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Lunes 22 abril, 2019

Veracruz, convulso

•El horror, lejos de terminar
•Desencanto social

ESCALERAS: El horror no ha terminado en Veracruz. El horror de los asesinatos. El horror de los secuestros. El horror de los desaparecidos. El horror de las fosas clandestinas. La penúltima, en Úrsulo Galván. Unos 200 cadáveres calculan los Colectivos. La última, la masacre de Minatitlán.
Nunca, jamás, jamás, jamás, quizá por ahora, podría calibrarse la dimensión del horror y el terror. Era Javier Duarte.

Luis Velázquez

Era Miguel Ángel Yunes Linares. Era Cuitláhuac García.
Inseguridad, incertidumbre y zozobra, de la mano.
Impunidad, su aliada.
Cientos, miles de hogares enlutados. Familias en el dolor y el sufrimiento. Hijos huérfanos. Madres y padres viudos. Padres sin hijos y familiares.

PASAMANOS: El peor mundo jamás imaginado. Nadie dudaría de que más fosas clandestinas seguirán apareciendo.
Muchos días y muchas noches hace cuando el sacerdote de la Teología de la Liberación, José Alejandro Solalinde, siempre en pie de guerra, honor a su apellido, lo dijo:
Veracruz es un fosario.
El periódico “El País”, lo reprodujo con el siguiente titular:
En Veracruz hay más fosas clandestinas que municipios.
Fosas en la zona conurbada Veracruz-Boca del Río. Fosas en el centro del estado. Fosas en la Cuenca del Papaloapan. Fosas en el sur.
Quizá, se estaría salvando el norte de Veracruz. Quizá. Quizá. Quizá.

CORREDORES: El escritor argentino, Julio Cortázar, decía que “pasado un ratito”, el ser humano se acostumbra a todo.
Cierto. Pero al mismo tiempo, resulta difícil habituarse, acostumbrarse, a mirar con desdén las fosas que siguen apareciendo, sin llenarse de pánico, conscientes y seguros todos de que en el Veracruz convulso, lleno de inseguridad y de impunidad, la muerte puede alcanzar a todos.
Nunca antes la población estatal había vivido en la incertidumbre como ahora.
Y más porque la mitad de los 8 millones de habitantes y la otra mitad creyeron en las grandes expectativas de MORENA en el palacio de gobierno de Xalapa para acabar “de un tajo” con la inseguridad.
¡Vaya desencanto social!

BALCONES: Las fosas continúan saliendo a flote. Veracruz, sembrado de fosas clandestinas.
“Hay compañeras (madres con hijos desaparecidos) que han muerto sin saber nada de sus familiares” dijo la vocera del Colectivo de Familiares de Desaparecidos Orizaba-Córdoba, Aracely Salcedo Jiménez.
Pudo así retratar, digamos, su caso, su hija secuestrada en un antro de Orizaba en el año 2013, el duartazgo “en la plenitud del pinche poder”, y al momento, ninguna pista, ninguna lucecita en el largo y extenso túnel de la angustia.

PASILLOS: Según la señora Aracely Salcedo, mucha gente (anónima) se ha acercado a ellos para darles información de más fosas.
“No podemos todavía entrar. Estamos trabajando. Aún no hemos rescatado a personas que fueron inhumadas clandestinamente en otros municipios”.
He ahí el infierno, lo más profundo del infierno, heredado por los ex gobernadores.
Ningún escritor con imaginación fértil, ningún chamán con su bolita de cristal, ningún anacoreta con sus profecías, ningún ciudadano común y sencillo dimensionaría la magnitud del infierno que desde hace 9 años la población ha conocido.
Insólito, cardiaco, que continúen apareciendo más fosas.

VENTANAS: Insólito, porque atrás de cada cadáver existe una historia de vida.
Además, atrás de cada persona hay razones suficientes para que la autoridad investigue las circunstancias por las cuales fue secuestrada, desaparecida, asesinada y sepultada en una fosa clandestina.
La saña y la barbarie, el rencor y el odio, para que tantas personas fueran secuestradas, asesinadas y sepultadas en fosas.
Y más, con la versión, cada vez multiplicada, de la sórdida y siniestra alianza de políticos, jefes policiacos, policías y carteles y cartelitos, sicarios y pistoleros.

PUERTAS: Cientos de padres buscando a sus hijos y parientes desaparecidos en una frenética desesperación que a nadie se desea.
Por aquí escuchan que hay una nueva fosa y todos de prisa y con prisa, urgidos de saber la verdad para checar si alguno de los cadáveres es de los suyos.
La última fosa, en Úrsulo Galván, tiene una longitud similar a la de diez canchas de fútbol (Notiver, 19 de abril, 2019).
Y cuando trascendió además de un montón de madres y padres a la expectativa, también las esposas de los ocho policías desaparecidos en el año 2013, detenidos, se afirma, por elementos policiacos de la secretaría de Seguridad Pública, Arturo Bermúdez Zurita, el jefe, y Javier Duarte, el jefe máximo.

CERRADURAS: Las esposas y los hijos de los 8 policías buscando desde entonces, hace seis años, una huella, un rastro, una pista, que los lleve a la verdad, pues en todo caso, solo quieren tener, digamos, y pensando en lo peor, los cadáveres de ellos para darles sepultura y tener un lugar en el panteón donde rezarles y llevarles veladoras y flores.
Cada fosa significa el renacer de la esperanza en los Colectivos.
Quizá se habrán resignado a la muerte de los suyos. Pero al mismo tiempo, el legítimo derecho humano a su búsqueda y ubicación.
Un infierno llamado Veracruz.

PATIO: El horror está lejos de terminar. Y sirve para guardar rencor y hasta odio a las elites gobernantes, los políticos encumbrados en el poder para en nombre del Estado hacer el mal.
Insólitos que los asesinatos sigan. Inverosímil que los feminicidios y secuestros estén disparados.
Inaceptable que los cadáveres sigan flotando en los ríos, lagunas y arroyos.
Y que en los pozos artesianos de agua dados de baja sigan tirando cadáveres.
Y que en las calles y avenidas de los pueblos y a orilla de carretera y entre los cañaverales sigan arrojando cuerpos sin vida.
Y que cada vez más y más fosas clandestinas aparezcan revelando la naturaleza humana de las generaciones políticas que pasaron por el palacio de gobierno de Xalapa ejerciendo el poder.


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