceros, unos a jalar al bovino y otros con cazuelas y cuerdas para ir colocando la carne del animal y preparar la comida para los federales y voluntarios, así fueron preparando varios kilos de arroz, frijoles, tortillas y un gran recipiente de aluminio con caldo de res, de ese al que le avientan los huesos, la maciza y resulta un guisos sustancioso y que los soldados comieron tan caliente como los casi 40 grados en el termómetro; y en otro extremo, se cocinó una gran porción de chicharrones, más otros preparados para hacer rendir el vacuno.
"No piensen que esto es una fiesta, acá no estamos celebrando a nadie, sólo queremos corresponder a los militares que nos han venido a cuidar", dice una de las cocineras.
A distancia, bajo la sombra de un árbol, un grupo de adventistas lamenta que el día de los hechos iban a celebrar la Gran Campaña Oferta de Salvación" durante cuatro días de alabanzas y jaculatorias al Ser Supremo y se tuvo que suspender.
"Es el Diablo, tiene muchas formas de manifestarse", repone uno. En conclusiones con los pobladores, ellos mismos reconocen que Renato Mil, dedicado a la brujería, muy probablemente acudió a la cascada con esas personas a realizar un hechizo, y por eso se quedaron toda la noche a la espera del momento adecuado para invocar a las fuerzas oscuras que circundan estos cerros en los límites de Veracruz, Tabasco, Chiapas y Oaxaca.


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